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Bar Restaurante La Ermita

Bar Restaurante La Ermita

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TF-423, 8, 38435 Los Silos, Santa Cruz de Tenerife, España
Restaurante
9.2 (59 reseñas)

En el pequeño núcleo poblacional de Tierra del Trigo, perteneciente a Los Silos, existió un establecimiento que, sin grandes alardes ni decoraciones modernas, se ganó un lugar en el recuerdo de muchos comensales. El Bar Restaurante La Ermita, hoy permanentemente cerrado, representaba una de esas paradas obligatorias para quienes buscaban la esencia de la cocina canaria tradicional. Su clausura definitiva deja un vacío en la oferta gastronómica de la zona, especialmente para los amantes de los sabores auténticos y la comida casera, esa que evoca memorias familiares y recetas transmitidas entre generaciones.

Ubicado junto a la ermita que le daba nombre y apartado de la carretera general, su localización ofrecía una tranquilidad que se complementaba con la facilidad de aparcamiento, un detalle práctico muy valorado por sus visitantes. El restaurante no pretendía ser más de lo que era: un local de pueblo, de toda la vida, donde la prioridad absoluta era el contenido del plato y la satisfacción del cliente. Esta filosofía se reflejaba en un servicio que las reseñas describen de forma casi unánime como excelente, rápido, atento y cercano, alcanzando calificaciones de "atención de 10".

El Legado de sus Sabores: Platos Estrella

La verdadera fortaleza de La Ermita residía en su carta, un compendio de platos típicos de la gastronomía local. Si hubiera que destacar un protagonista, muchas voces apuntarían a la carne de cabra. Calificada como "muy buena" o "exquisita", era uno de esos guisos cocinados a fuego lento, con cariño, que lograban una terneza y un sabor que justificaban el viaje hasta allí. Era el tipo de plato que definía la identidad culinaria del lugar y que dejaba una impresión duradera en el paladar.

Otro de los grandes aclamados era el escaldón de gofio. Los conocedores de este pilar de la cocina insular saben que lograr el punto exacto de textura y sabor no es tarea sencilla. En La Ermita, según los comensales, lo conseguían: un escaldón "muy sabroso", "en su punto, nada seco", considerado por algún cliente como el mejor que había probado en un restaurante. Venía acompañado, como manda la tradición, de sus correspondientes mojos, destacando un mojo rojo con el punto justo de picante. Este plato, aunque venerado, no estaba exento de subjetividad; una opinión señalaba que, para su gusto, contenía demasiados trozos de tocino, un detalle que evidencia cómo la perfección en la cocina depende también de las preferencias individuales.

Otras Joyas de la Carta

La oferta de calidad no terminaba ahí. La carne fiesta era otro de los platos elogiados, destacando por presentarse "totalmente limpia, sin nada de grasa" y con una carne muy tierna, demostrando un cuidado en la selección y preparación del producto. Además, el gesto de cortesía de recibir a los clientes con una tapa de chicharrones mientras esperaban la comida era un detalle de hospitalidad que sumaba puntos a la experiencia. Para finalizar, los postres, descritos como "riquísimos", ponían el broche de oro a una comida contundente y tradicional.

Ambiente y Precios: Una Experiencia con Matices

El ambiente del Bar Restaurante La Ermita era coherente con su propuesta: sencillo y sin pretensiones. La decoración era la de un bar de pueblo clásico, un factor que para muchos era parte de su encanto y autenticidad, pero que para otros podría resultar simple o anticuado. No era un lugar para buscar tendencias de diseño, sino para encontrar refugio en lo familiar y lo conocido.

Uno de los puntos que generaba opiniones divergentes era la política de precios. Mientras algunos clientes la describían como "muy asequible", otros consideraban que los precios eran "un poco elevados" y quizás enfocados a los turistas y senderistas que frecuentaban la zona. Esta dualidad de percepciones es común en lugares que atraen tanto a público local como foráneo. Es posible que para el conocedor de los precios de la zona resultara un poco más alto de lo esperado para un restaurante de su estilo, mientras que para el visitante, la relación calidad-cantidad-precio seguía siendo favorable. Los platos, descritos como abundantes, seguramente contribuían a equilibrar esta balanza.

Un Veredicto Final: El Recuerdo de un Referente

En definitiva, el Bar Restaurante La Ermita fue un establecimiento que cumplió con creces su misión: ofrecer una experiencia de comida casera canaria auténtica y de calidad. Sus puntos fuertes eran innegables: una cocina con un sabor profundo y tradicional, protagonizada por platos icónicos como la carne de cabra y el escaldón, raciones generosas y un servicio impecable que hacía sentir a los clientes bien atendidos.

Las críticas o puntos a mejorar eran menores y, en gran medida, subjetivos: una decoración que no era del gusto de todos, un ingrediente particular en un plato o una percepción variable sobre los precios. La valoración general de 4.6 sobre 5, basada en un número considerable de opiniones, confirma que la balanza se inclinaba abrumadoramente hacia el lado positivo. Su cierre permanente es, sin duda, una pérdida para quienes buscan comer en Tenerife y conectar con las raíces gastronómicas de la isla. El Bar Restaurante La Ermita ya no acepta reservas, pero su recuerdo perdura como ejemplo de un restaurante tradicional que supo honrar el sabor de su tierra.

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