El Capricho
AtrásEl Capricho se presenta en Madrid como la embajada de un auténtico templo carnívoro, la aclamada bodega de Jiménez de Jamuz (León), reconocida internacionalmente por ofrecer la que muchos consideran la mejor carne de buey del mundo. La propuesta es clara: traer a la capital una experiencia gastronómica de producto puro y excelso, centrada en cortes de buey criados y madurados con una filosofía casi reverencial por su propietario, José Gordón. Sin embargo, la experiencia en su sede madrileña parece ser una de contrastes, donde un producto sublime a menudo choca con una ejecución de servicio que no siempre está a la altura.
La excelencia innegable del producto
El punto fuerte indiscutible de El Capricho es, sin lugar a dudas, la materia prima. Los comensales que acuden en busca de una experiencia carnívora de primer nivel encuentran aquí un producto que roza la perfección. Las reseñas, incluso las más críticas, coinciden en alabar la calidad de sus platos. La cecina de buey es descrita como "simplemente espectacular", un entrante inevitable para entender la profundidad de sabor que se puede alcanzar. Lo mismo ocurre con el tuétano, calificado como "contundente pero con mucho sabor", y los callos de buey, considerados "muy buenos".
El plato estrella, el chuletón de buey, cumple con las altísimas expectativas. Se mencionan cortes exclusivos como el de raza Barrosa, a un precio de 190€/kg, descrito como una carne "realmente exquisita con un sabor increíble". La calidad es tan consistente que una de las opiniones resume el sentir general afirmando que "toda la comida es excelente". Este es un restaurante de carne para puristas, un lugar donde el culto al buey se materializa en cada bocado, desde la morcilla hasta las mollejas.
Un entorno que acompaña
Además de la comida, el espacio físico recibe comentarios positivos. El entorno es calificado como "bonito", lo que sugiere que el restaurante ha cuidado la atmósfera para que la degustación se realice en un ambiente agradable y adecuado para una comida de alto calibre. Esto, en principio, prepara el escenario para una velada memorable.
Los puntos débiles: servicio y relación calidad-precio
Lamentablemente, la excelencia del producto se ve empañada por críticas recurrentes y consistentes hacia el servicio. Varios clientes reportan una experiencia "decepcionante" debido a un servicio que califican de "nefasto". La lentitud es el problema más señalado: un comensal detalla una comida de casi tres horas y media, con esperas de más de 40 minutos para ser sentado y casi una hora adicional para recibir el primer entrante. Otro grupo de ocho personas tuvo que pedir repetidamente básicos como el vino, el agua y el pan, y vio cómo sus entrantes llegaban de uno en uno a pesar de haber solicitado lo contrario.
Más preocupante aún para un asador de esta especialización es la aparente falta de conocimiento del personal. Un cliente relata cómo, al preguntar por las diferencias entre los tipos de carne, el camarero se limitó a repetir la descripción de la carta y a resumir la elección entre "buena, mejor y mucho mejor". Esta falta de formación es un fallo crítico cuando se maneja un producto tan exclusivo y de tan alto coste, dejando a los clientes eligiendo "totalmente a ciegas".
El precio y los detalles que marcan la diferencia
El coste elevado es otro punto de fricción. Si bien se espera un precio alto por un producto premium, la percepción de valor se resiente. Una pareja gastó 114€ en una cena con raciones que consideraron "bastante vacías". El ejemplo más gráfico fue un plato de mar y tierra donde la porción de atún era "ridícula" y apenas visible. En un restaurante de este nivel, los detalles importan, y la falta de ellos se nota. Un grupo que acumuló una cuenta de 1000€ señaló la ausencia de un gesto tan simple como ofrecer un chupito de cortesía, un detalle que, aunque pequeño, habla del nivel de hospitalidad del establecimiento.
Experiencias alternativas: el menú del día y las tapas
Curiosamente, no todas las experiencias son negativas. Parece existir una clara diferencia entre el servicio de carta en el comedor principal y otras modalidades más informales. Una opinión de cinco estrellas destaca el "servicio en la terraza inmejorable" al disfrutar de un menú del día a un precio muy competitivo de 13€, con comida "bien elaborada". Otra reseña positiva proviene de una visita para tomar tapas después del trabajo. Aunque menciona que "el personal a veces debería ser más amable", la valoración general fue muy buena. Esto sugiere que El Capricho puede ofrecer diferentes caras, siendo las opciones más asequibles y casuales, paradójicamente, las que reciben un mejor servicio.
para el comensal
Visitar El Capricho en Madrid es una decisión que debe tomarse conociendo sus dos facetas. Si tu objetivo principal es probar una de las mejores carnes a la parrilla del mundo y estás dispuesto a que el producto sea el único protagonista, probablemente saldrás satisfecho. La calidad de su buey es excepcional y justifica su fama. Sin embargo, si esperas que una cuenta elevada venga acompañada de un servicio impecable, atento y conocedor, corres un riesgo considerable de salir decepcionado. Los fallos en la atención y la lentitud son demasiado frecuentes como para ser ignorados. Quizás la forma más inteligente de acercarse a El Capricho sea empezar por su terraza o su barra, donde la relación calidad-precio y el servicio parecen estar mejor equilibrados, antes de decidir si se da el paso a la experiencia completa de su comedor.