Haranita
AtrásUbicado discretamente en la calle Víctor Hugo, a pocos pasos de la Gran Vía, Haranita se presenta como un bao bar que condensa la esencia de su aclamado hermano mayor, Nakeima. Este proyecto, liderado por los mismos socios, ofrece una versión más directa y accesible de su reconocida comida fusión en Madrid, manteniendo intacta la calidad y la creatividad que los caracteriza. Su local, pequeño y de atmósfera íntima, con una iluminación tenue y una barra protagonista que rodea la cocina, evoca la imagen de un club clandestino o una escena sacada de un cuadro de Edward Hopper, una experiencia que se aleja del concepto de restaurante tradicional.
La Propuesta Gastronómica: Fusión y Sabor
La carta de Haranita es breve y directa, una decisión deliberada para centrarse en la excelencia de cada plato. Los baos son, sin duda, los protagonistas indiscutibles. La masa, elaborada por ellos mismos, es frecuentemente descrita como excepcionalmente esponjosa, húmeda y etérea, proporcionando el lienzo perfecto para rellenos audaces y llenos de sabor. Entre los más celebrados se encuentra el Black Bao, un clásico heredado de Nakeima, relleno de un guiso de sepia encebollada con alioli de ajo negro que genera consenso entre los comensales. Otras opciones como el bao de ternera y pimiento o el de pollo y carabineros también reciben elogios, aunque algunos clientes señalan que el sabor del marisco puede ser demasiado intenso para ciertos paladares.
Sin embargo, la genialidad de Haranita reside en su capacidad para entrelazar la gastronomía asiática con el recetario más castizo. El ejemplo más contundente es la ensalada de callos, un plato que transforma la casquería madrileña en finos noodles, acompañados de tomates cherry, cebollitas asadas y un potente alioli de jengibre. Esta creación no solo sorprende, sino que logra conquistar incluso a aquellos que no son aficionados a los callos. Siguiendo esta línea de restaurantes de fusión, encontramos el Cochifrito, una vuelta de tuerca al cerdo agridulce, o el Torrezno Pekín, una elaboración que requiere dos días de preparación para alcanzar su punto perfecto.
Más allá de los baos, la oferta se complementa con entrantes como los Siu Mai de papada, jugosos y adictivos, y el Katsu Sando. Este último es alabado por la jugosidad y el crujiente del contramuslo de pollo, aunque algunos comensales han criticado que el pan de molde, en ocasiones sin tostar, no está a la altura del resto del conjunto.
Postres y Bebidas: Un Final Diferente
La experiencia en Haranita no estaría completa sin sus postres. El Squirty Bao, un esponjoso bao relleno de yema de huevo fluida, es una bomba dulce que se ha convertido en una de las estrellas de la carta. El sándwich de mango es otra opción refrescante y bien equilibrada. No obstante, algunos postres, como el Squanchy de chocolate, han sido criticados por su tamaño, considerado escaso por algunos clientes. En cuanto a las bebidas, la propuesta es particular: la carta se centra casi exclusivamente en cervezas, refrescos y una selección de champagnes y espumosos a precios ajustados, una decisión que busca maridar con la intensidad de los sabores y limpiar el paladar entre bocados.
El Ambiente y el Servicio: Puntos a Considerar
El espacio de Haranita es reducido, con pocas mesas, algunas de ellas altas, y una barra que invita a observar el trabajo en cocina. Este formato íntimo y su creciente popularidad hacen que reservar sea prácticamente imprescindible para asegurar un sitio. Los clientes describen el servicio como atento, amable y rápido, contribuyendo a una experiencia fluida a pesar de la alta rotación que busca el local. La cocina, con horario ininterrumpido durante gran parte de la semana, ofrece flexibilidad para quienes buscan dónde comer en Chueca fuera de los horarios convencionales.
Aspectos Menos Positivos
A pesar de la alta valoración general, existen algunos puntos que los potenciales clientes deben tener en cuenta. La popularidad del local puede llevar a que algunos platos de la carta se agoten. La experiencia de bienvenida, como una sopa fría servida en invierno, ha resultado desconcertante para algunos visitantes, quienes la percibieron como un detalle fuera de lugar y de sabor industrial. Además, la acústica del local, con música presente, y un ambiente que puede sentirse algo frío según algunas opiniones, podrían no ser del gusto de todos. El hecho de que no ofrezcan servicio de entrega a domicilio ni para llevar limita las opciones para disfrutar de su cocina fuera del establecimiento.
Relación Calidad-Precio
Haranita se posiciona como uno de los restaurantes asiáticos en Madrid con una excelente relación calidad-precio. Un ticket medio puede rondar los 30-40 euros por persona, permitiendo disfrutar de una cena variada, creativa y de alta calidad sin un desembolso excesivo. Platos como el Siu Mai por 5€ o los baos por 4€ hacen que la propuesta sea accesible y atractiva para un público amplio que busca una cena original en Madrid.