Centro Hípico Finca Los Bebederos Guachinche
AtrásUbicado en la Finca Los Bebederos de Buzanada, el Centro Hípico Finca Los Bebederos Guachinche propone una fusión interesante: la pasión ecuestre y la gastronomía local. Este establecimiento no es un restaurante convencional; su emplazamiento en una finca rural, con amplio aparcamiento y rodeado de naturaleza, le otorga un atractivo inicial innegable, especialmente para quienes buscan restaurantes con terraza o espacios abiertos donde disfrutar de una comida.
Sin embargo, un análisis detallado de las experiencias de sus clientes revela dos narrativas completamente opuestas que parecen coincidir con un cambio de gestión. Es fundamental que los potenciales visitantes conozcan ambas caras de la moneda antes de decidirse a visitarlo.
La promesa de un auténtico Guachinche
En sus inicios y según relatan comensales de hace uno o dos años, el lugar era la encarnación de un guachinche ideal. Se destacaba por un ambiente tranquilo y un servicio amable, donde se podía respirar aire puro mientras se degustaba comida canaria tradicional. Los platos estrella eran las carnes, descritas como jugosas y bien preparadas.
- Carne Cabra: Un clásico de la gastronomía canaria que recibía elogios por su sabor y preparación.
- Carne Fiesta: Otro plato típico muy demandado que, según opiniones pasadas, cumplía con las expectativas.
- Queso Asado: Acompañado de mermelada, era uno de los entrantes favoritos.
- Postres Caseros: El quesillo, en particular, era calificado como increíble.
Un punto fuerte era la relación calidad-precio. Los clientes afirmaban que los precios eran muy correctos y que las medias raciones eran tan abundantes que parecían raciones completas, un detalle muy apreciado en este tipo de establecimientos. Además, la opción de disfrutar de música en vivo durante los fines de semana añadía un valor extra a la experiencia, convirtiéndolo en un sitio ideal para pasar el rato.
La realidad actual: una experiencia muy diferente
Lamentablemente, las reseñas más recientes pintan un panorama radicalmente distinto. Varios clientes que han visitado el local últimamente reportan una serie de problemas graves que ensombrecen por completo la experiencia. Una de las críticas más recurrentes apunta a un cambio de dueños como el posible origen de esta drástica caída en la calidad.
Problemas en el servicio y el ambiente
El que fuera un lugar tranquilo ahora es descrito por algunos como un "bar discoteca" de "mala muerte". Se han reportado quejas por el volumen excesivamente alto de la música, con pruebas de sonido realizadas mientras los clientes intentan comer, generando un ambiente ruidoso y molesto que se escucha a cientos de metros de distancia. Este factor lo convierte, según estas opiniones, en un lugar poco o nada recomendable para familias con niños o para cualquiera que busque una conversación tranquila durante la comida.
Calidad de la comida y precios
La cocina es otro de los puntos que concentra la mayoría de las críticas negativas. Lejos de las raciones generosas de antaño, ahora se habla de medias raciones escasas a precios de completas. Han surgido quejas específicas sobre platos concretos:
- Costillas Fritas: Calificadas como insípidas, sin adobo ni sal, y con los huesos astillados, lo que supone un peligro al comerlas.
- Conejo: Un cliente se quejó de que al plato le faltaban partes esenciales del animal, como las patas o los muslos.
- Oferta Limitada: En algunas ocasiones, la carta se ha visto reducida a tan solo dos opciones, como carne de cabra y costillas, limitando enormemente la elección.
La presentación también ha sido objeto de duras críticas. Algunos comensales afirman haber tenido que comer sobre el mantel porque no se les proporcionó un plato, recibiendo la comida en recipientes de cocina. Esta falta de vajilla adecuada y de atención al detalle choca frontalmente con la experiencia de un restaurante.
Irregularidades en la facturación
Quizás la acusación más seria es la referente a los cobros. Varios clientes han denunciado intentos de sobrecargo en la cuenta. Un caso menciona una factura de 54 euros por una comida escasa y de mala calidad, mientras que otro relata cómo se intentó cobrar platos de más, una situación que, según el testimonio, solo se rectificó cuando uno de los comensales se identificó como inspector de sanidad. Estos incidentes generan una profunda desconfianza y son una señal de alerta importante para cualquiera que piense en comer en Tenerife y busque un trato honesto.
¿Vale la pena el riesgo?
El Centro Hípico Finca Los Bebederos Guachinche se encuentra en una encrucijada. Por un lado, posee un entorno privilegiado con un gran potencial. Por otro, las experiencias recientes de muchos clientes sugieren un deterioro alarmante en casi todos los aspectos cruciales: calidad de la comida, servicio, ambiente y prácticas de facturación. La disparidad entre las opiniones pasadas y las actuales es tan grande que parece que se estuviera hablando de dos restaurantes diferentes. Quienes se sientan atraídos por su entorno rural deben ser conscientes de las serias deficiencias reportadas. La decisión de visitarlo dependerá de si se prioriza el entorno sobre la que, según múltiples testimonios recientes, es una experiencia gastronómica y de servicio muy deficiente.