BEACH
AtrásEn el panorama gastronómico de Benissa existió un establecimiento que, a pesar de su cierre permanente, dejó una huella imborrable en la memoria de sus visitantes. Conocido como BEACH, y también como Beach Club La Fustera, este lugar se erigió como mucho más que uno de los restaurantes de la zona; fue un destino completo de ocio y disfrute. Ubicado estratégicamente en el Carrer del Navegant Josep Ribes, a escasos 100 metros de la apreciada Cala Fustera, su propuesta integral lo convirtió en un punto de referencia para quienes buscaban una experiencia que combinara playa, piscina y alta cocina.
Una Propuesta de Valor Única: Gastronomía y Ocio
Lo que diferenciaba a BEACH de otros locales era su concepto. No se limitaba a ofrecer un menú, sino una jornada completa de relajación. El principal atractivo, además de su cercanía al mar, era su magnífica piscina. Los clientes que reservaban para comer tenían el privilegio de utilizarla, convirtiendo un simple almuerzo en una escapada de día completo. Esta característica lo posicionaba como un restaurante con piscina de primer nivel, un oasis perfecto para refrescarse antes o después de degustar sus platos, especialmente valorado durante los calurosos meses de verano. El complejo se complementaba con una preciosa terraza y un pequeño chiringuito ideal para tomar cócteles y bebidas refrescantes, creando una atmósfera vacacional inmejorable.
La Cocina: Sabor Mediterráneo con Toques de Calidad
La oferta culinaria era, sin duda, el pilar de su éxito, respaldada por una calificación promedio de 4.4 sobre 5 basada en más de 370 opiniones. La filosofía se centraba en platos bien elaborados con materia prima de excelente calidad. Los comensales elogiaban de forma recurrente la frescura y el sabor de sus creaciones, que abarcaban desde entrantes innovadores hasta postres memorables.
- Entrantes que dejaban huella: Las croquetas de jamón eran legendarias, descritas por muchos como las mejores que habían probado, con un interior casi líquido y un exterior perfectamente crujiente. Otras opciones destacadas eran el aguacate a las brasas, servido con una salsa criolla de estilo argentino, y los calamares con palomitas, una combinación sorprendente y deliciosa.
- Platos principales: El capítulo de los arroces y paellas merecía una mención especial. El arroz caldoso de bogavante era el rey indiscutible, alabado por su sabor intenso a "mar puro" y por sus raciones generosas. Los amantes del pescado fresco también encontraban su paraíso en la lubina a la parrilla, un plato que demostraba el compromiso del restaurante con los mariscos frescos y los productos de la costa.
- Postres para recordar: El final dulce estaba a la altura del resto del menú. La torrija caliente con helado y el crepe de chocolate eran consistentemente calificados como espectaculares, cerrando la experiencia gastronómica con broche de oro.
Servicio y Ambiente: Las Claves de la Fidelidad
Un buen plato necesita un gran servicio para brillar, y en BEACH lo sabían. El personal era constantemente descrito como atento, amable, rápido y profesional. La buena atención, sumada a la agradable conversación que a veces se podía tener con el dueño, creaba un ambiente cercano y acogedor que invitaba a volver. Esta combinación de excelente comida y un trato humano excepcional fue fundamental para construir una base de clientes leales, tanto familias locales como turistas que encontraban en este restaurante en la playa un lugar seguro dónde comer bien y sentirse a gusto.
Los Aspectos Menos Favorables: El Reto del Aparcamiento
A pesar de sus numerosas virtudes, el establecimiento presentaba un desafío logístico importante, sobre todo en temporada alta. Contaba con un aparcamiento propio, pero su capacidad era muy limitada, con espacio para apenas unos 20 vehículos. Esto significaba que encontrar un lugar para estacionar durante los concurridos meses de verano podía convertirse en una tarea complicada, un pequeño inconveniente en una experiencia por lo demás casi perfecta. La relación calidad-precio era considerada muy buena por la mayoría, aunque algunos apuntaban que los precios eran un poco elevados, un coste que se justificaba por la calidad del producto, el servicio y, sobre todo, por el acceso a instalaciones exclusivas como la piscina.
Un Legado que Perdura
Aunque BEACH ya no abre sus puertas, su recuerdo permanece como un ejemplo de lo que un negocio de hostelería bien concebido puede lograr. No solo ofrecía una excelente cocina mediterránea para cenar cerca del mar, sino que vendía una experiencia completa. La fusión de un entorno privilegiado, instalaciones de ocio de primer nivel y una gastronomía de calidad lo convirtieron en un destino memorable en Benissa. Su cierre representa una pérdida para la oferta local, pero su historia sirve como inspiración y referente de un modelo de éxito que supo entender a la perfección las necesidades de sus clientes.