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Ramé Playa Restaurante

Ramé Playa Restaurante

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Camping Torre la Sal, 12595 Cabanes, Castellón, España
Restaurante
9.2 (2233 reseñas)

Ubicado dentro de las instalaciones del Camping Torre la Sal en Cabanes, Ramé Playa Restaurante se consolidó como un destino culinario de referencia, atrayendo a comensales mucho más allá de los huéspedes del camping. Sin embargo, es crucial para cualquier interesado saber que, a pesar de las excelentes críticas y la popularidad que cosechó, actualmente el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado. Su sitio web oficial está inactivo y no hay señales de una futura reapertura, una información vital para quienes planeen una visita basados en recomendaciones pasadas.

La propuesta de este restaurante giraba en torno a una cocina mediterránea con toques creativos y exóticos, donde el producto local era el protagonista. Se definía a sí mismo como un lugar íntimo y familiar, un refugio frente al mar para disfrutar de la buena comida española en un entorno natural y salvaje. Esta filosofía se traducía en una experiencia que, según sus clientes, combinaba a la perfección una atmósfera agradable con una oferta gastronómica de alto nivel.

Los arroces de autor: el corazón de Ramé Playa

El principal reclamo y donde el chef Isaac demostraba su maestría era en el apartado de arroces. Lejos de ofrecer únicamente la tradicional paella, la carta se adentraba en terrenos más arriesgados y originales, lo que muchos clientes calificaban como “arroces de autor”. Las reseñas destacan creaciones memorables que justificaban por sí solas la visita.

  • Arroz caldoso con sepionet, gambón y alcachofas: Un plato reconfortante y lleno de sabor, elogiado por su equilibrio y la calidad de sus ingredientes.
  • Arroz rojo con gambón, calamar y ajos tiernos: Calificado como “espectacular” por los comensales, esta variedad demostraba la capacidad de la cocina para innovar en un plato tan tradicional.
  • Arroz de santiaguiños y zamburiñas: Una opción que sorprendía por el uso de productos no tan comunes en la zona, como los santiaguiños, y que resultaba en una combinación de mariscos muy apreciada.
  • Arroz con queso Idiazabal: Una propuesta atrevida que fusionaba mar y montaña, demostrando la versatilidad de la cocina y su voluntad de romper moldes.

Esta especialización en arroces creativos era, sin duda, su mayor fortaleza y el motivo por el cual muchos decidían reservar mesa, a menudo con la recomendación de encargar el plato con antelación para asegurar su disponibilidad.

Más allá del arroz: una carta de sabores intensos

Aunque los arroces eran las estrellas, la experiencia en Ramé Playa comenzaba con una selección de entrantes que preparaban el paladar para lo que estaba por venir. Los clientes habituales recomendaban no perderse algunas de sus creaciones más aclamadas. Las vieiras a la plancha con emulsión de lima y cilantro son descritas como un inicio fresco y vibrante, con un toque cítrico que realzaba el sabor del marisco. Otro plato muy mencionado es el pulpo con guacamole, una combinación audaz que aportaba una textura y un sabor novedoso al tradicional cefalópodo.

Las croquetas de carabineros se citan como “imprescindibles”, un bocado cremoso e intenso que capturaba toda la esencia de este preciado marisco. Para los que buscaban algo diferente, los tacos de tortita de camarón ofrecían un giro divertido y sabroso. La calidad del producto era una constante, desde el pescado y mariscos frescos hasta los ingredientes de proximidad que conformaban cada plato.

Un final dulce a la altura

Los postres no eran un mero trámite, sino una parte integral de la experiencia gastronómica. La torrija con coco y miso es, quizás, el postre más recordado, una creación sorprendente que jugaba con el contraste de sabores dulces y salados (umami), y texturas crujientes y suaves. Por otro lado, la tarta de chocolate con pistacho era una delicia para los más golosos, un postre contundente y bien ejecutado que dejaba un recuerdo inmejorable.

Servicio y ambiente: las claves de la experiencia

Un factor decisivo para la altísima valoración del restaurante (4.6 sobre 5 con más de 1400 opiniones) era la calidad de su servicio. El equipo, con figuras como Jessica mencionada específicamente en las reseñas, era constantemente elogiado por su atención, amabilidad y profesionalidad. Los clientes destacaban un trato cercano que les hacía sentir “como en casa”, gestionando con eficacia incluso situaciones de prisa. Este nivel de servicio es un pilar fundamental para cualquier local que aspire a comer bien y disfrutar de una experiencia completa.

El entorno, dentro del camping y con vistas a la playa de Torre la Sal, contribuía a crear un ambiente relajado y precioso. La decoración interior, con mesas amplias y sillas cómodas, estaba cuidada al detalle, ofreciendo un espacio acogedor tanto en su interior como en su terraza. Era un lugar ideal para una comida tranquila, una cena especial o una celebración.

Aspectos a considerar: la realidad de un negocio cerrado

El principal punto negativo, y es uno definitivo, es que Ramé Playa Restaurante ha cesado su actividad. Esta es la información más relevante para cualquiera que busque dónde comer en la zona de Cabanes. La confusión generada por algunos datos online que indican un cierre temporal es desmentida por la evidencia de su clausura permanente.

Analizando su operativa pasada, la ubicación dentro de un camping podría ser vista como una ventaja por el entorno, pero también como una barrera para quienes no conocieran su existencia o no fueran huéspedes. Asimismo, su cocina, descrita como “arriesgada”, aunque celebrada por la mayoría, podía no ser del gusto de aquellos que buscaran una oferta estrictamente tradicional. El nivel de precios, catalogado como moderado (nivel 2 de 4), era acorde a la calidad y elaboración de los platos, pero lo situaba por encima de las opciones más económicas de la zona.

Ramé Playa Restaurante fue un proyecto gastronómico de gran éxito, que supo combinar una cocina innovadora y de alta calidad, centrada en los arroces y el producto local, con un servicio impecable en un entorno privilegiado. Su cierre deja un vacío en la oferta de restaurantes de la costa de Castellón y sirve como recuerdo de una propuesta culinaria que, según quienes la probaron, era simplemente excepcional.

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