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Los templarios Asador

Los templarios Asador

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Cta. Losal, 2, 23400 Úbeda, Jaén, España
Restaurante
7.4 (201 reseñas)

Los Templarios Asador se presenta en Úbeda como un establecimiento con una fuerte identidad, anclada en su especialización como asador y una decoración de temática medieval que varios comensales describen como pintoresca y peculiar. Esta propuesta busca ofrecer una experiencia inmersiva, transportando al cliente a otro tiempo mientras degusta uno de los pilares de la cocina española: las carnes a la brasa. Sin embargo, la experiencia en este restaurante parece ser una de extremos opuestos, donde la calidad potencial de su cocina choca frontalmente con deficiencias operativas que han marcado negativamente la visita de numerosos clientes.

La promesa de la parrilla: calidad y cantidad

El punto fuerte indiscutible de Los Templarios Asador es, o debería ser, su comida. Cuando la cocina funciona correctamente, los platos reciben elogios significativos. Los clientes que han tenido una experiencia positiva destacan la calidad superior de sus carnes a la parrilla. Entre las recomendaciones más frecuentes se encuentran los chorizos a la brasa, descritos como increíblemente jugosos y llenos de sabor, un entrante que promete una excelente comida. Las costillas también son mencionadas como espectaculares, un plato principal que cumple con las expectativas de un buen asador.

Otro aspecto valorado positivamente es la generosidad de las raciones. El consejo de "venir con hambre" es una constante entre las reseñas favorables, sugiriendo que el restaurante ofrece una buena relación cantidad-precio. Para aquellos que buscan dónde comer de forma contundente, esta característica es un gran atractivo. La combinación de una ambientación única, con su decoración rústica y medieval, y la promesa de un festín de carne bien preparada, conforma una oferta muy atractiva sobre el papel.

Una atmósfera con carácter propio

La estética del lugar es un factor diferenciador. Lejos de los restaurantes convencionales, su ambientación medieval busca crear una atmósfera memorable. Este esfuerzo por ofrecer algo más que una simple cena es apreciable y, para muchos, el punto de partida de la visita es positivo, describiendo el local con un "buen rollo" inicial que invita a quedarse y disfrutar.

La cruda realidad: un servicio que no está a la altura

Pese a la buena calidad de su producto, el restaurante enfrenta un problema crítico y recurrente: el servicio. Las quejas sobre este aspecto son numerosas, detalladas y provienen de múltiples fuentes, dibujando un panorama de desorganización y falta de personal que arruina la experiencia culinaria. El principal y más grave de los inconvenientes es la lentitud extrema.

Se reportan esperas que superan con creces lo razonable, con testimonios de clientes que aguardaron más de una hora y media e incluso dos horas y media para recibir su comida. Esta demora no solo afecta el tiempo del cliente, sino que tiene consecuencias directas en la calidad de los platos. Hay múltiples menciones a comida que llega a la mesa fría, como un costillar que, aunque sabroso, pierde todo su encanto al no servirse a la temperatura adecuada. Peor aún, algunos platos como las croquetas han sido servidos congelados en su interior, un error inaceptable en cualquier establecimiento de hostelería.

Desorganización y falta de comunicación

La raíz del problema parece ser una grave falta de personal y una organización deficiente. Varios clientes señalan haber sido informados, pero solo tras una larga espera, de que en la cocina operaba una única persona. Esta situación provoca que los platos salgan "con cuentagotas", sirviendo a los comensales de una misma mesa de forma tan espaciada que unos terminan de comer mientras otros aún no han recibido su plato. Esta dinámica impide disfrutar de una comida en compañía, uno de los principales propósitos de salir a un restaurante.

A esta desorganización se suma una preocupante falta de comunicación proactiva. La mayoría de los clientes frustrados coinciden en que no fueron advertidos de las posibles demoras al momento de sentarse o de ordenar. Esta omisión genera una sensación de engaño y frustración, transformando lo que podría ser una espera comprensible en una experiencia negativa. La gestión de las quejas tampoco parece ser un punto fuerte, llegando al extremo de, según un testimonio, negarse a sellar una hoja de reclamaciones oficial, lo cual denota una falta de profesionalidad ante el descontento.

Veredicto final: ¿Vale la pena el riesgo?

Visitar Los Templarios Asador es, actualmente, una apuesta arriesgada. Por un lado, existe la posibilidad de disfrutar de excelentes carnes a la brasa en porciones abundantes y en un entorno con una decoración singular. La calidad de la materia prima, reconocida incluso por algunos de los clientes más descontentos, es su gran baza.

Por otro lado, el riesgo de enfrentarse a un servicio extremadamente lento, una organización caótica y platos que llegan en condiciones inaceptables es muy elevado. La paciencia del comensal será puesta a prueba, y la probabilidad de que la velada se vea empañada por la frustración es considerable.

  • Puntos fuertes:
  • Calidad de las carnes a la brasa (chorizos, costillas).
  • Raciones generosas.
  • Decoración y ambiente temático y peculiar.
  • Puntos débiles:
  • Servicio extremadamente lento.
  • Grave desorganización y aparente falta de personal.
  • Platos servidos fríos o incluso congelados.
  • Mala comunicación con el cliente sobre los tiempos de espera.

Para el potencial cliente, la recomendación es proceder con cautela. Si decide visitar Los Templarios Asador, es aconsejable hacerlo sin prisas, con la mente abierta a una posible espera prolongada y, quizás, sea prudente preguntar directamente por los tiempos de demora antes de ordenar. La experiencia podría ser gratificante si la cocina tiene un buen día, pero es fundamental ser consciente de los serios problemas de servicio que podrían convertir una prometedora comida o cena en una gran decepción.

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