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Triple Restaurant

Triple Restaurant

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Plaça Sant Bartomeu, 4, 07640 Ses Salines, Illes Balears, España
Restaurante
9.4 (938 reseñas)

Ubicado en la Plaça Sant Bartomeu, Triple Restaurant fue durante su tiempo de actividad uno de los locales de referencia en Ses Salines, que consiguió generar un notable revuelo gracias a una propuesta que combinaba una presentación audaz con una base de cocina mediterránea. Sin embargo, es fundamental señalar desde el principio que este establecimiento se encuentra cerrado de forma permanente, por lo que este análisis sirve como un retrato de lo que fue y el legado que dejó en la escena gastronómica local.

Con una valoración media de 4.7 sobre 5 basada en casi 600 opiniones, es evidente que la mayoría de los comensales que pasaron por sus mesas se llevaron una impresión muy positiva. El local destacaba por una atmósfera que muchos describían como un "espectáculo". La decoración era uno de sus puntos fuertes: un espacio acogedor, elegante y con un estilo propio muy definido que lo convertía en un lugar idóneo para ocasiones especiales, como cenas de cumpleaños, o simplemente para disfrutar de una experiencia gastronómica cuidada.

La Propuesta Culinaria: Entre Aciertos Notables y Fallos Memorables

La carta de Triple Restaurant era amplia y ambiciosa, buscando sorprender tanto en sabor como en estética. En el apartado de entrantes, las croquetas solían recibir elogios, aunque con matices. Las de sobrasada eran un acierto seguro para muchos, mientras que las de chuletón generaban opiniones divididas: algunos las encontraban deliciosas y otros sentían que les faltaba contundencia en el sabor. El pan con alioli también era un clásico bien ejecutado que preparaba el paladar para los platos principales.

El plato estrella, o al menos el más fotografiado, era la "paella roja". Este arroz, teñido con remolacha, ofrecía una presentación impactante que lo convertía en un imán para las redes sociales. No obstante, aquí es donde la audacia del restaurante encontraba su límite. Varios clientes señalaron que, si bien el pulpo que la acompañaba estaba cocinado a la perfección, el sabor de la remolacha era tan predominante que llegaba a saturar, eclipsando el resto de los ingredientes. Era un plato de "postureo", como lo definió una comensal, que finalmente resultaba decepcionante en el paladar. La recomendación implícita de quienes lo probaron era optar por arroces más tradicionales, como la paella negra o la paella convencional, que probablemente habrían sido elecciones más satisfactorias.

Más allá de los arroces, otros platos principales sí lograban convencer. El gallo o la pasta en grano padano son ejemplos de elaboraciones que recibían críticas muy positivas, demostrando que la cocina del restaurante tenía una base sólida. Sin embargo, la irregularidad era un problema. Un cliente tuvo una experiencia nefasta con un risotto, describiéndolo como "incomible, pasado y sin sabor". Este tipo de fallos, aunque pudieran ser puntuales, contrastaban fuertemente con la alta calidad general que el restaurante pretendía ofrecer.

Los Postres y el Café: El Dulce Final con un Amargo Contrapunto

Donde Triple Restaurant parecía brillar sin fisuras era en los postres. El gofre casero y, especialmente, el "osito de tiramisú" eran consistentemente aclamados como increíbles y un acierto rotundo. Estos postres no solo estaban deliciosos, sino que seguían la línea estética del local, con presentaciones originales y divertidas que cerraban la comida con una nota alta. Incluso el café se servía en tazas con formas singulares, como un oso, un detalle que encantaba a los clientes.

A pesar de ello, el café en sí no estaba a la altura de su presentación. Una crítica recurrente apuntaba a que la leche se servía demasiado caliente, perdiendo su cremosidad y textura, un error básico que deslucía la bebida. Este pequeño detalle es un microcosmos de la experiencia en Triple: una gran atención a la forma que, en ocasiones, descuidaba el fondo.

Servicio y Atención al Cliente: Una de Cal y Otra de Arena

El trato del personal era, en general, uno de los puntos fuertes del establecimiento. Los comensales solían describir la atención como "maravillosa", "cálida", "amable" y "muy profesional". Se destacaba a menudo la simpatía de alguna de las camareras, que contribuía a crear una atmósfera agradable y cercana. Un buen servicio es clave para quienes buscan dónde comer en Ses Salines y, en este aspecto, Triple cumplía con creces la mayor parte del tiempo.

Sin embargo, la gestión de las quejas no siempre fue la adecuada. El cliente que recibió el risotto incomible lamentó que el restaurante no tuviera ningún detalle compensatorio, como invitar al café o al pan. Esta falta de respuesta ante un error grave en la cocina empañó por completo su experiencia y demuestra una falta de cintura en momentos críticos, un aspecto que puede ser tan decisivo como la calidad de la comida.

Un Legado de Ambición y Contraste

Triple Restaurant fue un actor importante en la oferta de restaurantes en Mallorca, específicamente en la zona de Ses Salines. Su propuesta se basaba en una fuerte identidad visual, tanto en el local como en los platos, y una cocina creativa que buscaba impresionar. Cuando sus elaboraciones funcionaban, la experiencia era de lujo, justificando su alta valoración.

No obstante, su ambición a veces le jugaba en contra, dando lugar a platos visualmente espectaculares pero con sabores desequilibrados, como la paella roja. La inconsistencia en la ejecución de ciertos platos, como el risotto o el tartar de ternera, que algunos encontraron falto de sabor, revela que no siempre alcanzaban el alto estándar que se habían propuesto. Su cierre permanente deja el recuerdo de un restaurante con encanto que ofrecía una comida española moderna y atrevida, pero cuya experiencia podía variar drásticamente dependiendo del plato elegido y del día.

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