Bodega Guillermo
AtrásBodega Guillermo fue, durante décadas, mucho más que un simple restaurante en Cuzcurrita de Río Tirón; era una institución y un emblema de la hospitalidad y la cocina tradicional riojana. Es importante señalar desde el principio que este establecimiento se encuentra permanentemente cerrado, una noticia que entristeció a sus fieles clientes. Su clausura no se debió a una falta de éxito, sino a la trágica y violenta muerte de su propietario, Guillermo Castillo, en mayo de 2023, un suceso que conmocionó a toda la comarca. Este artículo rinde homenaje a lo que fue una experiencia gastronómica única, analizando lo que hizo de este lugar un destino tan querido y especial.
La propuesta de Bodega Guillermo era radicalmente distinta a la de cualquier restaurante convencional. Aquí no existía una carta para elegir. La experiencia consistía en sentarse a la mesa y dejarse llevar por un festín de platos que Guillermo y su hija Yolanda servían sin descanso. Era un auténtico menú degustación a ciegas, basado en los guisos del día y en los productos de temporada, replicando la forma en que se comía antiguamente en los calados y bodegas de La Rioja. Los comensales llegaban con la única certeza de que iban a comer bien y en una abundancia casi desbordante.
Un Desfile de Sabores Riojanos
La comida en Bodega Guillermo era un recorrido exhaustivo por los platos típicos de la región. La experiencia solía comenzar con una serie de entrantes contundentes que preparaban el estómago para lo que venía después. No era raro encontrar en la mesa:
- Jamón y embutidos de la zona.
- Chorizo a la brasa y morcilla, con ese sabor inconfundible del fuego.
- Pimientos rellenos, un clásico de la huerta riojana.
Tras los aperitivos, comenzaba el desfile de platos de cuchara y guisos, donde la comida casera alcanzaba su máxima expresión. Los clientes habituales recordarán con nostalgia sabores como las patatas a la riojana, los caparrones (alubias rojas), la sopa de ajo, las albóndigas, el conejo guisado o el cordero. Cada plato, según describen las reseñas, evocaba "los guisos de la abuela", destacando una elaboración honesta y llena de sabor. La culminación llegaba con las famosas chuletillas de cordero al sarmiento, el plato estrella que representaba la esencia de la gastronomía local.
El Ambiente: Sentirse como en Casa
Más allá de la comida, el gran atractivo de Bodega Guillermo era el trato cercano y familiar. Guillermo era descrito como un anfitrión extrovertido y alegre, que a menudo animaba el comedor cantando jotas y compartiendo sus licores caseros con los clientes. Junto a su hija Yolanda, creaba una atmósfera en la que los comensales se sentían más como invitados en una casa particular que como clientes de un restaurante. El local, una antigua bodega reconvertida con su prensa de vino y una gran chimenea, aportaba un encanto rústico y acogedor que completaba la experiencia.
Aspectos a Considerar: El Exceso y la Falta de Elección
Si bien la inmensa mayoría de las experiencias eran sobresalientes, el modelo de Bodega Guillermo no estaba exento de posibles inconvenientes para cierto tipo de público. El principal punto, que para muchos era su mayor virtud, podía ser también una desventaja: la cantidad de comida. Los platos llegaban a la mesa sin parar, y muchos clientes admitían que era imposible terminarlo todo. Era un lugar para ir con mucho apetito y sin prisas, algo que podía no ser ideal para comidas más ligeras o rápidas.
La ausencia de carta, aunque formaba parte del encanto, significaba una total falta de control sobre lo que se iba a comer. Para comensales con restricciones alimentarias, alergias o simplemente gustos muy específicos, esta dinámica de "sorpresa" podía resultar problemática. Además, aunque muy infrecuente, algún pequeño fallo en la cocina podía ocurrir, como un flan donde se confundió el azúcar con la sal, un error humano que, no obstante, no solía empañar la valoración global tan positiva del lugar.
El Legado de un Restaurante Inolvidable
El valor de Bodega Guillermo residía en su autenticidad. Por un precio que rondaba los 30-40 euros por persona, ofrecía una cantidad ingente de comida, vino de la casa sin límite, postres caseros variados, café de puchero y licores. Era una propuesta de un valor excepcional que priorizaba la generosidad y la tradición por encima de todo. Su cierre definitivo ha dejado un vacío en Cuzcurrita de Río Tirón, llevándose consigo no solo un negocio, sino una forma única de entender y compartir la gastronomía riojana. Bodega Guillermo no era simplemente un sitio para comer, era un destino para vivir una experiencia memorable.