La chopera

La chopera

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33568 Collera, Asturias, España
Restaurante
9 (15 reseñas)

En la pequeña localidad de Collera, en Asturias, existió un establecimiento que dejó una huella imborrable en la memoria de sus visitantes: La Chopera. Aunque hoy sus puertas se encuentran cerradas permanentemente, su legado perdura a través de los excelentes recuerdos de quienes tuvieron la oportunidad de disfrutar de su hospitalidad. No era simplemente un restaurante, sino una experiencia completa que combinaba alojamiento rural con una propuesta gastronómica honesta y de calidad, convirtiéndose en un refugio de tranquilidad muy apreciado en la comarca del Oriente de Asturias.

La Chopera funcionaba como un hotel rural de dos estrellas, una base de operaciones perfecta para explorar los encantos de la zona, desde las playas de Ribadesella hasta los Picos de Europa. Sin embargo, lo que realmente elevaba la experiencia, y el aspecto más elogiado por sus clientes, era el factor humano. El trato dispensado por el personal, descrito de manera unánime como inmejorable, amable, atento y excepcionalmente servicial, era el alma del negocio. Los huéspedes sentían que más que clientes, eran invitados en un hogar. Este nivel de atención personalizada es un bien escaso y fue, sin duda, la piedra angular de su éxito y de las altísimas valoraciones que recibía. Los responsables del lugar no solo se limitaban a ofrecer un servicio, sino que se implicaban activamente en que la estancia de sus visitantes fuera perfecta, ofreciendo consejos y recomendaciones sobre qué hacer y qué ver en la región, detalles que marcan la diferencia entre un buen servicio y una experiencia memorable.

Una Propuesta Gastronómica que Enamoraba

El comedor de La Chopera era un punto de encuentro fundamental, tanto para los huéspedes del hotel como para los comensales que se acercaban exclusivamente para comer o cenar. La cocina del establecimiento se basaba en la cocina tradicional asturiana, con un enfoque en la calidad del producto y en raciones generosas que satisfacían a los paladares más exigentes. Su oferta era versátil, contando tanto con una carta bien surtida como con un menú del día que ofrecía una excelente relación calidad-precio.

Entre los platos que se mencionan en las reseñas se encontraban especialidades que reflejan la riqueza de la gastronomía local. Se habla de un delicioso cachopo de merluza, fabes, y platos elaborados con queso Gamoneu. Una de las especialidades más características de la casa eran "les fabines con angulas y marisco", un plato que demuestra la ambición y el buen hacer de su cocina. Además, el restaurante contaba con servicio de parrilla, donde se podía degustar una excelente parrillada de carne. La experiencia culinaria era consistentemente calificada como "riquísima" y "abundante", dos adjetivos que definen a la perfección la comida casera asturiana cuando se ejecuta con maestría.

Un detalle que podría parecer menor pero que los huéspedes recordaban con especial cariño era el bizcocho del desayuno, descrito como "inolvidable". Este tipo de detalles son los que construyen una reputación sólida, demostrando un cuidado que va más allá de lo estrictamente necesario y que se adentra en el terreno del afecto.

Las Dos Caras de La Chopera: Lo Bueno y lo Malo

Analizar un negocio cerrado requiere una perspectiva diferente. Lo positivo es evidente y abrumador, mientras que lo negativo se vuelve más sutil o, en este caso, existencial.

Puntos Fuertes que Dejaron Huella

  • El Trato Humano: Sin lugar a dudas, su mayor activo. La amabilidad, profesionalidad y cercanía del personal convertían una simple estancia en una experiencia acogedora y familiar. Los dueños, descritos como tercera generación de hoteleros, demostraban una pasión y un orgullo por su trabajo que se contagiaba a los huéspedes.
  • Calidad Gastronómica: El restaurante ofrecía una comida casera, sabrosa y abundante, con platos representativos de la cocina tradicional asturiana. La flexibilidad de tener tanto menú como carta era un gran acierto.
  • Entorno y Tranquilidad: Ubicado en Collera, a pocos kilómetros de Ribadesella, ofrecía un ambiente rural y apacible, ideal para desconectar del ajetreo diario pero estratégicamente situado para el turismo.
  • Relación Calidad-Precio: Tanto el alojamiento como el restaurante eran considerados de precios razonables, lo que aportaba un valor añadido considerable a la excelente calidad ofrecida.

Aspectos a Considerar y el Inevitable Adiós

Encontrar puntos débiles en un lugar tan bien valorado es complejo. Las críticas negativas son prácticamente inexistentes. No obstante, se puede inferir alguna limitación inherente a su naturaleza. Un comentario mencionaba que, al estar en una zona rural, por la noche se oían los ruidos de los animales, como ladridos de perros, algo que para algunos podría ser un inconveniente, mientras que para otros forma parte del encanto del entorno. Otro huésped señaló que la selección del desayuno, aunque de gran calidad, podía ser algo repetitiva. Estas son, en cualquier caso, observaciones menores que no empañan la sobresaliente valoración general.

El verdadero y único punto negativo, el más importante de todos, es su cierre permanente. La desaparición de La Chopera no es solo el fin de un negocio, sino la pérdida de un lugar con alma para la oferta turística y gastronómica de la zona. Se desconocen las causas exactas de su cese de actividad, pero su ausencia deja un vacío para aquellos clientes leales que planeaban volver y para los futuros viajeros que ya no podrán descubrirlo. Es una lástima que un establecimiento que ejecutaba tan bien las claves de la hospitalidad —buen trato, buena comida y un entorno agradable— ya no esté disponible.

En definitiva, La Chopera de Collera fue un claro ejemplo de cómo la pasión por el servicio y el respeto por la tradición culinaria pueden crear un negocio memorable. Fue un restaurante y hotel que entendió que la hospitalidad va más allá de una cama cómoda o un plato bien cocinado; se trata de crear conexiones y recuerdos positivos. Aunque ya no es posible reservar una mesa o una habitación, el recuerdo de su excelente hacer permanece como un estándar de calidad y calidez en la hostelería asturiana.

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