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Restaurant Els Metges

Restaurant Els Metges

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Can cama, 17244 Girona, España
Brasería Restaurante Restaurante de cocina catalana
8.6 (1341 reseñas)

Ubicado en las profundidades del macizo de las Gavarres, el Restaurant Els Metges se presenta no solo como un lugar donde saciar el apetito, sino como una experiencia que desafía la comodidad moderna en favor de una autenticidad rústica casi extinta. Este establecimiento, situado en la masía histórica de Can Cama, junto a la iglesia de Sant Cebrià de Lledó, ofrece una inmersión total en la Cataluña rural más profunda. Al analizar este negocio para un directorio de restaurantes, es imperativo destacar que no se trata de un destino de paso, sino de una finalidad en sí misma, donde el trayecto y el entorno juegan un papel tan crucial como la propia oferta culinaria.

Para los buscadores de los mejores restaurantes con encanto y aislamiento, la ubicación de Els Metges es su mayor fortaleza y, simultáneamente, su barrera de entrada más notable. Situado en un punto elevado de la geografía gerundense, ofrece unas panorámicas que cortan la respiración, abarcando desde la llanura del Empordà hasta las Islas Medas y el Golfo de Roses en los días despejados. Sin embargo, llegar a disfrutar de estas vistas requiere paciencia y destreza al volante. El acceso no es apto para conductores nerviosos ni para vehículos deportivos de perfil bajo. Se llega a través de una pista forestal de tierra que, según la ruta elegida (se recomienda encarecidamente acceder desde Cassà de la Selva y evitar la ruta desde Romanyà o La Bisbal si no se cuenta con un 4x4), puede presentar tramos accidentados, baches y polvo. Este camino de tierra, que para algunos es parte de la aventura de ir a comer a la montaña, para otros puede resultar un inconveniente mayúsculo que disuade la visita.

La masía en sí, Can Cama, respira historia. Documentada desde siglos atrás y vinculada al vecindario de Els Metges (nombre popular derivado de los santos médicos Cosme y Damián, venerados en la iglesia adyacente), el edificio conserva una estructura de piedra que parece haberse detenido en el tiempo. Al cruzar el umbral, el comensal se encuentra con un interior que muchos describen como un museo etnográfico vivo. Herramientas antiguas, decoraciones de épocas pasadas y un ambiente de "casa de pagès" auténtica definen la atmósfera. No obstante, esta autenticidad conlleva ciertos aspectos que los clientes acostumbrados a restaurantes urbanos impolutos podrían criticar. El entorno es rústico en el sentido más literal: se pueden encontrar telarañas en los rincones altos, el mobiliario es vetusto y, al estar en plena naturaleza, la presencia de moscas e insectos es una realidad inevitable, especialmente en las mesas exteriores o cerca de los animales de granja que deambulan por la propiedad.

En cuanto a la gastronomía, Els Metges se mantiene fiel a la tradición de la cocina catalana de montaña. No esperen encontrar aquí fusiones modernas ni emplatados de diseño. La propuesta es contundente, honesta y basada en el producto de proximidad. Es un templo para los amantes de la carne a la brasa y los platos de cuchara. La carta, o mejor dicho, la oferta cantada o escrita en pizarras, destaca por especialidades como los caracoles (cargols), que gozan de gran fama entre los habituales, el cordero (xai) a la brasa, las galtas (carrilleras) y el pato a la cazuela. Los desayunos de tenedor (esmorzars de forquilla) son una institución aquí, atrayendo a ciclistas, excursionistas y grupos de amigos que suben los fines de semana para dar cuenta de butifarras, panceta y vino en porrón.

Un punto crítico a considerar para los potenciales clientes es la limitación de la oferta dietética. Este es uno de esos restaurantes donde los vegetarianos o veganos encontrarán serias dificultades para disfrutar de una comida completa, más allá de una ensalada o unas tostadas. La cocina está claramente orientada a la proteína animal, con embutidos caseros, carnes y guisos tradicionales como protagonistas indiscutibles. La falta de opciones alternativas es un aspecto negativo relevante en un mercado gastronómico cada vez más diverso, pero al mismo tiempo, refuerza su identidad como asador tradicional que no busca adaptarse a modas, sino preservar un legado culinario específico.

