Oiangu Baserria
AtrásUbicado en el entorno natural del Parque de Oiangu, el Oiangu Baserria fue durante años un punto de referencia gastronómico en Ordizia. Sin embargo, es fundamental empezar aclarando el punto más importante para cualquier potencial cliente: el restaurante Oiangu Baserria se encuentra cerrado permanentemente. A pesar de su cierre, el legado y la memoria de lo que fue este establecimiento perduran, ofreciendo un caso de estudio sobre cómo un entorno privilegiado, una propuesta culinaria honesta y un proyecto con alma pueden calar hondo en la comunidad. Este análisis se basa en las experiencias de quienes lo disfrutaron y en la historia de su última etapa, que marcó un hito en la gestión del local.
El principal atractivo del caserío era, sin duda, su emplazamiento. Se trataba de un antiguo caserío vasco rehabilitado, un tipo de edificio con un enorme peso cultural en Euskadi, que ofrecía a los comensales una experiencia auténtica. Estar "un poco escondido", como mencionaban algunos clientes, no era una desventaja, sino parte de su encanto, proporcionando un ambiente de tranquilidad y desconexión. Las fotografías del lugar muestran una robusta construcción de piedra y madera, con una acogedora terraza exterior que permitía disfrutar de un café o una comida al aire libre, rodeado de la vegetación del parque. Este entorno era ideal para quienes buscaban dónde comer en un lugar diferente, alejado del bullicio urbano.
Una propuesta gastronómica recordada por su calidad y honestidad
La oferta culinaria de Oiangu Baserria se centraba en la cocina tradicional vasca, un pilar fundamental de los restaurantes de la región. Las reseñas de quienes lo visitaron coinciden en varios puntos clave: la comida era de excelente calidad, las raciones eran generosas y los precios, muy razonables. Se destacaban platos emblemáticos de la gastronomía local, como la chuleta a la parrilla, el bacalao en sus diversas preparaciones, el pulpo y los pollos asados. Platos como la sopa de guisantes también recibían elogios, evidenciando un enfoque en la comida casera y de temporada.
Un aspecto muy valorado era su excelente menú del día. Por un precio que rondaba los 12 euros, ofrecía una opción de gran calidad, algo que lo convertía en una elección popular para comidas diarias. Además, para ocasiones más especiales, disponían de un menú degustación que permitía probar una selección más amplia de su cocina. Esta flexibilidad en la oferta, combinada con una política de precios asequibles (marcado con un nivel de precio 1 sobre 4), posicionó a Oiangu Baserria como un restaurante barato sin sacrificar la calidad, una combinación difícil de encontrar y muy apreciada por el público.
La última etapa: un proyecto del Basque Culinary Center
La historia reciente del Oiangu Baserria es particularmente interesante. Antes de su cierre definitivo, el restaurante fue revitalizado a través de una colaboración entre el Ayuntamiento de Ordizia y el prestigioso Basque Culinary Center (BCC). En 2015, un grupo de cinco jóvenes y entusiastas estudiantes del BCC tomó las riendas del caserío, que llevaba un tiempo sin uso, como parte de su proyecto de fin de grado. Su misión era reactivar el negocio, dándole un enfoque renovado pero respetuoso con la tradición.
Este equipo de jóvenes cocineros apostó por una filosofía de kilómetro cero, aprovechando los productos de proximidad y de temporada, e incluso llegaron a tener su propia huerta y a elaborar embutidos. Introdujeron una cocina tradicional con ligeros toques de modernidad, logrando atraer a una clientela diversa. Consiguieron que el menú de mediodía fuera un éxito y que las tardes se llenaran de jóvenes disfrutando de hamburguesas y cazuelitas. Este proyecto no solo funcionó, sino que reconcilió a la gente de Ordizia con el lugar, devolviéndole la vida al parque. Lo que inicialmente era un convenio de un año se alargó a más de tres, pero finalmente, por cuestiones administrativas y la no renovación del convenio, el equipo del BCC cerró sus puertas en septiembre de 2018, dejando un gran recuerdo en la comunidad.
Los puntos débiles y el contexto de su cierre
Aunque la mayoría de las valoraciones eran muy positivas, existían algunos aspectos a considerar. El más evidente y definitivo es su estado actual: cerrado permanentemente. Esto supone el mayor punto negativo para cualquiera que busque una opción para comer en la zona hoy en día.
Por otro lado, su ubicación dentro de un parque público, si bien era uno de sus grandes atractivos, también podía tener sus inconvenientes. Una de las reseñas, aunque positiva en general, se centraba más en el parque que en el restaurante, mencionando la falta de civismo de algunos usuarios del área recreativa. Este factor externo, aunque no era responsabilidad directa del restaurante, podía afectar la atmósfera de paz que muchos buscaban al acudir al caserío. La convivencia entre la clientela del restaurante y los usuarios del parque (con sus picnics, juegos, etc.) no siempre resultaba en la experiencia idílica que el entorno prometía.
El futuro del edificio: de restaurante a albergue
El cierre del restaurante no significó el abandono del histórico caserío. El Ayuntamiento de Ordizia ha puesto en marcha un proyecto para rehabilitar el edificio y convertirlo en un albergue. Esta iniciativa, financiada en parte con fondos Next Generation de la Unión Europea, busca dar un nuevo uso al inmueble, adaptándolo a las normativas de accesibilidad y creando un espacio para acoger a visitantes y grupos escolares. Aunque los amantes de la gastronomía ya no podrán disfrutar de sus platos, el caserío Oiangu seguirá teniendo vida y formando parte del atractivo del parque y de Ordizia.
Oiangu Baserria es recordado como uno de los restaurantes vascos con más encanto de la comarca del Goierri. Su éxito se basó en una fórmula que combinaba un entorno natural privilegiado, una comida casera de calidad a precios competitivos y un servicio amable y cercano. La etapa gestionada por los estudiantes del Basque Culinary Center demostró el potencial del lugar. Aunque su cierre es una pérdida para la oferta gastronómica local, su historia y las razones de su popularidad siguen siendo un referente de cómo un restaurante puede convertirse en mucho más que un lugar donde comer: un punto de encuentro y un motor de vida para su comunidad.