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Café Bar 77 (Antiguo Piqueras)

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P.º Rosales, 1, 30500 Molina de Segura, Murcia, España
Bar Cafetería Restaurante
8.8 (231 reseñas)

El Café Bar 77, conocido por muchos locales como el "Antiguo Piqueras", es un establecimiento situado en el Paseo Rosales de Molina de Segura que no deja a nadie indiferente. Este bar de tapas se ha forjado una reputación dual, generando opiniones tan polarizadas que lo convierten en un caso de estudio fascinante. Para algunos, es un templo de la comida casera y el buen trato; para otros, una fuente de frustración y malas experiencias. Analizar a fondo las vivencias de sus clientes permite dibujar un retrato completo de lo que un comensal puede esperar al cruzar su puerta.

La cara amable: Tradición y sabor casero

Quienes defienden al Café Bar 77 lo hacen con argumentos sólidos basados en la calidad de su oferta gastronómica. Las reseñas positivas destacan de forma recurrente la autenticidad de sus platos, describiéndolo como el lugar ideal para comer o cenar a base de tapas tradicionales. Platos como las empanadillas, los michirones, los caballitos y las patatas cocidas con ajo y pimienta son mencionados como ejemplos de una cocina tradicional bien ejecutada, que evoca sabores familiares y reconfortantes. La cerveza, servida "fresquísima", es otro de los puntos fuertes que sus clientes habituales valoran enormemente, considerándola el acompañamiento perfecto para su propuesta culinaria.

Sin embargo, la joya de la corona, según varios comensales, son sus croquetas de boletus. Un cliente llegó a calificarlas con una "Matrícula de Honor", un elogio que sugiere un nivel de calidad excepcional y que las posiciona como un plato de obligada degustación para los visitantes. Este tipo de valoraciones subraya que, en su mejor versión, la cocina del Bar 77 alcanza picos de excelencia que lo distinguen de otros establecimientos.

El servicio, en esta cara de la moneda, es descrito como un "gran servicio lleno de amabilidad y profesionalidad". Los clientes satisfechos hablan de un trato cercano y atento que les hace sentir como en casa, convirtiendo el bar en su lugar de referencia para desconectar semanalmente. Esta percepción positiva, junto a una relación calidad-precio considerada "más que aceptable", conforma la imagen de un restaurante acogedor y asequible, ideal para disfrutar de la gastronomía local sin grandes pretensiones pero con garantías de sabor.

La cruz de la moneda: Acusaciones de mal servicio y precios desorbitados

En el otro extremo del espectro, encontramos críticas de una dureza abrumadora que contrastan radicalmente con los elogios. El punto más conflictivo parece ser el trato al cliente. Una reseña particularmente detallada denuncia una "falta de profesionalidad" alarmante, mencionando "dejadez, malas contestaciones y caras de asco" por parte del personal. Se critica directamente al dueño por una supuesta falta de educación y se relata un episodio especialmente sensible: la larga espera de más de una hora que sufrieron unas personas de 90 años por un simple montadito. Las excusas ofrecidas, como "la plancha es muy pequeña" o "hay que venir sin prisa", fueron percibidas como una falta de respeto, llevando a la clienta a calificar el trato de "vejatorio".

Este no es un caso aislado. La percepción de un servicio deficiente es un tema recurrente en las críticas negativas, lo que sugiere que la experiencia del cliente puede variar drásticamente dependiendo del día o, quizás, de si se es o no un cliente habitual.

Una cuenta que generó indignación

El problema más grave reportado, sin embargo, trasciende el mal servicio para entrar en el terreno de las irregularidades financieras. Una reseña expone una situación extremadamente preocupante: un grupo de 18 personas afirma haber recibido una cuenta de 650 euros, lo que equivale a 38 euros por cabeza, por un consumo que describen como escaso y de baja calidad. Según su testimonio, la cena consistió en "dos croquetas malas, una empanadilla frita, tres platos de calamares para todos, un tigre, un caballito y dos montaditos de sobrasada".

Lo más alarmante de esta acusación es que, al solicitar una cuenta detallada o una explicación sobre el elevado coste, el dueño presuntamente se negó a proporcionarla. El cliente califica el suceso como un robo y al propietario de "ladrón", una acusación de máxima gravedad que plantea serias dudas sobre las prácticas de facturación del local, especialmente con grupos grandes que podrían optar por un supuesto "menú cerrado" que, según ellos, no fue ni pactado ni transparente.

Instalaciones y consideraciones prácticas

Más allá de la comida y el servicio, hay aspectos logísticos a tener en cuenta. El espacio físico del restaurante es uno de ellos. Un cliente, incluso en una reseña mayormente positiva, señaló que el comedor es "un poco pequeño" y "falto de privacidad", un detalle importante para quienes busquen un ambiente íntimo o dispongan de poco espacio. No obstante, el local cuenta con ventajas importantes como la entrada accesible para sillas de ruedas y la opción de pedir para llevar o solicitar recogida en la acera.

Horarios a tener en cuenta

  • Lunes, Miércoles, Jueves y Viernes: 07:30 – 23:00
  • Martes: 07:30 – 16:00 (horario reducido)
  • Sábado: 08:00 – 23:00
  • Domingo: Cerrado

Esta información es crucial, especialmente el cierre de los domingos y el horario limitado de los martes, para planificar adecuadamente una visita.

Un restaurante de contrastes

El Café Bar 77 (Antiguo Piqueras) se presenta como un establecimiento con dos almas. Por un lado, atesora el encanto de un bar de tapas tradicional, con platos caseros que pueden llegar a ser excelentes y un ambiente que, para sus clientes fieles, es inmejorable. Es el tipo de lugar donde comer bien ya un precio razonable es posible. Por otro lado, arrastra una sombra de duda proyectada por acusaciones muy serias sobre el trato al cliente y la transparencia en sus precios. La disparidad entre la "Matrícula de Honor" de sus croquetas y la acusación de robo en una cuenta de grupo es tan grande que obliga a cualquier potencial cliente a ser cauteloso. La decisión de visitarlo implica aceptar el riesgo de vivir una de estas dos experiencias extremas: o bien disfrutar de una de las mejores ofertas de comida casera de la zona, o bien enfrentarse a un servicio deficiente y a posibles sorpresas desagradables en la cuenta final.

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