Restaurante Latitude 37
AtrásEl Restaurante Latitude 37 en Dos Hermanas fue, durante su tiempo de actividad, una propuesta sumamente interesante que intentó resolver una de las grandes encrucijadas de los padres: disfrutar de una gastronomía de calidad mientras los niños se divierten en un entorno seguro. Aunque actualmente se encuentra cerrado de forma permanente, su concepto dejó una huella notable. Este restaurante apostó por un modelo de negocio que combinaba un comedor con aspiraciones culinarias y un impresionante parque de ocio infantil, una dualidad que fue tanto su mayor fortaleza como, en ciertos aspectos, su punto débil.
Una Solución para las Comidas Familiares
El principal atractivo de Latitude 37 era, sin duda, su colosal zona de juegos. No se trataba de un pequeño rincón con un par de juguetes, sino de un completo centro de entretenimiento anexo al restaurante. Las reseñas de quienes lo visitaron describen un espacio magnífico con camas elásticas, recorridos de estilo "ninja warrior", castillos de actividades, un rocódromo y un parque de bolas. Esta infraestructura lo convertía en uno de los restaurantes para ir con niños más completos de la zona. La presencia de monitores garantizaba la seguridad, permitiendo que los adultos pudieran disfrutar de su almuerzo o cena con una tranquilidad difícil de encontrar en otros establecimientos.
Esta característica era constantemente elogiada, ya que familias enteras podían comer sabiendo que sus hijos estaban entretenidos y supervisados. El local, además, era valorado por su estética, con un interior bonito y una terraza con vistas agradables que permitía disfrutar de cafés y copas después de las comidas, alargando la sobremesa.
La Experiencia Culinaria: Un Menú de Contrastes
En el apartado gastronómico, Restaurante Latitude 37 presentaba una notable irregularidad. Por un lado, ofrecía platos que recibían alabanzas por su calidad, sabor y originalidad. Se posicionó como un lugar especialista en arroces, y tanto la paella como la fideuá eran consistentemente destacadas por los comensales, que felicitaban a la cocina por su punto de cocción y su sabroso sofrito.
Más allá de los arroces, la carta incluía otras propuestas de cocina mediterránea que demostraban ambición. Un ejemplo era el plato de huevos rotos con jamón y una atrevida salsa de foie y boletus, servido sobre patatas fritas cortadas a mandolina tipo snack, una combinación que creaba un contraste de texturas muy aplaudido. Otros aciertos mencionados fueron el revuelto con chorizo, la lubina bien preparada y postres como la tarta tatin o una torrija memorable.
Las Sombras en la Carta
Sin embargo, no toda la oferta culinaria mantenía este nivel. El punto más criticado era, paradójicamente, el menú infantil. Platos como la pizza o los nuggets fueron descritos como productos pre-congelados de baja calidad, algo que desentonaba con el precio medio-alto del establecimiento y con su enfoque familiar. Un comensal señaló que, si bien el restaurante ofrecía platos de mucho nivel, otros eran "más de andar por casa". La hamburguesa fue otro de los platos que recibió críticas por encontrarse seca y servida en un pan poco acertado. Esta inconsistencia obligaba a los clientes a saber elegir bien en la carta para garantizar una experiencia culinaria satisfactoria, lo que representaba un riesgo.
Servicio y Ambiente
Un aspecto que recibía un reconocimiento casi unánime era la calidad del servicio. El personal era descrito como amable, atento y rápido, contribuyendo a una atmósfera general muy positiva. La organización del espacio, con diferentes zonas interiores y exteriores, también sumaba puntos a la experiencia. Pese a algunos fallos en la cocina, el trato profesional del equipo lograba que muchos clientes quisieran repetir.
Un Legado Cerrado
En definitiva, Restaurante Latitude 37 fue un proyecto ambicioso que supo identificar una necesidad clara en el mercado de la restauración: ofrecer un espacio donde adultos y niños pudieran disfrutar por igual. Su magnífica zona de juegos lo convirtió en un destino predilecto para familias. No obstante, su propuesta gastronómica, aunque con destellos de brillantez en sus arroces y platos más elaborados, no logró mantener una calidad homogénea en toda su carta, especialmente en las opciones dirigidas a los más pequeños. Su cierre permanente deja un vacío para aquellos que buscaban un lugar donde la buena mesa y la diversión infantil pudieran coexistir.