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Restaurant Binicanella

Restaurant Binicanella

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Camí de Son Gri, 07550 Son Servera, Illes Balears, España
Restaurante Restaurante especializado en barbacoa Restaurante mediterráneo
9.2 (2061 reseñas)

Para muchos visitantes y residentes de la zona de Son Servera, la noticia del cierre permanente del Restaurant Binicanella ha supuesto una verdadera decepción. Este establecimiento no era simplemente un lugar donde saciar el apetito; representaba una experiencia completa, un destino en sí mismo que, a lo largo de sus 18 años de historia bajo la misma dirección familiar, supo ganarse una reputación formidable. Con una valoración media de 4.6 sobre 5 basada en más de 1.300 opiniones, es evidente que Binicanella dejó una huella imborrable. Analizar lo que lo hizo tan especial, así como sus pequeños inconvenientes, es rendir homenaje a un referente de la gastronomía local que ahora vive en el recuerdo.

El encanto de Binicanella comenzaba mucho antes de sentarse a la mesa. Para llegar, era necesario desviarse por el Camí de Son Gri, un camino rural que algunos antiguos clientes describían como polvoriento y algo accidentado. Este pequeño peaje, lejos de ser un impedimento, actuaba como un filtro, un preludio que anunciaba la entrada a un mundo aparte. El restaurante se ubicaba en una antigua finca cuya historia se remonta al siglo XIII, un lugar que durante 150 años funcionó como una ermita. Este pasado monástico impregnaba el ambiente, dotándolo de una paz y una autenticidad difíciles de encontrar. El entorno era, en palabras de muchos, un oasis rústico donde el tiempo parecía ralentizarse, permitiendo a los comensales desconectar del ajetreo y el bullicio, con el único sonido de fondo de los animales de la finca, como pavos reales y gallinas, o las ovejas de los vecinos.

El Fuego como Protagonista: Un Templo para los Amantes de la Carne

El corazón culinario de Binicanella latía al ritmo de las brasas. Su fama se cimentó sobre una propuesta clara y contundente: las carnes a la brasa. La parrilla, a la vista de todos en la terraza, no era solo una herramienta de cocina, sino el epicentro de un espectáculo de sabor. Las reseñas de los clientes son unánimes al alabar la calidad del producto y la maestría en su ejecución. La parrillada mixta de la casa, conocida como “Parrillada Binicanella”, era un plato estrella, elogiado por la ternura y el gusto intenso de cada corte. Clientes que se autodenominaban expertos en carne afirmaban haber probado allí algunos de los mejores cortes de su vida.

La oferta de este restaurante de carnes iba más allá. El chuletón de buey era una pieza imponente y aclamada por su jugosidad, mientras que el entrecot de ternera irlandesa demostraba una cuidada selección de proveedores. Pero el dominio del fuego en Binicanella tenía una segunda vertiente: un histórico horno de leña. De sus entrañas salían especialidades como la paletilla de cordero lechal y el cochinillo, platos que evocaban la cocina más tradicional y paciente. Esta dualidad, parrilla y horno, convertía al restaurante en un destino prioritario para quienes buscaban dónde comer carnes de alta calidad preparadas con técnicas ancestrales.

Más Allá de la Parrilla: Sabores de la Tierra Mallorquina

Aunque la carne era la reina indiscutible, la carta de Binicanella demostraba un profundo respeto por la cocina mediterránea y mallorquina. Parte de la verdura utilizada en sus platos provenía de su propio huerto, una garantía de frescura que se apreciaba en elaboraciones como el Tumbet o el Trampó mallorquín. También ofrecían entrantes locales cocinados a la brasa, como la sobrasada y los butifarrones, que servían como una excelente introducción a los sabores de la isla. Platos como la paella mixta, los caracoles o el pescado fresco del día completaban una oferta versátil que satisfacía a un público amplio. No obstante, algún comensal señaló detalles menores, como unos dátiles con bacon ligeramente pasados de cocción, lo que demuestra que, como en cualquier cocina, la perfección absoluta es un ideal en constante búsqueda.

Un Ambiente para Todos: Celebraciones, Familias y Cenas Románticas

Uno de los grandes aciertos de Binicanella fue crear un espacio polivalente y acogedor. Sus espectaculares terrazas eran el escenario perfecto para comer al aire libre, ofreciendo un ambiente relajado durante el día y una atmósfera mágica bajo las estrellas por la noche, con vistas lejanas al mar. El servicio, liderado por la propietaria, Petra, era constantemente calificado de maravilloso, amable, atento y profesional. Este trato cercano y familiar, fruto de la gestión de dos hermanos durante casi dos décadas, era un valor añadido fundamental que fidelizaba a la clientela.

El restaurante era también un lugar excepcionalmente familiar. Conscientes de la importancia de que los adultos disfruten de la sobremesa, disponían de una zona de juegos para niños e incluso un castillo hinchable. Esto, sumado a la libertad con la que los pequeños podían explorar el recinto sin peligro de coches, lo convertía en una opción ideal para comidas familiares de fin de semana. Por la noche, el ambiente se transformaba, volviéndose más íntimo y concurrido, hasta el punto de que conseguir mesa sin reserva previa era prácticamente imposible. Esta alta demanda, si bien un claro indicador de éxito, podía ser un pequeño inconveniente para los más espontáneos.

El Legado y el Vacío de Binicanella

Evaluar Restaurant Binicanella hoy es hablar de su legado. Lo bueno es abrumadoramente evidente: una calidad de producto excepcional, especialmente en sus carnes; un entorno histórico y natural único; un servicio impecable y cercano; y una atmósfera que se adaptaba tanto a familias como a parejas. Todo ello con unos precios considerados justos y correctos para la calidad y cantidad ofrecidas. Era, sin duda, uno de los mejores restaurantes con terraza de la comarca.

Lo malo, por supuesto, es su cierre definitivo. La desaparición de Binicanella deja un vacío notable en el panorama gastronómico de Son Servera. Los clientes habituales han perdido su “visita obligada” en cada estancia en la isla, y los futuros visitantes no podrán descubrir la magia de cenar en una ermita del siglo XIII. El camino de acceso, que para algunos era parte de la aventura, ya no conduce a una recompensa culinaria. El cierre de un negocio tan querido y con una trayectoria tan sólida es siempre una noticia triste para la comunidad local y para todos aquellos que encontraron en él un lugar donde crear buenos recuerdos.

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