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Ermita Herrera de los Navarros

Ermita Herrera de los Navarros

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Ermita de nuestra señora de, 50150 Zaragoza, España
Restaurante
9.2 (75 reseñas)

Un enclave con historia y sabor que ha cerrado sus puertas

El restaurante de la Ermita de Herrera de los Navarros representaba una propuesta singular en la provincia de Zaragoza, un lugar donde la gastronomía tradicional se fusionaba con un entorno natural e histórico privilegiado. Situado a unos impresionantes 1350 metros de altitud, este establecimiento ofrecía mucho más que una simple comida; prometía una experiencia completa. Sin embargo, es fundamental que los potenciales visitantes sepan que, a pesar de la información contradictoria que pueda existir, los datos más recientes y el propio listado de Google indican que el negocio se encuentra permanentemente cerrado. Esta reseña, por tanto, sirve como un análisis de lo que fue y de los factores que lo convirtieron en un destino memorable para muchos, así como de las críticas que recibió.

El entorno: el verdadero protagonista

El principal atractivo del restaurante era, sin duda, su espectacular ubicación. Formaba parte del complejo del Santuario de la Virgen de Herrera, un lugar de gran devoción para los pueblos de la comarca. La historia del santuario, que data de los siglos XVII y XVIII, está impregnada de leyenda, como la que cuenta la aparición de la virgen a un carbonero llamado Martín. Este contexto histórico y espiritual añadía una capa de profundidad a la visita. Los comensales no solo acudían para disfrutar de una comida española, sino para contemplar las vistas panorámicas desde su mirador, que en días despejados permitían divisar territorios de varias comarcas, incluyendo las sierras ibéricas de Zaragoza y Teruel. El acceso, a través de una carretera asfaltada que asciende por la sierra, ya era parte de la aventura, ya fuera en coche, en bicicleta o a pie, culminando en una recompensa culinaria en la cima.

La oferta gastronómica: especialidad en brasas con opiniones divididas

El menú del restaurante se centraba en la cocina rústica y contundente, ideal para reponer fuerzas tras el ascenso. La gran especialidad era la carne a la brasa, preparada en una barbacoa exterior que se convertía en el centro de la actividad. La oferta más común, especialmente para quienes llegaban sin haber concertado una visita, era una parrillada de carne acompañada de una ensalada. Esta parrillada solía incluir productos como morcilla, longaniza y panceta, junto con patatas asadas. Además, para quienes planificaban con antelación, el restaurante ofrecía otras opciones como paellas, ampliando así el abanico para encontrar dónde comer. También se mencionan almuerzos más sencillos pero igualmente reconfortantes, como huevos fritos con patatas y embutido, una opción muy popular entre excursionistas.

A pesar de la popularidad de su propuesta, la calidad de la comida generaba opiniones contrapuestas. Mientras algunos clientes calificaban la experiencia como excelente y destacaban el buen sabor de los platos, otros se mostraban más críticos. Una de las reseñas más detalladas califica la calidad de la carne como "mala", aunque salvaba la longaniza y la panceta. Esta inconsistencia en la calidad parece haber sido uno de sus puntos débiles, un factor importante para cualquiera que busque comer bien.

Servicio, precios y la importancia de reservar

El trato al cliente recibía, en general, comentarios positivos. Los visitantes solían describir la atención como correcta y al personal como amable y servicial. Sin embargo, también existían críticas puntuales sobre cierta desorganización, como dificultades para gestionar un pedido de comida para llevar.

El precio era otro de los aspectos que generaba debate. Varios comensales consideraban que la relación calidad-precio era algo elevada. Un coste aproximado de 20 a 25 euros por persona por una parrillada y ensalada, sin incluir bebida ni postre, era percibido como "un poco caro" por algunos clientes. Este punto es crucial, ya que muchos buscan opciones para comer bien y barato, y este establecimiento parecía posicionarse en un rango de precio medio-alto para su tipo de oferta.

Un consejo recurrente entre los antiguos clientes era la necesidad de reservar restaurante con antelación. Aquellos que llegaban sin reserva se encontraban con una oferta muy limitada, restringida casi exclusivamente a la parrillada. La reserva no solo garantizaba una mesa, sino también el acceso a una mayor variedad de platos, como las paellas, permitiendo una experiencia más completa.

Un complejo turístico en desarrollo y un futuro incierto

Las reseñas mencionan un proyecto para crear un complejo turístico más grande en la zona, incluyendo una hospedería con apartamentos y habitaciones para acoger a un mayor número de visitantes. La existencia de este plan podría estar relacionada con el cierre del restaurante, quizás como paso previo a una reforma integral o un cambio de gestión. En la actualidad, aunque el restaurante está cerrado, la ermita sigue siendo un destino popular para excursiones y la hospedería podría seguir operativa de forma estacional. El encanto del lugar persiste, aunque su faceta gastronómica, al menos por ahora, se encuentra en pausa.

el restaurante de la Ermita de Herrera de los Navarros fue un establecimiento definido por su ubicación única y sus vistas inmejorables. Su propuesta de comida española a la brasa atrajo a numerosos visitantes, aunque la experiencia se veía matizada por una calidad a veces irregular y unos precios que no todos consideraban ajustados. Su cierre permanente marca el fin de una etapa para este emblemático lugar, dejando en el recuerdo de sus visitantes la combinación de naturaleza, historia y gastronomía aragonesa.

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