Mesón La Finca Chayofa
AtrásUbicado en Chayofa, el Mesón La Finca Chayofa fue durante años un establecimiento de referencia para quienes buscaban una experiencia gastronómica singular en el sur de Tenerife. Es fundamental señalar de antemano que este restaurante se encuentra permanentemente cerrado. A pesar de ello, su legado y la memoria de su propuesta merecen un análisis detallado, ya que su popularidad fue notable, acumulando una valoración de 4.3 estrellas basada en más de 1700 opiniones, un testimonio de su impacto en la escena culinaria local.
El principal atractivo del mesón residía en su atmósfera. No era uno de los restaurantes convencionales; se trataba de una auténtica finca tradicional canaria, reconvertida para ofrecer un ambiente rústico y acogedor. Su característica más destacada era la amplia terraza arbolada, un espacio que, al caer la noche, se iluminaba creando una estampa casi mágica. Este entorno, complementado con la presencia de animales de granja como gallinas y patos que deambulaban por los alrededores, lo convertía en una opción ideal para restaurantes para familias, donde los niños podían disfrutar de un entorno diferente y seguro mientras los adultos se relajaban.
Una propuesta gastronómica centrada en la brasa y el producto local
La cocina del Mesón La Finca Chayofa se definía por su sencillez y la apuesta por el producto de la tierra. Se especializaba en comida canaria a la parrilla, con un fuerte enfoque en las carnes a la brasa y el pescado fresco. Uno de los aspectos más valorados por su clientela era que utilizaban verduras de su propia huerta, un detalle que garantizaba frescura y sabor en platos como sus ensaladas. La carta, aunque sin grandes complejidades, ofrecía platos contundentes y sabrosos que cumplían con las expectativas de quienes buscaban autenticidad.
Los platos estrella del Mesón
Sin lugar a dudas, la parrillada de carne era el plato insignia. Los comensales recuerdan con agrado la calidad y la abundancia de estas parrilladas, que incluían una variedad de carnes como cerdo, pollo, ternera, chistorra y salchicha. Una modalidad especialmente espectacular era la parrillada para dos personas, que se servía en una pequeña parrilla de mesa para que los propios clientes pudieran terminar de cocinar la carne a su gusto, manteniendo la comida caliente durante toda la velada. Además de la carne, otros platos gozaban de buena reputación:
- Pulpo al horno: Tierno y sabroso, era uno de los entrantes o platos principales de pescado más solicitados.
- Setas a la plancha: Un entrante sencillo pero bien ejecutado que resaltaba el sabor del producto.
- Chopitos y abadejo: Opciones de pescado que satisfacían a quienes preferían los sabores del mar.
- Escalope: Un plato que, según las opiniones, estaba muy bien preparado y era ideal para los más pequeños.
El acompañamiento tradicional consistía en papas arrugadas con sus mojos rojo y alioli, un clásico indispensable en cualquier mesa canaria que se precie.
El ambiente y la experiencia: Luces y sombras
Más allá de la comida, la experiencia en La Finca era un paquete completo. El entretenimiento era una parte fundamental de su oferta, con música en directo y espectáculos que amenizaban las cenas, especialmente durante los fines de semana. Esto convertía al lugar en un sitio perfecto no solo para cenar, sino para pasar una noche entretenida y diferente, alejada del bullicio de los núcleos turísticos más masificados.
No obstante, la experiencia no siempre fue uniformemente positiva para todos los clientes, y es aquí donde encontramos los puntos débiles del negocio. El servicio, aunque a menudo descrito como amable y encantador por muchos, también fue objeto de críticas. El trato podía ser inconsistente. Una de las críticas más recurrentes apuntaba al comportamiento de un hombre, posiblemente el dueño, cuya actitud al final de la noche era percibida como apresurada y poco cortés, dando la impresión de querer que los clientes se marcharan.
Otro punto de fricción era la facturación. Varios clientes advirtieron sobre la importancia de revisar la cuenta detenidamente, ya que se reportaron errores como el cobro de artículos no consumidos, como botellas de vino o agua adicionales. Si bien podían ser errores involuntarios, su recurrencia generaba desconfianza. El precio también era un tema de debate; mientras que la información oficial lo catalogaba como económico (nivel 1) y algunas reseñas hablaban de una excelente relación calidad-precio con cuentas de unos 43 euros para dos personas, otras experiencias reflejaban un coste más elevado, llegando a los 73 euros por una cena similar, lo que sugiere una variabilidad considerable en los precios o en la percepción de los mismos.
Un legado agridulce en la restauración de Chayofa
En retrospectiva, el Mesón La Finca Chayofa fue un lugar con una personalidad muy marcada. Ofrecía una alternativa a los restaurantes más estandarizados, con un entorno único, una apuesta por la comida canaria a la brasa y un ambiente festivo. Su éxito entre familias y turistas que buscaban dónde comer algo auténtico es innegable. La combinación de un restaurante con terraza, animales y música en vivo fue una fórmula que funcionó durante mucho tiempo.
Sin embargo, las inconsistencias en el servicio y los problemas con la facturación empañaron su reputación y generaron experiencias negativas que contrastaban fuertemente con las alabanzas de otros. A pesar de su cierre definitivo, el recuerdo del Mesón La Finca Chayofa perdura como el de un lugar peculiar y memorable, un establecimiento que, con sus virtudes y defectos, formó parte del tejido gastronómico del sur de Tenerife, dejando una huella imborrable en quienes lo visitaron.