Restaurante Casa Platas
AtrásEl Restaurante Casa Platas, ubicado en la Rúa Ponte de Aranga, A Coruña, es un nombre que resuena con nostalgia entre los aficionados a la cocina tradicional gallega. Aunque hoy sus puertas se encuentran permanentemente cerradas, su historia y su legado gastronómico merecen ser recordados. Este establecimiento no era simplemente un lugar para comer, sino una institución familiar que durante más de tres décadas se convirtió en un referente de la comida casera en la comarca. Su cierre definitivo, ocurrido el 4 de mayo de 2014, no fue producto de un fracaso, sino de la merecida jubilación de su alma en la cocina, Estrella Álvarez, quien junto a su marido Edelmiro Platas, fundó el local a finales de 1982.
Un Templo de la Gastronomía Gallega
Desde su inauguración, Casa Platas se definió como una "modesta casa de comidas familiar de las de toda la vida". Su filosofía era clara y efectiva: ofrecer platos abundantes, elaborados con productos de primera calidad, a un precio económico y con un servicio cercano. No buscaba estrellas Michelin ni decoraciones ostentosas; su fama se cimentó en la honestidad y el sabor de su menú. La carta era intencionadamente corta, a menudo con solo tres primeros y tres segundos, una señal inequívoca de que todo lo que salía de sus fogones era fresco y dominado a la perfección.
El restaurante gozaba de una ubicación privilegiada al borde del río Mandeo, ofreciendo a sus comensales unas vistas excelentes que complementaban la experiencia. Sin embargo, el espacio físico reflejaba su enfoque sin pretensiones. Contaba con un comedor tradicional y un anexo descrito como "tipo garaje" que, aunque funcional, era menos recomendable, un detalle que subraya que el verdadero protagonista en Casa Platas siempre fue el plato.
Los Platos Estrella que Forjaron una Leyenda
Hablar de Casa Platas es hablar de su cocido. Durante la temporada de invierno y Antroido (Carnaval), el restaurante se transformaba en un punto de peregrinación. La fama de su cocido gallego era tal que conseguir una mesa sin reserva previa era prácticamente imposible. Las crónicas de quienes lo probaron describen un festín memorable: una sopa espesa y contundente para empezar, seguida de fuentes repletas de morro, oreja, un lacón tiernísimo, patatas de calidad superior y unos grelos calificados como "indescriptibles". Era una celebración de la gastronomía más auténtica de Galicia.
Pero el repertorio de Estrella Álvarez iba mucho más allá. Entre sus especialidades destacaban otros platos que atraían a una clientela fiel de toda la región:
- Cordero lechal: Un artículo del año 2000 ya lo señalaba como la gran especialidad de la casa, utilizando producto procedente de los montes de la zona.
- Callos a la gallega: Mencionados repetidamente como uno de sus platos más famosos, un clásico de la cocina tradicional.
- Carne asada y Rape en salsa: Dos ejemplos más de la maestría de la cocinera con recetas clásicas y sabrosas.
- Postres caseros: El broche de oro a un buen almuerzo o cena lo ponían las filloas servidas con miel de la zona y las orejas de carnaval, que se deshacían en la boca.
Opiniones Encontradas: Entre la Devoción y la Indiferencia
El legado de un restaurante se mide a través de las experiencias de sus clientes, y en el caso de Casa Platas, encontramos un espectro de opiniones que pintan un cuadro completo y realista. Por un lado, contaba con una clientela devota que incluía personalidades de alto perfil como el entonces consejero delegado de Inditex, Pablo Isla, el presentador Jesús Vázquez o el futbolista Fran. La propia cocinera afirmaba con orgullo que por allí había pasado "más de media Coruña". Las reseñas más positivas, como la de Jose A. Illanes que la calificaba de "buena comida casera", o la de Pablo Martínez Gómez, que destacaba la "tranquilidad y buena comida", reflejan la percepción mayoritaria: un lugar al que se iba a disfrutar de una comida auténtica y sin artificios.
Sin embargo, es importante señalar que esta propuesta no era del agrado de todos. Una reseña de hace más de una década de Rubén Cordero Rodriguez, con una puntuación de 3 sobre 5, sentenciaba: "Ni fu ni fa. No merece la pena desplazarse para comer aqui". Esta opinión, aunque minoritaria, es comprensible dentro del contexto del restaurante. Para un comensal que buscara innovación, un ambiente más refinado o una carta extensa, la sencillez de Casa Platas podía resultar poco estimulante. La experiencia podía variar dependiendo de si te sentabas en el comedor principal o en el anexo menos acogedor, y la corta selección del menú, aunque garantía de frescura, podía no satisfacer a todos los paladares.
El Final de una Era Gastronómica
Tras 32 años al frente de los fogones, Estrella Álvarez colgó el delantal. El cierre de Casa Platas fue lamentado por muchos como una "gran tragedia gastronómica". No solo desaparecía un restaurante, sino un pedazo de la cultura culinaria de la zona. Representaba un modelo de negocio familiar, basado en el trabajo duro y el respeto por el producto, que cada vez es más difícil de encontrar. Su historia es un recordatorio del valor de la cocina tradicional bien ejecutada, esa que apela directamente a la memoria y al corazón. Aunque ya no es posible reservar una mesa para su famoso cocido, el recuerdo de Restaurante Casa Platas perdura como un símbolo de la mejor comida casera gallega.