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El Limonar de Novales

El Limonar de Novales

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Barrio De Hondal, 45, 39526 Novales, Cantabria, España
Restaurante Restaurante de cocina española
8 (890 reseñas)

El Limonar de Novales fue durante años una parada conocida para quienes buscaban restaurantes en la zona de Alfoz de Lloredo, en Cantabria. Situado en el Barrio De Hondal, este establecimiento, hoy cerrado permanentemente, dejó una huella compleja en la memoria de sus comensales. Su historia, contada a través de las opiniones de quienes se sentaron a sus mesas, es un relato de picos de excelencia culinaria y valles de decepción, un reflejo de la difícil consistencia que exige el mundo de la restauración.

Para muchos, El Limonar era sinónimo de raciones abundantes y comida casera de calidad a un precio muy competitivo. Las reseñas positivas pintan un cuadro de un lugar familiar e informal, con aparcamiento propio y un servicio amable que hacía sentir a los clientes como en casa. Era el tipo de sitio al que se acudía en familia o con amigos para disfrutar de una comida contundente y sabrosa sin grandes pretensiones, pero con la garantía de un producto bien tratado.

La especialidad que creaba leyendas: el cachopo

Si había un plato que definía la propuesta gastronómica de El Limonar, ese era el cachopo. Las descripciones hablan de una creación de tamaño descomunal, especialmente la versión rellena de cecina y queso de cabra. No era un plato para una sola persona, sino una experiencia para compartir que generaba conversación y sorpresa. Los clientes más avezados sabían que era conveniente mencionarlo al hacer la reserva para asegurarse su disponibilidad, un detalle que evidencia la alta demanda y el carácter casi artesanal de su preparación. Este plato por sí solo colocaba al restaurante en el mapa de dónde comer bien en la región, atrayendo a devotos de esta especialidad astur-cántabra.

Un desfile de platos marineros y tradicionales

Más allá de su plato estrella, la carta de El Limonar destacaba por su fuerte anclaje en la cocina tradicional y los productos del mar Cantábrico. Platos como el arroz con bogavante eran muy celebrados, al igual que el bogavante a la plancha, cuyo sabor era descrito como espectacular. El marisco fresco era protagonista en muchas de sus elaboraciones más aplaudidas:

  • Pulpo: Servido en raciones generosas, se destacaba por estar cocinado en su punto justo de terneza y sabor.
  • Rabas: Un clásico de Cantabria que aquí, según los comensales, cumplía con creces las expectativas.
  • Croquetas de carabineros: Una opción más sofisticada que demostraba la capacidad de la cocina para ir más allá de lo básico.
  • Chipirones a la plancha: A menudo ofrecidos fuera de carta, eran una muestra del producto fresco del día.
  • Langostinos en gabardina: Otro clásico que evocaba una cocina familiar y sin complicaciones.

Los postres también tenían sus momentos de gloria. La leche frita era calificada por algunos como "excepcional", un final perfecto para una comida copiosa, mientras que la tarta de la abuela también recogía elogios. Este conjunto de platos típicos consolidaba su reputación como un lugar de confianza para disfrutar de la gastronomía local.

La otra cara de la moneda: inconsistencia y declive

Sin embargo, no todas las experiencias en El Limonar de Novales fueron positivas. Una corriente de opiniones muy críticas revela una inconsistencia que pudo haber sido premonitoria de su cierre definitivo. La crítica más dura apunta a una experiencia que contrasta radicalmente con los elogios. Se mencionan raciones pequeñas y precios más elevados que en otros locales de la zona, una afirmación que choca directamente con la percepción general de restaurante barato y generoso.

Uno de los incidentes más reveladores fue el relacionado con su famoso cachopo. Un cliente relata cómo, tras pedirlo, se le informó de que no quedaban, solo para ver cómo, poco después, el plato era servido en otras mesas. Este tipo de situaciones generan una profunda desconfianza y sugieren problemas de gestión o un trato desigual hacia la clientela. Además, se reportaron problemas de calidad en otros productos, como un vino clarete en mal estado o una tarta de queso quemada, fallos que empañan la reputación de cualquier establecimiento.

¿Un cambio de rumbo?

Una de las reseñas negativas menciona un nombre, "Sergio", y afirma que, bajo su anterior gestión, el restaurante era "mucho mejor". Este dato es significativo, ya que sugiere que un cambio en la dirección o en la cocina pudo haber afectado a la calidad y al servicio, llevando al local por una senda de irregularidad. Mientras unos clientes vivían una experiencia culinaria memorable, otros se marchaban decepcionados, sintiendo que la fama del lugar ya no se correspondía con la realidad. La ausencia de un menú del día, algo habitual en los restaurantes de su categoría, también fue un punto negativo para algunos visitantes que buscaban una opción más estructurada y económica.

En retrospectiva, El Limonar de Novales representa una dualidad. Por un lado, fue un bastión de la comida casera, un lugar recordado con cariño por sus platos icónicos y su ambiente familiar. Por otro, su historia está marcada por una inconsistencia que finalmente pudo haber contribuido a su desaparición. Hoy, aunque sus puertas están cerradas, su legado perdura como un ejemplo de cómo la excelencia culinaria debe ir siempre de la mano de la consistencia en el servicio y la calidad para sobrevivir en el competitivo sector de la restauración.

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