El Capricho de Montejo
AtrásEl Capricho de Montejo fue una parada gastronómica de referencia en la Sierra Norte de Madrid que, para lamento de muchos de sus clientes habituales y visitantes esporádicos, ha cerrado sus puertas de forma permanente. A pesar de su cierre, su legado perdura en las más de 400 reseñas que le otorgaron una calificación casi perfecta de 4.8 sobre 5, un testimonio del impacto que tuvo en quienes buscaban un buen lugar dónde comer en la zona. Este análisis se adentra en lo que hizo de este restaurante un lugar tan especial, así como en los aspectos que, según algunos comensales, podrían haber mejorado, basándose en la experiencia compartida por su clientela.
Una Propuesta Gastronómica Contundente y de Calidad
El pilar fundamental del éxito de El Capricho de Montejo era, sin duda, su cocina. La oferta se centraba en una comida casera bien ejecutada, con raciones muy generosas que aseguraban una excelente relación entre calidad, cantidad y precio. Los clientes destacaban de forma recurrente ciertos platos que se convirtieron en insignia del lugar, demostrando un dominio de la cocina tradicional española con toques distintivos.
Los Platos Estrella de la Carta
Entre los platos más aclamados se encontraba el cachopo, una especialidad asturiana que el restaurante supo hacer suya. Las reseñas lo describen como un plato de tamaño considerable, tanto que algunos clientes no lograban terminarlo y el personal amablemente ofrecía la posibilidad de llevarlo a casa. Una de sus versiones más celebradas era el cachopo con cecina de León, un ingrediente que aportaba un plus de sabor y calidad. Este plato no solo satisfacía por su tamaño, sino también por su cuidada elaboración, convirtiéndose en una recomendación segura para los amantes de la carne.
Otro de los grandes protagonistas de su menú eran los judiones. Lejos de ofrecer una única versión, El Capricho de Montejo presentaba variantes que demostraban creatividad. Se mencionan los judiones con nécora y bogavante, una combinación de legumbre y marisco que sorprendía por su potencia y sabor. También ofrecían una alternativa para quienes preferían opciones vegetales, con unos judiones con shiitake y tomate que eran igualmente elogiados. Esta versatilidad en un plato tan clásico de la gastronomía de la sierra era uno de sus grandes aciertos.
Más allá de estos dos gigantes de su carta, otros entrantes y principales recibían grandes elogios:
- Croquetas caseras: Especialmente las de queso de cabra y membrillo, una combinación agridulce que muchos calificaban de espectacular.
- Gyozas: Un plato de inspiración asiática que demostraba la capacidad de la cocina para incorporar con éxito elementos de otras culturas culinarias.
- Aperitivo de la casa: Los comensales solían recibir un detalle de bienvenida como el humus de garbanzos de cocido, un gesto que era muy apreciado y que desde el inicio marcaba un alto nivel de atención.
Los Postres Caseros: El Broche de Oro
La experiencia no terminaba con los platos principales. Los postres caseros eran otro de los puntos fuertes. La tarta de queso recibía una descripción muy particular: "muy queso, queso", indicando una receta auténtica, con sabor intenso y alejada de las versiones más industriales. El tiramisú también se contaba entre los favoritos, consolidando una oferta de postres que mantenía el nivel de calidad del resto de la comida.
El Servicio y el Ambiente: Calidez con Matices
Un buen restaurante no solo se construye con buena comida, y en El Capricho de Montejo el trato humano jugaba un papel crucial. La mayoría de las opiniones describen al personal, y en particular a una camarera llamada Cristina, como extremadamente amables, atentos y profesionales. Este servicio cercano y eficiente contribuía a que la experiencia fuera redonda y dejara un grato recuerdo en los visitantes, muchos de los cuales afirmaban que repetirían "sin lugar a dudas".
Además, el establecimiento contaba con detalles que lo hacían muy atractivo para diferentes perfiles de clientes. Era un lugar familiar, como demuestra el hecho de que dispusieran de tronas portátiles para niños. También destacaba por ser un restaurante que admitía mascotas en su planta inferior, un punto muy a favor para los numerosos excursionistas y viajeros que visitan la sierra acompañados de sus animales.
Aspectos a Mejorar: Una Mirada Crítica
A pesar de la abrumadora cantidad de comentarios positivos, la objetividad requiere señalar también las críticas constructivas. Algunos clientes mencionaron que la decoración o el mantenimiento de ciertas zonas, como uno de los salones, parecía "un poco descuidado". Esto sugiere que, si bien la prioridad era la excelencia en la cocina y el trato, el ambiente físico del local podría no haber estado a la misma altura para todos.
Otro punto señalado fue un incidente puntual relacionado con la gestión del servicio. Un comensal relató su descontento al observar cómo se atendió a una mesa que llegó más tarde simplemente porque manifestaron tener prisa, sin respetar el orden de llegada. Si bien parece ser un hecho aislado, es un detalle que empañó la experiencia de ese cliente. Finalmente, la política de horarios era estricta: el restaurante no abría sus puertas antes de las 14:00 horas, sin importar las condiciones meteorológicas. Esta rigidez podía resultar incómoda para quienes llegaban con antelación a su reserva, especialmente en días de lluvia o frío.
de un Legado Cerrado
El Capricho de Montejo representaba un modelo de negocio hostelero basado en una cocina honesta, abundante y sabrosa, donde los platos tradicionales se servían con orgullo y un toque de originalidad. Su cierre definitivo deja un vacío en la oferta de restaurantes de Montejo de la Sierra. Fue un lugar que supo conquistar a su público gracias a la calidad de su comida, la generosidad de sus raciones y un trato mayoritariamente cercano y familiar. Aunque ya no es posible reservar una mesa, su historia, contada a través de las experiencias de sus clientes, lo recuerda como un capricho gastronómico que valía la pena darse.