L’Askata
AtrásL'Askata se erigió como uno de los restaurantes en Port de la Selva más comentados, asentado en una ubicación privilegiada en el Carrer Moll Gros, justo frente al mar. Aunque actualmente la información sobre su estado es contradictoria, con indicaciones de cierre permanente, su trayectoria dejó una huella notable en la escena gastronómica local. Quienes lo visitaron recuerdan una propuesta centrada en la comida mediterránea de calidad, con el producto fresco como protagonista indiscutible.
La experiencia en L'Askata comenzaba con su entorno. Su amplia terraza ofrecía unas vistas directas al puerto, convirtiéndose en un reclamo poderoso para locales y turistas que buscaban disfrutar de la brisa marina mientras comían. Esta localización, descrita por muchos como un sitio privilegiado, era sin duda uno de sus mayores activos y un factor clave en su popularidad, especialmente durante los meses de verano. El ambiente era agradable y de estilo marinero, pensado para complementar la oferta culinaria.
Una propuesta gastronómica centrada en el mar
La carta de L'Askata destacaba por su fidelidad a la cocina catalana y marinera. La especialidad de la casa, y el motivo por el que muchos volvían, eran los arroces y paellas. Las reseñas son unánimes al alabar la calidad de sus arroces, calificándolos de "espectaculares". Entre los más mencionados se encuentran el arroz seco, el arroz negro con bacalao y gambas, y un innovador arroz seco a la brasa que despertaba elogios. La intensidad de sabor y la correcta ejecución de los puntos de cocción eran la norma, posicionando al restaurante como un referente en este plato tan emblemático.
Más allá de los arroces, el pescado fresco y los mariscos eran los pilares de su cocina. La proximidad al puerto garantizaba un producto de primera, que se trataba con respeto en la cocina. Platos como la dorada de 650 gramos hecha al carbón demuestran una apuesta por técnicas que realzan el sabor del producto. También había espacio para la creatividad, con combinaciones atrevidas y celebradas como el calamar con butifarra de perol, un plato que sorprendía y dejaba una impresión duradera en los comensales por su originalidad y delicioso contraste de sabores.
Los postres caseros: un final a la altura
Un aspecto que merece una mención especial son los postres caseros. Lejos de ser un mero trámite, en L'Askata la parte dulce del menú recibía una atención notable. Dos postres en particular generaban un consenso abrumador: la tarta de queso y la torrija. La tarta de queso era descrita por algunos clientes como "la mejor que he probado", mientras que la torrija se consolidó como otro de los postres estrella, un final perfecto para una comida memorable. Este cuidado por el detalle en todas las fases del menú contribuía a forjar su sólida reputación.
Luces y sombras en el servicio y la experiencia
Si bien la calidad de la comida era un punto fuerte, la experiencia global en L'Askata presentaba ciertos matices que generaban opiniones divididas. A continuación, se detallan los aspectos positivos y negativos más recurrentes.
Lo bueno: un trato amable en un lugar privilegiado
- Ubicación inmejorable: Comer en un restaurante con vistas al mar es un lujo, y L'Askata cumplía esta promesa con creces. Su terraza era el escenario perfecto para una comida especial.
- Servicio cercano: El personal, con nombres como Cristina y Anna mencionados repetidamente en las reseñas, era valorado por su trato excelente y amabilidad. Muchos clientes se sentían bien atendidos y destacaban la calidez del equipo.
- Calidad del producto: La frescura del pescado, la variedad de la oferta y la maestría en la elaboración de arroces eran incuestionables y el principal motivo de su alta valoración.
Lo malo: los desafíos de la alta demanda
- Servicio lento en horas punta: Una crítica recurrente era la lentitud del servicio, especialmente cuando el local estaba lleno. Algunos comensales reportaron esperas de casi una hora solo para poder pagar la cuenta, lo que sugiere una posible falta de personal para gestionar los momentos de máxima afluencia de manera eficiente.
- Mesas demasiado juntas: Otro punto negativo señalado por varios clientes era la distribución de las mesas en la terraza. La proximidad entre ellas restaba privacidad y comodidad, un detalle que empañaba la experiencia para quienes buscaban una velada más íntima.
- Precios elevados: El calificativo de "caro" aparece en varias opiniones. Si bien muchos consideraban que la relación calidad-precio era correcta, otros sentían que el coste era excesivo, especialmente en productos de mercado como el pescado del día, donde una lubina podía alcanzar precios inesperadamente altos. Este factor lo posicionaba como una opción no apta para todos los bolsillos y generaba debate sobre si el coste estaba totalmente justificado por la experiencia.
En definitiva, L'Askata fue un restaurante que supo capitalizar su magnífica ubicación en la Costa Brava con una oferta gastronómica potente, centrada en arroces memorables y un producto fresco de alta calidad. Sus puntos fuertes eran claros y le valieron una clientela fiel. Sin embargo, no estuvo exento de críticas, principalmente relacionadas con la gestión del servicio en momentos de alta demanda y una política de precios que algunos consideraban elevada. Aunque ya no sea una opción disponible, su recuerdo perdura como un ejemplo de la alta cocina marinera que se podía disfrutar en El Port de la Selva, con sus virtudes y sus áreas de mejora.