Cantina Sena
AtrásEn el concejo de Ibias, Asturias, existió un lugar que trascendió la simple definición de restaurante para convertirse en una leyenda local: Cantina Sena, también conocida cariñosamente como Casa Marta. Aunque hoy sus puertas se encuentran permanentemente cerradas, su recuerdo perdura con fuerza entre quienes tuvieron la fortuna de visitarla, avalado por una calificación casi perfecta de 4.6 sobre 5 basada en casi 150 opiniones. Este no es un artículo para planificar una visita, sino un homenaje a un establecimiento que representó la esencia de la gastronomía asturiana más auténtica y generosa.
Lo primero que hay que entender sobre Cantina Sena es que no era un restaurante convencional. Su propuesta era una inmersión total en la cocina tradicional, una experiencia que muchos comensales describían como “comer en casa de la abuela en el pueblo”. El concepto era tan simple como arrollador: no había carta. Los clientes se sentaban y la comida empezaba a llegar a la mesa, un desfile de platos caseros que solo se detenía cuando los propios comensales, superados por la abundancia, decían "basta".
Una Experiencia Culinaria Sin Límites
El formato de Cantina Sena era un menú cerrado a un precio increíblemente asequible, que rondaba los 15 euros por persona. Por esta cantidad, se ofrecía un festín de múltiples platos donde la cantidad no estaba reñida con la calidad. El menú variaba según el día y la temporada, garantizando siempre productos frescos y recetas ancladas en la tradición de la comarca. Varios testimonios coinciden en la estructura de la comida, que solía incluir entre seis y siete platos diferentes, con la posibilidad de repetir cualquiera de ellos tantas veces como se deseara sin coste adicional.
Entre los platos típicos que conformaban este banquete se encontraban:
- Entrantes contundentes: Era habitual comenzar con una fuente de embutidos caseros, como jamón y chorizo de matanza propia, que sentaban las bases de lo que estaba por venir.
- Platos de cuchara: No podía faltar un buen pote, como el caldo gallego o los garbanzos con bacalao, platos reconfortantes que evocaban la comida casera de toda la vida.
- Carnes de la tierra: El desfile continuaba con especialidades como el conejo, el cordero, las costillas de cerdo guisadas o una memorable ternera asada. Los comensales destacaban la calidad de la materia prima y el sabor auténtico de carnes criadas en la zona.
- Creaciones únicas: A veces sorprendían con platos como el “emparedado de chorizo y tocino”, una muestra de la cocina de aprovechamiento y del ingenio popular.
Todo esto se acompañaba de vino de la casa, para culminar con una selección de postres caseros, como arroz con leche, flanes y tartas, seguido del preceptivo café y un orujo para facilitar la digestión. La experiencia era, en palabras de un cliente, “espectacular en comida, atención y sitio”.
Lo Bueno: Más Allá de la Comida
El éxito arrollador de Cantina Sena no se basaba únicamente en su generosa oferta culinaria. Había otros factores que la convirtieron en un restaurante con encanto y un destino de peregrinación gastronómica.
Puntos Fuertes:
- Calidad y Autenticidad: La comida era 100% casera, elaborada con productos locales y recetas transmitidas de generación en generación. El sabor era innegociable y la calidad, una constante.
- Relación Calidad-Precio-Cantidad Insuperable: Por un precio muy económico, se ofrecía una cantidad de comida prácticamente ilimitada. Este modelo, hoy casi extinto, era su mayor seña de identidad.
- Ambiente Acogedor y Familiar: El local, un bar-restaurante de piedra con un comedor reducido, a menudo con una chimenea, creaba una atmósfera cálida y rústica. El trato del personal era descrito como “encantador” y “excelso”, haciendo que los visitantes se sintieran como en casa.
- Una Experiencia Única: Ir a Cantina Sena era más que ir a comer en un restaurante; era una aventura. La sorpresa del menú, la hospitalidad y la sensación de abundancia creaban un recuerdo imborrable.
Lo Malo: Los Obstáculos en el Camino
A pesar de sus innumerables virtudes, Cantina Sena presentaba algunos desafíos que, si bien para muchos formaban parte de su encanto, objetivamente podían considerarse desventajas.
Aspectos a Considerar:
- Ubicación Remota: Su principal y casi único inconveniente era su localización. Situada en Sena, un pequeño pueblo del concejo de Ibias, llegar hasta allí requería un viaje por carreteras de montaña estrechas y llenas de curvas. Un cliente lo resumió perfectamente: “Si hay que poner una pega, lo lejos que está, pero es parte de su encanto”. Este aislamiento lo convertía en un destino planificado, no en un lugar de paso.
- Menú No Apto para Todos: El formato de menú sorpresa, sin posibilidad de elección, podía no ser ideal para personas con dietas restrictivas o gustos muy específicos. La filosofía era clara: se come lo que hay, que siempre era delicioso, pero no había alternativas.
- Cierre Permanente: El mayor punto negativo, sin duda, es su estado actual. El hecho de que esté permanentemente cerrado significa que las nuevas generaciones de comensales no podrán descubrir este templo de la cocina asturiana. Es una pérdida notable para la oferta gastronómica de la región.
El Legado de Cantina Sena
En definitiva, Cantina Sena (Casa Marta) no era solo un lugar donde comer, sino un símbolo de una forma de entender la vida y la gastronomía que se resiste a desaparecer. Representaba la generosidad, la autenticidad de la cocina de pueblo y la calidez humana. Aunque ya no es posible reservar una mesa, su historia sirve como testimonio del impacto que un pequeño negocio familiar, con una propuesta honesta y bien ejecutada, puede tener en la memoria colectiva. Para aquellos que buscan restaurantes en Asturias, Cantina Sena queda como un referente legendario, un ideal de lo que la hospitalidad y la buena mesa pueden llegar a ser.