Restaurante Desierto Benicasim
AtrásEl Restaurante Desierto Benicasim se erigió durante años como un punto de referencia para quienes buscaban combinar la gastronomía local con un entorno natural privilegiado. Aunque la información más reciente indica que el establecimiento se encuentra cerrado de forma permanente, su trayectoria y las opiniones de cientos de comensales dibujan un retrato claro de lo que ofrecía este lugar: una experiencia con luces y sombras, marcada por una ubicación espectacular y una propuesta culinaria que generaba tanto elogios fervientes como críticas puntuales.
La Experiencia Culinaria: Un Viaje de Sabores Irregulares
La carta del restaurante era un claro homenaje a la cocina mediterránea y a los platos tradicionales de la región. El principal atractivo y motivo de visita para muchos eran, sin duda, sus arroces. Los clientes destacaban el arroz del senyoret en su versión melosa, alabado por su sabor intenso y la generosa cantidad de marisco. La clásica paella valenciana también era una opción recurrente que, por su apariencia y demanda, dejaba a muchos con ganas de probarla en futuras visitas. Estos platos consolidaron su reputación como un restaurante para comer arroz en la zona.
Más allá de los arroces, algunos entrantes alcanzaron un estatus casi legendario. Las croquetas, especialmente las de carrillada y trufa, son descritas por algunos comensales como una auténtica revelación, una delicia inigualable tanto por su sabor profundo como por su considerable tamaño. Otro plato principal que recibía elogios era la caldereta de mar y montaña, una potente combinación donde la ternura del conejo y el sabor de la langosta se fusionaban en una salsa memorable que invitaba a no dejar nada en el plato.
Sin embargo, no toda la oferta culinaria alcanzaba el mismo nivel de excelencia. Mientras algunos platos brillaban, otros se quedaban en un terreno más discreto. Los mejillones a la marinera, por ejemplo, eran calificados como correctos pero no memorables. Un punto más crítico eran los calamares a la romana, que en ocasiones pecaban de un exceso de sal, desluciendo el resultado final. Esta irregularidad sugiere que la experiencia podía variar significativamente dependiendo de la elección de los platos.
Los Postres: Un Final Dulce y Abundante
Si había un consenso casi unánime era en la calidad y cantidad de los postres. La tarta de queso era descrita como espectacular, capaz de conquistar a los paladares más exigentes. Por su parte, la tarta de manzana caliente, acompañada de helado de vainilla, era considerada por muchos como el broche de oro perfecto para la comida. Un detalle importante era el tamaño de las raciones de los postres, consideradas muy generosas para su precio, hasta el punto de que un solo postre podía ser ideal para compartir entre dos personas, contrastando con la percepción de algunos comensales que veían las raciones de los platos principales algo justas en relación con su coste.
El Entorno: Un Balcón al Mediterráneo con Inconvenientes
El mayor activo del Restaurante Desierto Benicasim era, sin lugar a dudas, su ubicación. Situado en un mirador dentro del Desierto de las Palmas, ofrecía unas vistas panorámicas impresionantes que abarcaban el mar y las montañas circundantes. Comer en su terraza era un espectáculo en sí mismo, convirtiéndolo en una opción ideal para una comida familiar de fin de semana o una velada especial. El restaurante contaba con una zona interior, una terraza cubierta y una terraza al aire libre, siendo esta última la más demandada para disfrutar plenamente del paisaje.
La accesibilidad era otro punto a favor. A pesar de encontrarse en una carretera de montaña, disponía de una amplia zona de aparcamiento justo en la puerta, eliminando cualquier complicación para llegar. El servicio, en general, era bien valorado, con un personal amable y atento que contribuía a una atmósfera cómoda y acogedora.
No obstante, este idílico entorno natural traía consigo un problema persistente y muy comentado: la presencia masiva de avispas. Especialmente en la terraza exterior, estos insectos se convertían en una molestia constante para los comensales, llegando a hacer incómoda la experiencia de comer al aire libre. Este factor era un peaje casi inevitable para disfrutar de las mejores vistas y representaba el principal punto negativo del establecimiento en cuanto a confort.
Balance Final de un Restaurante para el Recuerdo
A pesar de su cierre definitivo, el Restaurante Desierto Benicasim deja un legado claro. Fue un negocio que supo capitalizar una ubicación excepcional, convirtiéndose en uno de los restaurantes con vistas más conocidos de Castellón. Su cocina, aunque irregular, contaba con platos estrella que justificaban por sí solos la visita, como sus arroces y, sobre todo, sus postres. La amabilidad del servicio y las facilidades como el parking sumaban puntos a su favor.
En el lado negativo, la inconsistencia en algunos platos y, de manera muy destacada, el problema con las avispas en la terraza, eran aspectos que empañaban una experiencia que podría haber sido redonda. Para los potenciales clientes, la recomendación habría sido clara: reservar en la terraza para gozar del paisaje, pero siendo conscientes del posible inconveniente de los insectos, y apostar por los platos fuertes de la casa, como los arroces y las croquetas. Con su cierre, la oferta gastronómica de la zona pierde un establecimiento con una personalidad muy definida y un atractivo visual difícil de igualar.