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Hotel Restaurante Prado

Hotel Restaurante Prado

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Av. Buenos Aires, 1, 33720 Boal, Asturias, España
Bar Hospedaje Hotel Restaurante Restaurante asturiano
9.2 (1166 reseñas)

El Hotel Restaurante Prado ha sido durante décadas una institución en Boal, Asturias, un lugar de referencia tanto para vecinos como para viajeros que buscaban el calor de una comida casera y un trato familiar. Sin embargo, quienes busquen hoy disfrutar de su aclamada cocina se encontrarán con una noticia agridulce: el establecimiento ha cerrado sus puertas de forma permanente. Aunque la información en línea puede ser confusa, alternando entre "cerrado temporalmente" y "cerrado permanentemente", la realidad, confirmada por un comunicado de la propia familia y el sentir de sus clientes, es que el cierre es definitivo y se debe a la merecida jubilación de sus propietarios.

Un Legado de Sabor y Tradición Familiar

La historia del Prado es la de un negocio familiar que comenzó su andadura en 1960. Fundado por Felisa y Alfredo, una pareja llegada desde Galicia, el local creció desde un pequeño bar conocido como "La Petisa" hasta convertirse en el emblemático Hotel Restaurante Prado. El buen hacer de Felisa en la cocina y el don de gentes de Alfredo sentaron las bases de un éxito que más tarde continuarían su hijo José y su esposa Pili, quienes estuvieron al frente del negocio durante 40 años, manteniendo siempre la esencia de la cocina tradicional asturiana. Este profundo arraigo familiar era palpable en cada plato y en el servicio cercano que ofrecían, convirtiendo al Prado en mucho más que uno de los restaurantes de la zona; era un segundo hogar para muchos.

El Famoso Menú del Día: Calidad y Abundancia a un Precio Inmejorable

Si algo destacaba y generaba unanimidad entre los comensales era su excepcional menú del día. Con un precio de tan solo 13 euros, ofrecía una propuesta de valor que hoy en día es difícil de encontrar. Los clientes describen raciones abundantes y de una calidad sobresaliente. Platos como la fabada, calificada de "buenísima", los bocartes acompañados de patatas fritas caseras, o un sabroso chorizo, formaban parte de una oferta que incluía primer plato, segundo, postre casero e incluso bebidas. Era la demostración de que se podía ofrecer una excelente comida casera a un precio justo, un principio que mantuvieron hasta el final.

La Esencia de los Platos Típicos Asturianos

La carta del Prado era un homenaje a los sabores del occidente de Asturias y a sus raíces gallegas. La cocina tradicional era la máxima en sus fogones, donde se preparaban con esmero guisos de caza como el jabalí, además de cordero, callos o un plato muy reconocido como la oreja. Sin olvidar la cercanía del mar, el pulpo a la gallega era otra de las especialidades aclamadas. Los postres, siempre caseros, ponían el broche de oro a la experiencia: flan de café, tarta de queso, requesón con miel de Boal... cada elaboración reflejaba el compromiso con el producto local y las recetas de toda la vida. Buscar dónde comer en Boal a menudo llevaba directamente a sus puertas, precisamente por esta autenticidad.

El Servicio y el Alojamiento: Una Experiencia Completa

Más allá de la comida, el Hotel Restaurante Prado ofrecía una hospitalidad que dejaba huella. Los clientes recuerdan con cariño la amabilidad y la atención del personal, destacando a su dueño, José Luis, como una persona "muy atenta y servicial". Este trato cercano era, sin duda, uno de los grandes activos del negocio. Como alojamiento, el hotel seguía la misma línea de sencillez y calidad. Las habitaciones, descritas como acogedoras y revestidas de madera, ofrecían una estancia confortable y muy limpia a precios muy económicos, como los 40 euros por una habitación doble que mencionan algunos huéspedes. Era un lugar ideal como base para recorrer la comarca, con facilidad de aparcamiento y una ubicación céntrica en la villa.

El Punto Final: Una Jubilación Merecida

El único aspecto negativo que se puede señalar del Hotel Restaurante Prado es, precisamente, que ya no es posible disfrutar de él. El cierre no responde a una falta de éxito, sino todo lo contrario: es la culminación de una vida de trabajo. Como expresaba un cliente, "es una pena que cierren, pero a la gente le llega la edad y tiene y debe que disfrutar llegado el momento". La familia propietaria confirmó este sentimiento en un comunicado de despedida, agradeciendo el apoyo durante más de 60 años y explicando que el cierre daba paso al "descanso más que merecido" de Pili y José. Otro detalle a considerar, de cara a la accesibilidad, es que el local no disponía de entrada adaptada para sillas de ruedas, un factor limitante para algunas personas. Aun así, el legado que deja en Boal es imborrable, el de uno de los restaurantes asturianos más queridos, cuya ausencia se notará profundamente en la oferta gastronómica local.

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