Sidrería La Figar
AtrásUn Recuerdo de la Sidrería La Figar: El Sabor Casero que Marcó una Época en Nava
Ubicada en la Calle la Riega, la Sidrería La Figar fue durante más de tres décadas un punto de referencia para quienes buscaban restaurantes en Nava con sabor a tradición. Hoy, sus puertas están permanentemente cerradas, pero el recuerdo de su propuesta gastronómica perdura en la memoria de sus visitantes. Este establecimiento no era simplemente un lugar para comer, sino una auténtica sidrería en Asturias que defendía la cocina de siempre, con platos abundantes y un ambiente familiar que invitaba a quedarse. A través de las experiencias de sus clientes, podemos reconstruir el legado de un negocio que, como muchos, tuvo sus luces y sus sombras.
Los Pilares de su Éxito: Comida Casera y Tradición Asturiana
El principal atractivo de La Figar era, sin duda, su apuesta por la comida casera. Los comensales que salían satisfechos destacaban una y otra vez la autenticidad de sus platos, elaborados con productos frescos y recetas tradicionales. En un mercado a menudo saturado de propuestas genéricas, este restaurante se distinguía por ofrecer un menú del día que incluía joyas de la gastronomía local como el pastel de cabracho, las fabes o los escalopines al cabrales, platos que otros locales reservan para la carta. Esta dedicación a la cocina regional era uno de sus grandes valores añadidos.
Entre los platos más elogiados se encontraban las cebollas rellenas de bonito y la sopa de cocido, recetas que evocaban el calor del hogar. La parrilla también jugaba un papel protagonista, siendo uno de sus reclamos. Además, ofrecían una variedad de raciones y tapas que recibían muy buenas críticas. Platos como los chipirones crujientes, los fritos de bacalao o las croquetas de pulpo eran mencionados frecuentemente como deliciosos y bien preparados. La atención al detalle se notaba incluso en las guarniciones; las patatas fritas, por ejemplo, eran caseras y de gran calidad, un pequeño gesto que muchos clientes apreciaban.
Una mención especial merece su versión del cachopo. Ofrecían no solo la versión clásica, sino también alternativas originales como un cachopo de pollo y otro de calabacín con jamón y queso, demostrando una capacidad para innovar dentro de la tradición. Para finalizar la experiencia, los postres caseros eran el broche de oro. El mousse de limón y el brownie de chocolate se contaban entre los favoritos, consolidando la imagen de una cocina honesta y hecha con esmero de principio a fin.
- Comida casera: Platos tradicionales como cebollas rellenas y sopa de cocido.
- Menú del día: Incluía especialidades asturianas a un precio asequible (12,50 € el fin de semana).
- Variedad en la carta: Desde una potente parrilla hasta raciones como fritos de bacalao y croquetas de pulpo.
- Postres caseros: Considerados espectaculares por muchos comensales.
Las Sombras de La Figar: Inconsistencia y Fallos en el Servicio
A pesar de su sólida reputación, la experiencia en Sidrería La Figar no fue uniformemente positiva para todos sus clientes. La crítica más recurrente y severa apuntaba a un problema fundamental en cualquier cocina: el exceso de sal. Algunos comensales relataron episodios en los que múltiples platos, desde los chipirones a la plancha hasta las cebollas rellenas, resultaban extremadamente salados, hasta el punto de enmascarar el sabor original de los ingredientes. Una ensalada que llegó a la mesa ya aliñada y con un exceso de sal fue motivo de queja, ya que impedía al cliente sazonarla a su gusto.
Esta inconsistencia en la sazón sugiere posibles fallos en el control de calidad de la cocina, algo que puede arruinar por completo la experiencia en un restaurante. Además de los problemas en la comida, también se reportaron deficiencias puntuales en el servicio. Un cliente mencionó haber recibido una botella de agua sucia, y que el camarero, a pesar de notarlo, no hizo ademán de cambiarla o limpiarla. Estos detalles, aunque puedan parecer menores, impactan negativamente en la percepción general del establecimiento y demuestran una falta de atención que contrasta fuertemente con las opiniones que alababan la amabilidad y rapidez del personal.
Un Balance Final
El legado de Sidrería La Figar es el de un negocio con una identidad muy definida. Fue un bastión de la comida casera en Asturias, un lugar donde se podía disfrutar de la buena sidra y de platos contundentes a un precio económico. Su valoración general de 3.9 estrellas sobre 5 refleja esta dualidad: una gran mayoría de clientes guardan un excelente recuerdo de sus generosas raciones y su ambiente tradicional, mientras que una minoría se llevó una impresión negativa debido a fallos significativos. Su cierre definitivo deja un hueco en la oferta de restaurantes en Nava, recordando a los comensales y hosteleros la importancia de mantener la consistencia para construir una reputación impecable.