Beso Beach

Beso Beach

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s/n, Parque Natural de Ses Salines Playa de Cavall d´en Borràs, 07860, Illes Balears, España
Restaurante Restaurante mediterráneo
8.2 (4854 reseñas)

Beso Beach Formentera fue, durante más de una década, mucho más que un simple restaurante; se convirtió en un auténtico fenómeno social y un ritual ineludible del verano en la isla. Sin embargo, para quienes busquen hoy su icónico banco de madera con la frase "No hay verano sin beso", la realidad es contundente: el establecimiento original en la Playa de Cavall d´en Borràs ya no existe. Fue demolido a finales de 2023 por orden de la Demarcación de Costas, al ocupar dominio público marítimo-terrestre sin la concesión adecuada. Este hecho marca el fin de una era y permite analizar con perspectiva lo que representó este lugar, con sus luces y sus sombras.

El Atractivo de un Icono

La fórmula del éxito de Beso Beach se basaba en una combinación de factores perfectamente ejecutada. Su ubicación, en pleno Parque Natural de Ses Salines, ofrecía una experiencia de "pies en la arena" que conectaba directamente con el espíritu libre de Formentera. El ambiente era su mayor activo: un chiringuito de aspecto rústico y desenfadado que, con el paso de las horas, se transformaba. Pasaba de ser un relajado restaurante en la playa para comidas familiares a convertirse en una vibrante fiesta al atardecer, con música, cócteles y un ambiente que atraía tanto a turistas como a celebridades de talla internacional.

La propuesta gastronómica se centraba en una cuidada cocina mediterránea con notables influencias vascas. Los platos estrella, y los más demandados, eran sin duda sus arroces, que muchos consideraban entre los mejores de la isla, y el pescado fresco, preparado con sencillez para resaltar la calidad del producto. Una de las reseñas más elocuentes lo describía como "pescado que casi salta del mar al plato", una frase que captura la esencia de su oferta culinaria.

Un Ambiente Único con un Servicio Particular

El servicio era otro de los pilares de la experiencia. Los camareros, a menudo descritos como "genios" y "muy amables", contribuían a crear una atmósfera de energía y buena onda. Sin embargo, no estaba exento de particularidades. Una opinión mencionaba un comentario "algo desfasado" por parte de un empleado, quien afirmó que la política del local era contratar mayoritariamente a hombres para atraer a la clientela femenina. Esta estrategia, confirmada por uno de sus fundadores, buscaba crear una "gran diferencia" respecto a otros negocios, aunque resultaba chocante para algunos clientes.

La Cara B de la Fama

A pesar de su popularidad, Beso Beach generaba opiniones muy polarizadas. Para muchos, el lugar estaba "sobrevalorado" y "muy hypeado". La principal crítica se centraba en los precios, considerados elevados para la calidad y cantidad ofrecida. Con un nivel de precio catalogado como alto (3 sobre 4), no era un sitio accesible para todos los bolsillos, y algunos clientes sentían que el coste no se justificaba plenamente.

Conseguir una reserva era otra odisea, especialmente en temporada alta, lo que aumentaba la sensación de exclusividad pero también la frustración. El local solía estar "demasiado lleno de gente", sobre todo durante la puesta de sol. Esta masificación podía resultar agobiante, con mucho calor dentro de la estructura principal y dificultad para moverse. De hecho, algunos visitantes señalaban que el famoso atardecer se disfrutaba mejor desde la playa abierta que desde el interior del concurrido establecimiento.

Políticas que Generaban Debate

Además de los precios, había otras prácticas que no eran del agrado de todos. Una de las más controvertidas era la inclusión obligatoria de la propina en la cuenta final, un detalle que restaba libertad al cliente a la hora de valorar el servicio recibido. Asimismo, la experiencia podía variar drásticamente según el turno de comida. Las reseñas sugieren que el primer turno (sobre las 13:00h) estaba más orientado a un público turista, mientras que el segundo (a partir de las 15:30h) ofrecía un ambiente más local y relajado.

El Final de una Era y su Legado

La demolición de Beso Beach en Formentera no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de un problema más amplio relacionado con las concesiones y la Ley de Costas que afecta a varios establecimientos de la zona. Su desaparición física ha dejado un vacío, pero su legado permanece. Fue un establecimiento que supo capturar y vender un estilo de vida, convirtiéndose en un emblema de la Formentera más festiva y exclusiva.

Para sus defensores, fue un lugar mágico, un "ritual de verano" donde se creaban recuerdos inolvidables. Para sus detractores, representaba la masificación y la comercialización excesiva que amenaza la esencia de la isla. Lo innegable es que Beso Beach no dejaba indiferente a nadie. Aunque la marca sigue expandiéndose con locales en otros destinos como Ibiza, Estepona o incluso Sierra Nevada, la experiencia original, aquella que nació y se consolidó en la arena de Ses Salines, es ya parte de la historia.

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