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Chigre El Vikingo

Chigre El Vikingo

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QU-3, 27, 33118 Santa Marina, Asturias, España
Bar Pizzería Restaurante Restaurante asturiano
9 (111 reseñas)

Hay lugares que, a pesar de haber cerrado sus puertas definitivamente, perviven en el recuerdo de quienes los visitaron. Chigre El Vikingo, en Santa Marina de Quirós, Asturias, es uno de esos establecimientos. No era un simple bar de tapas; fue durante años un punto de encuentro y un refugio culinario para senderistas, ciclistas, moteros y locales que encontraban en su pequeña estructura un final perfecto para una jornada en la naturaleza. Su cierre permanente deja un vacío en uno de los ramales de la famosa Senda del Oso, una de las vías verdes más transitadas de España.

Un enclave estratégico y una propuesta honesta

El principal atractivo de Chigre El Vikingo era, sin duda, su ubicación. Situado justo al final de uno de los tramos del concejo de Quirós de la Senda del Oso, se convertía en la parada casi obligatoria para reponer fuerzas. Después de kilómetros de pedaleo o caminata, su terraza ofrecía unas vistas y una calma que sabían a gloria. Este posicionamiento lo convirtió en un referente para quienes buscaban dónde comer tras la actividad física, un lugar para relajarse con un tinto de verano, una cerveza fría y una buena tapa, como recordaban algunos de sus antiguos clientes.

La oferta gastronómica era otro de sus pilares. Lejos de pretensiones, El Vikingo se centraba en la comida casera, abundante y a precios muy competitivos. Con una calificación media de 4.5 estrellas sobre 5, basada en más de 70 opiniones, queda claro que su cocina conquistaba. Platos como sus famosas albóndigas, la contundente fabada asturiana, los callos, la morcilla de Burgos o unas simples pero deliciosas hamburguesas formaban parte de un menú diseñado para satisfacer el apetito más voraz. Era la esencia de la cocina asturiana tradicional, servida sin adornos pero con mucho sabor. Un detalle que muchos recordarán era su menú del día de fin de semana por tan solo 12 euros, una cifra que hoy parece casi increíble y que demostraba su filosofía de ofrecer calidad a un precio justo.

Lo bueno: más allá de la comida

Quienes pasaron por Chigre El Vikingo destacan casi unánimemente la calidez del trato. La atención era descrita como cercana, amable y agradable, un valor añadido que lograba que los comensales se sintieran como en casa. Incluso en momentos de mucho ajetreo, cuando el pequeño local se veía desbordado por la afluencia de turistas, el buen trato prevalecía. Esta atmósfera acogedora lo convirtió en uno de esos restaurantes con encanto que no se definen por su lujo, sino por su autenticidad.

Además de los senderistas, el local era un punto de encuentro para moteros, que encontraban en él un ambiente ideal para sus paradas en ruta. Era un espacio democrático donde convivían turistas y gente de la zona, creando una atmósfera vibrante y genuina. Platos como la ensalada, el salmón o el arroz con leche también recibían elogios, demostrando que la carta, aunque sencilla, era variada y cuidada.

Lo malo: las limitaciones de un negocio pequeño

Sin embargo, el éxito y el encanto de Chigre El Vikingo también traían consigo sus propios desafíos. Su principal punto débil, señalado por algunos visitantes, era su tamaño. El comedor era pequeño, con apenas tres mesas según una reseña, lo que limitaba considerablemente su capacidad. En días de buen tiempo y alta afluencia, especialmente durante la temporada alta turística, el personal podía verse "un poco desbordado". Esta limitación física era, en cierto modo, una contrapartida a su carácter acogedor e íntimo. No era un lugar para grandes grupos ni para quienes buscaran un servicio rápido en hora punta, sino un rincón para disfrutar sin prisas, siempre que se encontrara sitio.

El final de una era

La historia del cierre de Chigre El Vikingo es particularmente agridulce. Una de las últimas reseñas públicas, escrita por alguien aparentemente vinculado al negocio, anunciaba con ilusión un cierre temporal de tres meses para "renovar las instalaciones y la decoración". Este mensaje dejaba entrever planes de futuro, una voluntad de mejorar para seguir acogiendo a sus fieles clientes. Lamentablemente, esa reapertura nunca llegó, y el estatus del negocio cambió a "cerrado permanentemente". Las razones detrás de esta decisión final son desconocidas, pero el hecho es que la Senda del Oso perdió uno de sus restaurantes más emblemáticos.

Hoy, Chigre El Vikingo ya no es una opción para comer barato y bien en Quirós, pero su legado permanece. Representaba un modelo de negocio basado en la sencillez, la calidad del producto, un trato humano y una ubicación privilegiada. Para muchos, no era solo un lugar donde se servían platos típicos, sino una parte integral de la experiencia de recorrer uno de los parajes más bellos de Asturias. Su recuerdo es un testimonio de cómo un pequeño negocio puede dejar una gran huella.

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