La casa’l cura
AtrásEn el pequeño núcleo de Caranga de Abajo, en Asturias, existió un establecimiento que se convirtió en una parada casi obligatoria para senderistas, ciclistas y amantes de la buena mesa: La casa'l cura. Hablar de este lugar hoy implica hacerlo en pasado, ya que, para lamento de muchos de sus fieles clientes, el restaurante ha cerrado sus puertas de forma permanente. Sin embargo, su legado y la memoria de su propuesta gastronómica perduran, y es fundamental analizar qué lo convirtió en un referente y cuáles eran sus características para quienes aún buscan información sobre él.
Una propuesta gastronómica basada en la autenticidad
El principal pilar sobre el que se sustentaba el éxito de La casa'l cura era, sin duda, su cocina. Se definía por ofrecer una comida casera, honesta y profundamente arraigada en la gastronomía asturiana. Los comensales no acudían aquí en busca de técnicas vanguardistas, sino del sabor reconfortante de los platos de siempre, ejecutados con esmero y con materia prima de calidad. Las reseñas de quienes lo visitaron son unánimes en este aspecto, destacando la sensación de estar comiendo platos "hechos con cariño".
Dentro de su oferta, había varios platos estrella que generaban peregrinaciones a este rincón de Proaza. El cachopo era uno de los más aclamados. Más allá de la versión tradicional, destacaba una variante que muchos consideraban única y excepcional: el cachopo de setas. Este plato, elogiado repetidamente, demuestra una pequeña pero significativa vuelta de tuerca a una de las recetas más icónicas de la región. Además del cachopo, otros platos típicos recibían constantes elogios:
- Pote asturiano: Descrito como "riquísimo" y potente, era la opción perfecta para reponer fuerzas después de una larga caminata por la Senda del Oso.
- Cordero: Otro de los asados que se mencionaba como una apuesta segura, tierno y lleno de sabor.
La relación calidad-precio era otro de sus grandes atractivos. Con un nivel de precios catalogado como económico (1 sobre 4), permitía disfrutar de un festín de alta calidad sin que el bolsillo se resintiera. Esto lo convertía en una opción ideal para todo tipo de públicos, desde familias a grupos de amigos, consolidando su reputación como un lugar dónde comer bien y a un precio justo.
El encanto de un entorno único
La casa'l cura no era solo un lugar para alimentarse, sino para disfrutar de una experiencia completa. El establecimiento estaba ubicado en una antigua casona de pueblo, rehabilitada con acierto para su función como restaurante. Este origen le confería un carácter rústico y acogedor que lo diferenciaba de otros locales más convencionales. Sin embargo, la verdadera joya del lugar era su patio exterior.
Muchos clientes lo describen como un "jardín secreto" o un oasis de tranquilidad. Se trataba de un patio frondoso, lleno de plantas y presidido por una enorme higuera que proporcionaba una sombra generosa y agradable durante los días de verano. Comer al aire libre bajo sus ramas se convirtió en una de las señas de identidad del local. Esta terraza improvisada y natural era, para muchos, el escenario perfecto para degustar la cocina del lugar, creando una atmósfera relajada e inolvidable. Es, sin duda, uno de los restaurantes con encanto que se recuerdan en la zona.
Atención cercana y facilidades para todos
Un buen plato y un entorno agradable pueden verse empañados por un mal servicio, pero este no era el caso. La atención en La casa'l cura es otro de los puntos fuertemente positivos que se repiten en las opiniones. El trato era cercano y amable, con personal, como una empleada llamada Ángela, que recibía menciones especiales por su espectacular servicio. Incluso en momentos de máxima afluencia, el equipo se esforzaba por encontrar un hueco para quienes llegaban sin reserva, un gesto de hospitalidad muy valorado.
Además, el restaurante destacaba por sus políticas inclusivas. Era conocido por ser un establecimiento pet-friendly, permitiendo que los visitantes acompañados de sus mascotas pudieran disfrutar de la comida en el patio, algo especialmente apreciado por los excursionistas que recorren la zona con sus perros. También contaba con entrada accesible para sillas de ruedas, eliminando barreras para personas con movilidad reducida.
Los puntos débiles y la realidad actual
A pesar de la abrumadora cantidad de aspectos positivos, existía un pequeño inconveniente derivado, precisamente, de su éxito. El lugar solía estar muy concurrido, especialmente durante los fines de semana y la temporada alta. Esto hacía que fuera casi imprescindible reservar con antelación para asegurar una mesa. Llegar sin previo aviso, sobre todo si se era un grupo grande, podía suponer una larga espera o la imposibilidad de ser atendido.
Sin embargo, el mayor punto negativo, y el definitivo, es su estado actual. A pesar de que alguna información en línea pueda aparecer como "cerrado temporalmente", múltiples fuentes y testimonios de clientes habituales confirman que La casa'l cura está permanentemente cerrado. Al parecer, los propietarios se han jubilado, poniendo fin a una etapa muy celebrada. Esta es la realidad a la que se enfrentan quienes buscan hoy este establecimiento: un lugar que vive en el recuerdo y en las excelentes críticas que cosechó durante sus años de actividad.
En definitiva, La casa'l cura fue un ejemplo de cómo la combinación de una comida casera excelente, un entorno mágico y un trato humano puede crear un restaurante de éxito y un recuerdo imborrable. Aunque ya no sea posible disfrutar de su pote o de su famoso cachopo bajo la higuera, su historia sirve como modelo de la hostelería auténtica y de calidad que muchos comensales siguen buscando.