Restaurante La Casona
AtrásSituado en la emblemática Plaza Marqués de Muros, el Restaurante La Casona se presenta como una parada gastronómica casi obligada para quienes visitan Muros de Nalón. Su ubicación es, sin duda, uno de sus grandes atractivos, ofreciendo una amplia terraza exterior perfecta para disfrutar del ambiente del pueblo. Este establecimiento ha logrado consolidarse como un referente de la cocina asturiana a precios asequibles, aunque la experiencia de cada comensal puede variar notablemente, sobre todo en lo que respecta al servicio.
La Propuesta Gastronómica: Sabor Asturiano Auténtico
La carta de La Casona es una declaración de intenciones: aquí se viene a disfrutar de la comida casera y tradicional de Asturias. El plato estrella, y motivo de visita para muchos, es el cachopo. Las reseñas de los clientes coinciden mayoritariamente en su calidad: de gran tamaño, sabroso, con un rebozado que no resulta aceitoso y rellenos que van desde el clásico hasta combinaciones más intensas como la de cecina y queso de cabra. Es, sin duda, una de las elaboraciones más recomendadas y un acierto seguro para los amantes de este contundente plato.
Más allá del cachopo, La Casona ofrece otras joyas de la gastronomía local. La tabla de quesos asturianos es muy elogiada por su variedad y calidad, siendo una excelente opción para compartir. También se mencionan positivamente platos como los callos asturianos o el pastel de cabracho, aunque algunas opiniones señalan que la presentación de este último podría mejorarse. En cuanto a los postres, la tarta de queso elaborada con quesos de la región recibe aplausos, destacando por su sabor auténtico, si bien otras tartas del menú han sido calificadas como menos memorables.
El Menú del Día: Una Opción con Matices
De lunes a viernes, el restaurante ofrece un menú del día que representa una excelente relación calidad-precio. Incluye primero, segundo, postre, bebida y café, convirtiéndose en una opción muy popular. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, debido a su demanda, algunos de los platos más icónicos como la fabada pueden agotarse, lo que podría limitar las opciones disponibles y llevar a los comensales a pedir de la carta, con el consiguiente aumento en el coste.
El Servicio: Entre la Calidez y el Caos
El punto más controvertido de La Casona es, sin duda, el servicio. Las experiencias de los clientes son diametralmente opuestas. Por un lado, numerosos visitantes, incluyendo peregrinos del Camino de Santiago, destacan un trato excepcionalmente amable, cercano y profesional. Mencionan a personal atento que hace sentir a los comensales como en casa, con una hospitalidad que refleja el carácter asturiano.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es un servicio que puede llegar a ser extremadamente lento, especialmente en días de alta afluencia. Varios clientes han reportado esperas de más de dos horas para comer, desorganización en la entrega de los platos y una sensación general de que el personal está desbordado. Estas críticas sugieren que, si bien la comida es un punto fuerte, la gestión en momentos de máxima ocupación es una asignatura pendiente. Por tanto, si se visita con prisa, este podría no ser el lugar más adecuado. La paciencia puede ser un requisito indispensable para disfrutar de su cocina en un día concurrido.
Ambiente y Conclusiones
El interior del local es descrito como acogedor y sencillo, con una limpieza y orden que se agradecen. Combina a la perfección con la propuesta de comida tradicional. No obstante, es la terraza en la plaza la que se lleva gran parte del protagonismo, ofreciendo un lugar ideal para disfrutar de unas raciones o una comida completa al aire libre.
el Restaurante La Casona es un establecimiento con dos caras. Ofrece una excelente y auténtica cocina asturiana a precios muy competitivos, con un cachopo que se erige como su principal baluarte. Su ubicación es inmejorable. El gran "pero" reside en la inconsistencia de su servicio: puede ser maravilloso o desesperadamente lento. Es un lugar muy recomendable por su comida, pero es aconsejable ir sin prisas y con la mente abierta, preparado para una posible espera que, para muchos, se ve recompensada por la calidad del plato final.