El Rancho de Nacho
AtrásSituado en un enclave natural absolutamente privilegiado, junto a la Playa de Guadamía y a escasos pasos del impresionante espectáculo de los Bufones de Pría, El Rancho de Nacho fue, hasta su cierre definitivo, un establecimiento que basó su principal atractivo en su localización. Concebido más como un merendero o chiringuito que como un restaurante tradicional, ofrecía a los visitantes un lugar perfecto para hacer una pausa, refrescarse y disfrutar de unas vistas espectaculares en plena naturaleza asturiana.
Es importante señalar desde el principio que este negocio figura como cerrado permanentemente, por lo que este análisis sirve como una retrospectiva de lo que fue y de las opiniones que generó durante su actividad. Su propuesta no era la de una alta gastronomía, sino la de un punto de encuentro informal para quienes recorrían la popular ruta costera.
Un Entorno Inmejorable como Principal Atractivo
El punto más fuerte y consistentemente elogiado de El Rancho de Nacho era, sin duda, su ubicación. Para los turistas y senderistas que acudían a presenciar la fuerza del mar en los bufones, este lugar era una parada casi obligada. Ofrecía un espacio amplio, con mesas de merendero y un prado donde los niños podían jugar, todo ello con el Cantábrico de fondo. El ambiente era descrito como relajado, con música y cócteles que le daban un aire chill out, ideal para tomar algo después de una caminata. El servicio, según múltiples opiniones, era otro de sus puntos positivos; sin ofrecer atención en mesa, el personal de la barra era recordado por un trato cercano, amable y familiar, haciendo que muchos clientes se sintieran bienvenidos con solo pedir unas cervezas o sidras, siempre servidas bien frías.
La Oferta Gastronómica: Un Abanico de Luces y Sombras
Al analizar la carta y los platos que se servían, las opiniones se vuelven mucho más dispares. El Rancho de Nacho proponía una oferta sencilla, pensada para un consumo rápido y sin complicaciones, pero con una calidad que variaba notablemente de un plato a otro.
Lo que solía funcionar
Dentro de su menú, algunos productos recibían buenas críticas. La hamburguesa de carne de cerdo, por ejemplo, era descrita como muy sabrosa. Los mejillones también eran destacados por su buen tamaño y sabor. En general, el local cumplía su función si lo que se buscaba era un lugar para picar algo sencillo, como snacks o unas raciones sin mayores pretensiones.
Los puntos débiles en la cocina
Sin embargo, la experiencia culinaria podía ser decepcionante. Varios clientes señalaron inconsistencias que empañaban la visita. A continuación, se detallan los aspectos más criticados:
- Precios desorbitados en ciertos platos: El caso más flagrante era el de los calamares. Una ración, calificada por un cliente como "minúscula", podía costar 20€, un precio considerado excesivo y fuera de lugar para el tipo de establecimiento y la cantidad ofrecida.
- Calidad irregular: Mientras unos platos eran correctos, otros dejaban mucho que desear. La pizza era calificada de "floja", las patatas fritas de "reguleras" y el café, un elemento básico, fue descrito como "quemado y malísimo" en más de una ocasión.
- Opciones limitadas: La carta era bastante reducida. Antiguamente ofrecían bocadillos, una opción lógica para su ubicación, pero en su última etapa ya no estaban disponibles, limitando aún más las alternativas para comer. Incluso la composición de la hamburguesa, aunque sabrosa, era criticada por su escasez de acompañamiento: una sola hoja de lechuga y una rodaja de tomate.
¿Un Lugar para Comer o para Beber?
La conclusión a la que llegaban muchos de sus visitantes era clara: El Rancho de Nacho era un sitio excepcional para tomar algo, pero no tanto para realizar una comida principal. Era el lugar perfecto para disfrutar de una sidra, una cerveza fría o un cóctel en un entorno idílico, pero quienes buscaban dónde comer bien en la zona de Llanes podían sentirse defraudados si sus expectativas eran altas. La falta de servicio de mesas reforzaba su carácter de chiringuito de autoservicio, algo que los potenciales clientes debían saber de antemano. fue un negocio cuya propuesta de valor se inclinaba abrumadoramente hacia la experiencia del entorno por encima de la experiencia gastronómica.