La Portiella
AtrásUbicado en un entorno privilegiado de Tereñes, La Portiella fue durante años una parada casi obligatoria para quienes buscaban una experiencia gastronómica asturiana auténtica y sin pretensiones. Con más de 1500 valoraciones en línea, este establecimiento se consolidó como una referencia en la zona, aunque es importante señalar desde el principio que el restaurante ha cerrado sus puertas de forma permanente, según confirman múltiples fuentes, aparentemente debido a la jubilación de sus propietarios. Por tanto, este análisis sirve como un retrato de lo que fue un lugar muy querido por locales y visitantes.
El principal y más aclamado atributo de La Portiella no era un plato, sino su emplazamiento. Concebido como una clásica sidrería de prado, ofrecía un restaurante con vistas panorámicas absolutamente espectaculares. Desde su colina se podía disfrutar del mar Cantábrico y de la Sierra del Sueve, creando un escenario idílico, especialmente durante el atardecer. Este entorno, con un amplio prado con mesas y aparcamiento propio, lo convertía en una opción ideal para familias, ya que los niños podían jugar sin peligro mientras los adultos disfrutaban de la sobremesa.
Una Propuesta de Cocina Asturiana con Luces y Sombras
La carta de La Portiella se centraba en la comida casera y tradicional, ofreciendo raciones generosas a un precio considerado asequible (nivel de precios 1 de 4). La oferta era un reflejo fiel de la cocina asturiana, con platos que recibieron tanto elogios fervientes como críticas puntuales.
Los Platos Estrella
Entre los platos más celebrados por los comensales se encontraban varias especialidades que definían la calidad del lugar:
- Pollo al ajillo: Calificado por algunos como memorable, destacaba por estar perfectamente dorado, crujiente por fuera y jugoso por dentro, sin resultar aceitoso.
- Entrecot: Era otro de los favoritos en el apartado de carnes a la brasa, valorado por su calidad y tamaño, a menudo considerado un plato con una excelente relación calidad-precio.
- Chorizos a la sidra: Un clásico asturiano que en La Portiella recibía halagos de ser de los mejores probados por muchos clientes.
- Pescados y mariscos: La lubina era muy apreciada por su frescura y buen tamaño. Platos como los calamares y las rabas también solían recibir buenas críticas por su correcta ejecución.
- Otros destacados: La tortilla, que se podía pedir poco hecha al gusto del cliente, la ensalada de tomate con ventresca por la calidad del producto, y las carrilleras también formaban parte de la lista de aciertos.
Aspectos a Mejorar
A pesar de su popularidad, La Portiella no estaba exenta de inconsistencias. Algunos clientes señalaron experiencias menos satisfactorias con ciertos platos, lo que demuestra que, como en muchos restaurantes en Asturias con alto volumen, la regularidad podía variar.
- Mariscos: Mientras algunos mariscos eran un éxito, las gambas fueron descritas en ocasiones como “demasiado hechas” y los mejillones como “diminutos y sin gracia”.
- Postres: La tarta de queso, un postre icónico, fue uno de los puntos débiles mencionados, calificada como “mejorable”. En contraste, la tarta de naranja era recomendada como una opción fresca y ligera.
Servicio y Ambiente Familiar
El trato en La Portiella era consistentemente descrito como familiar, cercano y agradable. El personal, incluyendo a sus dueños, contribuía a crear una atmósfera acogedora. La gestión era la de un negocio tradicional, donde la profesionalidad no estaba reñida con la calidez. El local contaba con un comedor interior acristalado para disfrutar de las vistas en cualquier clima, además de la amplia terraza exterior. También disponía de acceso para personas con movilidad reducida, aunque su política sobre mascotas era restrictiva, permitiéndolas solo en una zona específica de la entrada.
La Portiella representó durante mucho tiempo una excelente opción para saber dónde comer en Ribadesella si se buscaba una combinación de comida casera, un entorno natural espectacular y precios contenidos. Su cierre deja un hueco en la oferta gastronómica de la zona, pero su recuerdo perdura en las miles de experiencias positivas de quienes disfrutaron de su mesa y sus vistas al Cantábrico.