Restaurant La Mola
AtrásUbicado en la cima de la montaña más emblemática del Vallès, a 1.104 metros de altitud, el Restaurant La Mola fue durante décadas mucho más que un simple establecimiento de hostelería. Era el destino final, la recompensa tras una exigente caminata y un icono inseparable del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac. Sin embargo, quienes busquen hoy reponer fuerzas en su histórico comedor se encontrarán con las puertas cerradas. El restaurante cesó su actividad de forma permanente a principios de 2024, marcando el fin de una era para excursionistas y amantes de la cocina catalana tradicional.
La experiencia de La Mola comenzaba mucho antes de sentarse a la mesa. Su principal característica, y a la vez su mayor encanto, era su inaccesibilidad por carretera. Para disfrutar de su propuesta gastronómica, era imprescindible ascender a pie por alguno de los senderos que serpentean por el parque natural. Este esfuerzo físico convertía el almuerzo en una meta, una verdadera celebración en la cumbre. El restaurante no era un lugar al que se iba de paso, sino un objetivo en sí mismo, lo que generaba un ambiente de camaradería único entre los comensales, todos ellos unidos por el logro compartido de haber alcanzado la cima.
Un Comedor con Vistas y Tradición
Una vez arriba, el visitante se encontraba con un lugar cargado de historia. El restaurante estaba integrado en el milenario Monasterio Románico de Sant Llorenç del Munt, un Bien Cultural de Interés Nacional. El comedor principal, con sus largos bancos de madera corridos, fomentaba un ambiente comunal y rústico. Pero el verdadero protagonista, más allá de la comida, eran sus ventanales, que ofrecían unas vistas panorámicas espectaculares de toda la llanura del Vallès y más allá. Comer en La Mola era disfrutar de una de las mejores atalayas de la provincia de Barcelona, un valor añadido que pocos restaurantes con vistas podían igualar.
La propuesta culinaria se centraba en la comida casera y robusta, ideal para reponer las energías gastadas en la subida. La especialidad era la carne a la brasa, con una oferta que satisfacía a los paladares más exigentes. En su carta de restaurante destacaban platos contundentes y sabrosos.
- Butifarras variadas: Uno de los platos estrella, con opciones que iban desde la tradicional hasta creaciones más audaces como la de roquefort y pimienta verde.
- Carnes a la parrilla: El cordero a la brasa era especialmente elogiado por su sabor y punto de cocción.
- Platos tradicionales catalanes: No podían faltar los canelones, la escalivada y otras recetas clásicas que conformaban un menú del día (ofrecido en torno a los 30€) generoso en cantidades.
Los platos eran descritos como abundantes y sabrosos, una cocina sin pretensiones pero efectiva, que cumplía con la promesa de una comida reconfortante en un entorno inigualable.
La Logística de las Mulas: Un Encanto Rústico con un Coste
Un aspecto que definía la identidad de La Mola era su singular logística. Al no poder acceder vehículos a motor, todas las provisiones, desde los alimentos hasta las bombonas de butano, eran transportadas a lomos de mulas. Ver a estos animales descansando cerca del monasterio formaba parte del paisaje y de la experiencia. Este método de abastecimiento, aunque pintoresco, tenía un impacto directo en los precios. Con un coste por comensal que rondaba los 30-40 euros, se situaba en un nivel de precio medio-alto. La mayoría de los clientes entendían que este precio no solo pagaba la comida, sino también el esfuerzo titánico que suponía mantener un restaurante operativo en la cima de una montaña.
Los Puntos Débiles: Aspectos a Mejorar
A pesar de su valoración general positiva (4.3 estrellas sobre 5 con casi 2000 reseñas), el Restaurant La Mola no estaba exento de críticas. Uno de los problemas más recurrentes era su política de reservas. No se admitían para grupos de menos de ocho o diez personas, lo que obligaba a los excursionistas a llegar temprano, especialmente durante los fines de semana y festivos, para asegurar una mesa. Esto podía generar largas esperas y cierta incertidumbre después de una larga caminata.
Otro punto de fricción era el precio de las bebidas y los extras como el café, considerados elevados por algunos clientes. Si bien se justificaba por la compleja logística, no dejaba de ser un detalle que restaba puntos a la experiencia global. Finalmente, aunque los platos principales recibían elogios casi unánimes, algunos postres, como el cheesecake, fueron criticados por no parecer caseros y desentonar con la calidad general de la cocina casera que se esperaba.
El Fin de una Era: ¿Por Qué Cerró el Restaurant La Mola?
El cierre definitivo del restaurante no se debió a una falta de éxito, sino a una decisión administrativa. La Diputación de Barcelona, propietaria del monasterio, decidió no renovar la concesión que había estado vigente durante más de medio siglo. Las razones esgrimidas se centraron en la necesidad de preservar el patrimonio monumental y natural del entorno. Se argumentó que la actividad de un restaurante a gran escala generaba una masificación de visitantes y un impacto ambiental insostenible para un espacio protegido. El objetivo ahora es reconvertir el espacio, priorizando la función cultural e histórica del monasterio, y ofreciendo un punto de avituallamiento más pequeño y sencillo para los visitantes, pero sentenciando que "nunca más habrá un restaurante" en la cima.
La noticia supuso un duro golpe para la comunidad local y para los miles de excursionistas que consideraban el restaurante una parte esencial de la excursión a La Mola. Fue el fin de un modelo de negocio único, un lugar que supo maridar esfuerzo físico, naturaleza, historia y una reconfortante parrillada de carne. Aunque ya no es posible dónde comer en su comedor, la historia del Restaurant La Mola perdura como el recuerdo de una experiencia irrepetible en una de las cimas más queridas de Cataluña.