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Restaurant Sol Post

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Carretera a Cala Saona, 6, 07860, Illes Balears, España
Restaurante
9.6 (116 reseñas)

Emplazado en un lugar privilegiado, en la carretera hacia Cala Saona, el Restaurant Sol Post se erigió como una de las propuestas de alta cocina más audaces y comentadas de Formentera. Sin embargo, para decepción de gastrónomos y futuros visitantes, la información más relevante a día de hoy es su estado de cierre permanente. Este hecho marca el fin de un proyecto que, en su corta pero intensa trayectoria, cosechó una valoración casi perfecta de 4.8 estrellas sobre 5, y dejó una huella imborrable en quienes tuvieron la oportunidad de vivir su experiencia gastronómica.

El concepto de Sol Post era arriesgado y singular, especialmente para un destino como Formentera. Liderado por Joan Costa, cuarta generación de la familia propietaria del Hotel Cala Saona, el restaurante apostó por un equipo insultantemente joven y talentoso, con los chefs Mauro Rivas (de El Salvador) y Armand Vidal (de Cataluña) al frente de la cocina, y Clara Campoamor como jefa de pastelería. Este trío, con experiencia en cocinas de prestigio como el dos estrellas Michelin Cinc Sentits en Barcelona, fue el artífice de una cocina mestiza que tendía puentes entre Centroamérica y el Mediterráneo, utilizando como base el producto local.

Una Propuesta Culinaria Memorable

La oferta de Sol Post se centraba exclusivamente en un menú degustación llamado "Arrels" (Raíces), compuesto por unos 18 pases que buscaban contar una historia de orígenes y territorio. La experiencia comenzaba en la terraza, convirtiéndose en uno de los restaurantes románticos por excelencia de la isla, donde los comensales disfrutaban de los primeros aperitivos mientras contemplaban lo que muchos describen como la mejor puesta de sol de Formentera. Estos primeros bocados ya marcaban el tono del menú, con elaboraciones que representaban tanto a El Salvador como a Cataluña.

Entre los platos que quedaron en la memoria de los clientes se encuentran creaciones como las pupusas salvadoreñas rellenas de rabo de toro, un guiño directo a las raíces del chef Mauro Rivas, o la impactante teja de atún marinado, presentada sobre la propia espina del pescado. Otros platos destacados incluían el pastelito salvadoreño relleno de 'cap i pota', la sirvia (pez limón) o el tratamiento del 'porc negre'. Se trataba de una cocina técnica, bien ejecutada y llena de sabor, que llevaba a muchos a compararla con la de restaurantes condecorados por la Guía Michelin y a augurarle un futuro galardón que, lamentablemente, ya no llegará.

Más Allá de la Comida: Ambiente y Servicio

El entorno era una parte fundamental del atractivo. Las vistas a Cala Saona proporcionaban un escenario idílico. Tras los aperitivos en el exterior, la cena continuaba en el comedor interior, un espacio íntimo con apenas cinco mesas y una cocina abierta que permitía a los comensales observar el meticuloso trabajo de los chefs. El servicio era descrito de forma unánime como impecable, con un equipo profesional, atento y amable, incluyendo las figuras de metre y sommelier, que cuidaban cada detalle para hacer sentir a los clientes en un verdadero restaurante de lujo. La bodega, con más de 200 referencias, complementaba la oferta, ofreciendo maridajes estudiados para cada pase del menú.

Los Postres: Un Final Inolvidable

Un capítulo aparte merecen las creaciones de Clara Campoamor. Los comensales describen sus postres como espectaculares y emocionantes, capaces de evocar recuerdos de la infancia mediterránea. Eran ligeros, agradables y técnicamente brillantes, como una panna cotta de hinojo salvaje o un postre inspirado en las salinas de Formentera, demostrando un profundo entendimiento del paisaje y los sabores de la isla. Su trabajo era considerado por muchos como uno de los puntos más altos de la experiencia.

El Precio y el Veredicto Final

El menú degustación tenía un coste que rondaba los 140€, un precio que, según las opiniones, era más que justo y una excelente inversión por la calidad, la creatividad y el nivel de la experiencia ofrecida. No era un sitio para buscar un menú del día económico, sino un destino para una celebración especial, una de esas cenas que se recuerdan durante mucho tiempo.

El gran punto negativo, y el único realmente destacable, es su cierre definitivo. Restaurant Sol Post representó una apuesta valiente por la alta cocina en un entorno dominado por una oferta más tradicional. Fue un proyecto que en poco tiempo logró un Sol de la Guía Repsol y el reconocimiento de la crítica y el público. Su cierre deja un vacío en la escena culinaria de Formentera, pero su recuerdo perdura como el de un lugar donde la gastronomía, el paisaje y un servicio excepcional se unieron para crear momentos mágicos frente a una puesta de sol inolvidable.

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