Es Codol Foradat
AtrásSituado en una de las localizaciones más codiciadas de Formentera, la Platja de Migjorn, Es Codol Foradat se consolidó durante años como un referente de la comida isleña. Su etapa más reciente, y posiblemente la más mediática, estuvo bajo la dirección del aclamado chef Nandu Jubany, galardonado con una estrella Michelin. Esta asociación, que comenzó en 2020, elevó las expectativas y transformó el clásico chiringuito en un destino gastronómico de alto nivel. Sin embargo, es crucial señalar que, según la información disponible, el restaurante se encuentra permanentemente cerrado, por lo que este análisis sirve como una retrospectiva de lo que fue una propuesta culinaria llena de contrastes.
El principal atractivo de Es Codol Foradat siempre fue su entorno. Comer prácticamente con los pies en la arena, con vistas directas al mar turquesa de Migjorn, es una experiencia que define la esencia de Formentera. Bajo la gestión de Jubany, el espacio fue renovado por su hijo, Eudald, manteniendo una estética de simplicidad con madera y mimbre que cedía todo el protagonismo al paisaje y, por supuesto, al plato. Este escenario idílico era, sin duda, una de sus mayores fortalezas y justificaba, en parte, el posicionamiento prémium del establecimiento.
La Propuesta Gastronómica: Entre la Excelencia y la Decepción
La carta de Es Codol Foradat, bajo la firma de Jubany, buscaba ser un homenaje al producto local y a las recetas tradicionales de la isla, pero con un toque contemporáneo. La filosofía era clara: una cocina sin grandes artificios, donde la calidad de la materia prima era la protagonista. Este enfoque se traducía en platos que, cuando se ejecutaban correctamente, generaban alabanzas unánimes.
- Los Aciertos: Varios platos se convirtieron en insignias del lugar. El arroz de gamba roja era frecuentemente descrito como "buenísimo", y la langosta frita con huevos y patatas era considerada por algunos como la mejor de la isla. El pescado fresco a la brasa y el marisco de alta calidad, como el carpaccio de atún rojo o las gambitas fritas, también recibían excelentes críticas. Mención especial merecían los mejillones thai, cuya salsa era calificada como extraordinaria y adictiva.
- Las Críticas: No obstante, la experiencia no era consistentemente perfecta. Varios clientes señalaron una notable irregularidad en la cocina. Platos que prometían mucho, como la ensaladilla con gamba roja, a menudo dejaban una impresión de simpleza que no correspondía a su elevado precio (reportado en 52€). La ventresca de atún (60€) fue criticada por un exceso de aceite que enmascaraba la calidad del producto o por estar demasiado salada. Los calamares crujientes fueron descritos como aceitosos, y las croquetas de gamba roja, aunque de buena textura, carecían de la intensidad de sabor esperada.
Esta dualidad generaba opiniones polarizadas. Mientras unos vivían una experiencia culinaria memorable, otros sentían que la ejecución no estaba a la altura de la fama del chef ni del coste de la cuenta, describiendo su visita como una "expectativa que se convirtió en decepción".
El Debate de los Precios: ¿Lujo Justificado?
El aspecto más controvertido de Es Codol Foradat era, sin lugar a dudas, sus precios. Calificado por muchos como "excesivo" y "exagerado", el coste de la experiencia era un factor determinante. Se reportaron precios como 12€ por un trozo de pan con alioli (6€ por persona), 70€ por una jarra de sangría de cava o 60€ por una ventresca de atún. Estos importes situaban al restaurante en el segmento más alto de la isla, accesible solo "para bolsillos desahogados", con un gasto medio que fácilmente podía oscilar entre los 100€ y 200€ por comensal.
Aquí radicaba el principal punto de fricción. Para algunos clientes, la combinación de un entorno paradisíaco, un servicio atento y profesional y una materia prima de primera calidad justificaba el desembolso. Lo veían como un homenaje que "merece la pena el esfuerzo". Para otros, sin embargo, la relación calidad-precio no era coherente. Sentían que pagaban un sobrecoste por la ubicación y la firma de Jubany que la calidad de ciertos platos no respaldaba, llegando a percibirlo casi como un "timo". Esta percepción se agravaba cuando la ejecución de la comida no era impecable, convirtiendo lo que debía ser un lujo en una fuente de descontento.
Servicio y Ambiente
En general, el servicio recibía valoraciones muy positivas. El personal era descrito como atento, profesional y amable, contribuyendo a una experiencia agradable. La presencia de uno de los hijos de Nandu Jubany en sala añadía un toque personal, mostrando cercanía y disposición para explicar los detalles de la oferta culinaria. Este alto nivel de atención era uno de los puntos fuertes consistentes del restaurante. El ambiente, por su parte, dependía del día. En momentos de alta afluencia, era vibrante y animado, pero en noches más tranquilas, algunos clientes mencionaban una atmósfera algo desangelada, con pocas mesas ocupadas, lo que podía restar encanto a la velada.
Es Codol Foradat durante la era Jubany fue un lugar de contrastes marcados. Ofrecía una de las ubicaciones más espectaculares de Formentera y un servicio a la altura, pero su propuesta gastronómica, aunque basada en un producto excelente, presentaba una irregularidad que, combinada con unos precios considerados por muchos como desorbitados, generaba un intenso debate sobre su verdadero valor. Su cierre marca el fin de un capítulo notable en la escena de los restaurantes de la isla, dejando el recuerdo de una experiencia que podía ser sublime o decepcionante, pero que raramente dejaba indiferente.