El servicio en Els Metges es otro factor que genera opiniones divididas y que debe ser evaluado con honestidad. Al ser un negocio familiar, el trato suele ser cercano y directo, carente de los formalismos de la hostelería profesional estandarizada. Muchos comensales valoran esta familiaridad, sintiéndose como invitados en una casa particular. Se menciona frecuentemente la amabilidad de algunos miembros de la familia, como Tomás, que se esfuerzan por hacer sentir cómodos a los visitantes. Sin embargo, no faltan las reseñas que señalan un trato a veces seco o un servicio que puede volverse lento y caótico en los días de máxima afluencia. La figura de un señor mayor, a veces percibido como gruñón o con pocas ganas de atender, aparece en varios comentarios como un punto negativo que puede enturbiar la experiencia si se espera una atención al cliente de manual.

La relación calidad-precio es, por lo general, considerada razonable. Los precios se mueven en un rango medio (entre 25 y 35 euros aproximadamente), lo cual es aceptable dado el tamaño de las raciones y la calidad de la materia prima, especialmente las carnes. No obstante, algunos visitantes han expresado que, sumando el coste del trayecto y las condiciones rústicas del local, la cuenta final puede parecer algo elevada si no se valora el intangible de la ubicación y la historia. Es importante notar que, dada su ubicación remota, la conectividad puede ser nula, lo que invita a la desconexión digital forzosa, algo que se debe valorar positivamente para quienes buscan paz, pero que puede ser un inconveniente para quienes necesitan estar siempre conectados.

El entorno exterior es, sin duda, el mayor reclamo de este negocio. Comer en la terraza o junto a las ventanas con vistas al valle es un privilegio. La presencia de animales sueltos, como perros, gatos, cabras u ovejas, añade un toque bucólico que encanta a las familias con niños y a los amantes de los animales. Sin embargo, esto también implica que la higiene en las zonas exteriores es la propia de un entorno de granja, lo cual puede no ser del agrado de todos los públicos. Los servicios higiénicos (baños) suelen ser otro punto de fricción en las valoraciones; al tratarse de una infraestructura antigua en medio del monte, a veces no cumplen con los estándares de modernidad y limpieza que algunos usuarios exigen, siendo descritos en ocasiones como precarios.

Es fundamental mencionar los horarios de apertura, ya que Els Metges no funciona como los restaurantes convencionales de ciudad. Su operativa se concentra en los fines de semana (viernes, sábado y domingo), cubriendo desayunos y almuerzos hasta las 16:00 horas. Intentar acudir sin reserva previa es una apuesta arriesgada que a menudo termina en decepción, ya que el local suele llenarse con clientes fieles que suben expresamente. La planificación es esencial: llamar con antelación, verificar la ruta y asegurarse de llevar efectivo (aunque cada vez es más común el pago con tarjeta, en zonas de baja cobertura los datáfonos pueden fallar) son consejos prácticos indispensables para quien decida emprender la subida.

el Restaurant Els Metges es un establecimiento de contrastes marcados. No es el lugar para una cena romántica de etiqueta, ni para una comida de negocios rápida, ni para quienes sufren si su coche se llena de polvo. Es un destino para quienes entienden la gastronomía como un acto vinculado a la tierra y al paisaje. Sus virtudes residen en su ubicación espectacular, su comida casera sin pretensiones y su atmósfera de tiempo detenido. Sus defectos, como el difícil acceso, las instalaciones vetustas y un servicio a veces impredecible, son la otra cara de la misma moneda. En el amplio espectro de donde comer en la provincia de Girona, este lugar ocupa un nicho muy específico: el de la resistencia rural, ofreciendo una experiencia que, para bien o para mal, resulta inolvidable y radicalmente opuesta a la estandarización urbana.

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