La Bechamel – Mejor Croqueta 2023
AtrásLa Bechamel, ubicado en la calle Guzmán el Bueno de Albacete, se presenta con una credencial de peso: ser el hogar de la “Mejor Croqueta de Jamón de España 2023”, un galardón obtenido por el chef Juan Monteagudo en el prestigioso congreso Madrid Fusión. Este reconocimiento genera, como es lógico, altas expectativas entre los comensales que se acercan a probar no solo su plato estrella, sino una propuesta gastronómica que busca ser un referente en la ciudad. Sin embargo, el análisis de la experiencia de numerosos clientes revela una realidad compleja, llena de contrastes entre la excelencia de su creación más famosa y una serie de deficiencias significativas en otros aspectos cruciales de un restaurante.
La Croqueta: Una Estrella Solitaria
El principal motivo de visita y el mayor punto fuerte de La Bechamel es, sin duda, su croqueta. Los clientes coinciden de forma casi unánime en que la calidad de este bocado es excepcional. La describen como una delicia, con un sabor y una textura que justifican el premio recibido. Es el estandarte de la cocina del local y el producto que satisface a quienes acuden con esa meta específica. No obstante, incluso en este punto álgido, algunos clientes señalan un detalle no menor: el tamaño. Se mencionan como croquetas “súper pequeñas”, casi de un solo bocado, lo que puede dejar una sensación agridulce, especialmente si se considera el precio y la expectativa generada. Más allá de las croquetas, otros platos de la carta reciben elogios puntuales, como es el caso del bao de chistorra, calificado como bien ejecutado y sabroso. Estos aciertos aislados demuestran que la cocina tiene capacidad para brillar, aunque no lo haga de manera consistente.
Una Experiencia Gastronómica Irregular
Cuando los clientes se aventuran más allá de las croquetas, la percepción general cambia drásticamente. Uno de los problemas más recurrentes es la irregularidad en la calidad de los platos del menú. Se reportan experiencias decepcionantes con varias elaboraciones, que contrastan fuertemente con la excelencia de su plato insignia. Por ejemplo, se ha criticado una tempura con una salsa descrita como “incomible” por su exceso de sal y con un rebozado que sugería aceite reutilizado. Otro caso son los huevos con jamón y trufa, un plato que en teoría debería ser un acierto seguro pero que fue calificado como un “desaguisado”, con una trufa mal integrada y una yema de huevo demasiado cocida. Las albóndigas tampoco salen bien paradas, con comentarios que sugieren que podrían ser de origen industrial y servidas con una salsa diferente a la prometida en la carta.
A esta inconsistencia en la calidad se suma una crítica severa sobre el tamaño de las raciones. Varios comensales han utilizado términos como “irrisorias” o “formato maqueta” para describir la cantidad de comida servida, sintiendo que el precio pagado, que en un caso ascendió a 38 euros por persona, no se correspondía en absoluto con lo que llegaba a la mesa. Esta sensación de escasez empaña la experiencia gastronómica y genera una percepción de que el restaurante no ofrece una buena relación calidad-precio.
El Talón de Aquiles: Servicio y Ambiente
Si la comida presenta altibajos, el servicio y el ambiente son señalados como los mayores puntos débiles de La Bechamel. La lentitud es la queja más repetida. Los relatos de los clientes pintan un cuadro de esperas excesivas y desorganización. Un testimonio detalla cómo, tras sentarse a las 14:30, a las 15:45 solo habían recibido las croquetas, una situación que afectaba a todas las mesas del local. Este ritmo exasperante transforma lo que debería ser un agradable almuerzo o cena en una prueba de paciencia.
A pesar de que algunos clientes salvan la amabilidad y simpatía de los camareros, el sentimiento general es de un servicio de mesa desastroso y poco profesional. Se menciona falta de limpieza, con mesas que permanecen sucias hasta que los propios clientes piden que las limpien, y una gestión caótica a la hora de pagar la cuenta.
Problemas Operativos y un Entorno Desagradable
El ambiente del local tampoco contribuye a una experiencia positiva. Las descripciones hablan de un lugar “raro”, con una acústica “terrible” que dificulta la conversación. Uno de los problemas más sorprendentes y molestos es la temperatura del comedor, con varios clientes afirmando haber tenido que comer con la chaqueta puesta debido al frío. A estos inconvenientes se suman fallos operativos básicos que denotan una falta de previsión. En más de una ocasión, los clientes se encontraron con que el datáfono no funcionaba. La alternativa ofrecida, el pago por Bizum, también falló para un grupo cuando el restaurante alcanzó el límite de transacciones permitidas, creando una situación incómoda y embarazosa a la hora de pagar. Estos detalles, aunque puedan parecer menores, erosionan la confianza y la imagen de profesionalidad del establecimiento.
¿Vale la pena la visita?
La Bechamel de Albacete es un restaurante de dos caras. Por un lado, ostenta un merecido galardón por una croqueta que parece estar a la altura de su fama. Por otro, falla estrepitosamente en aspectos fundamentales que definen una buena experiencia gastronómica. La inconsistencia de su cocina, las raciones escasas, un servicio extremadamente lento y desorganizado, y un ambiente descuidado y con fallos operativos, son factores que un cliente potencial debe sopesar seriamente. Acudir a La Bechamel puede ser una buena idea si el único objetivo es probar la famosa croqueta y se está dispuesto a tolerar posibles inconvenientes. Sin embargo, para aquellos que buscan una cena o un almuerzo completo, redondo y sin sobresaltos, la experiencia puede resultar una profunda decepción, un claro ejemplo de un concepto prometedor que, según muchos de los que lo han visitado, se queda en un “quiero y no puedo”.