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Bar Restaurante El Faro

Bar Restaurante El Faro

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C. Ruamayor, 14, 39770 Laredo, Cantabria, España
Restaurante Restaurante de cocina española Restaurante especializado en tapas
8.6 (1413 reseñas)

Ubicado en la histórica Calle Ruamayor, el Bar Restaurante El Faro fue durante años una referencia en la escena gastronómica de Laredo, pero es importante señalar a quienes lo busquen que el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado. A pesar de que su sitio web y algunas plataformas online todavía figuran como activos, la realidad es que sus puertas ya no están abiertas al público. Este artículo se adentra en lo que fue este negocio, analizando el legado de opiniones y experiencias, tanto positivas como negativas, que dejó entre sus cientos de comensales.

Un Local con Historia y Sabor a Cantabria

Antes de convertirse en el concurrido restaurante que muchos llegaron a conocer, el edificio del Bar Restaurante El Faro albergaba una rica historia. Sus muros datan del siglo XVII, época en la que funcionaba como una bodega de Txakoli. Más tarde, se transformó en una carbonera, para finalmente renacer en 1960 como el Bar Restaurante El Faro, un lugar que se hizo famoso por tener la primera televisión en blanco y negro de la zona, congregando a los locales para disfrutar de las primeras emisiones. En su etapa más reciente, fue regentado por una pareja de chefs titulados en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, quienes buscaron aportar un toque de autor a la cocina cántabra.

El Plato Estrella: Un Chuletón Inolvidable

Si había un motivo por el que El Faro destacaba y atraía a comensales de todas partes, era su famoso chuletón a la piedra. Las reseñas positivas coinciden de manera casi unánime en este punto. Clientes describen la experiencia como espectacular, alabando un producto de altísima calidad con un sabor increíble. La presentación era parte del atractivo: la pieza de carne se servía junto a una piedra caliente, permitiendo que cada persona la cocinara a su gusto exacto en la mesa. Este enfoque en las carnes a la brasa convirtió al chuletón en el buque insignia del local y en una recomendación segura para quienes buscaban dónde comer una buena carne en Laredo.

Más Allá del Chuletón: Una Carta con Luces y Sombras

Aunque el chuletón acaparaba el protagonismo, la carta de El Faro ofrecía otras propuestas que también recibieron elogios. El surtido de croquetas caseras, especialmente las de cecina, era un entrante muy popular. Platos como el lomo de carne de Cantabria con patatas caseras y pimientos, la ensalada César, las hamburguesas gourmet y las alcachofas con foie también figuran entre los favoritos de muchos clientes. Además, el restaurante ofrecía pescados y mariscos, destacando el pescado salvaje a la brasa como otra de sus especialidades a la parrilla.

Sin embargo, no toda la oferta culinaria mantenía el mismo nivel de excelencia. El menú del día de fin de semana, con un precio de 25 euros, fue un importante foco de críticas. Una reseña particularmente detallada de un grupo grande expone una experiencia decepcionante. Se mencionan platos como unas alubias blancas que eran prácticamente solo caldo y una carne de segundo plato que tuvo que ser devuelta por su mal sabor, descrito como a “humedad y carne vieja”. La sustitución del plato se realizó sin disculpas, lo que agravó la mala impresión.

El Servicio: Entre la Amabilidad y la Indiferencia

El trato al cliente en El Faro presenta un panorama de contrastes. Por un lado, una gran cantidad de opiniones destacan la amabilidad y profesionalidad del personal. Comentarios como “el servicio fue muy bueno, rápido y muy buen trato”, “la atención de la camarera fue excelente” o “la chica muy amable y maja” son frecuentes, pintando la imagen de un equipo atento y cordial. La flexibilidad para atender a clientes sin reserva o a grupos que llegaban antes de tiempo también se valora positivamente.

Por otro lado, la gestión de los problemas dejaba mucho que desear. La experiencia del grupo con el menú de fin de semana revela una grave falta de atención al cliente. La ausencia de una disculpa o explicación ante una queja tan seria como la mala calidad de la carne empaña la imagen de buen servicio. Este tipo de situaciones sugiere una inconsistencia en el trato, donde la amabilidad podía desaparecer frente a las adversidades, un punto débil significativo para cualquier restaurante.

Aspectos Positivos y Negativos a Considerar

Para ofrecer una visión completa, es justo recopilar los puntos fuertes y débiles que definieron la experiencia en El Faro.

  • Lo bueno:
  • Calidad de la carne: El chuletón era consistentemente elogiado y considerado un plato que merecía la visita.
  • Atención a dietas especiales: El restaurante era conocido por ofrecer varias opciones para vegetarianos y por su cuidadosa gestión de los platos sin gluten, generando confianza entre los clientes celíacos.
  • Ambiente agradable: Muchos lo describían como un lugar con una atmósfera cercana y relajada, que además era dog-friendly, permitiendo la entrada de mascotas.
  • Platos específicos de calidad: Además del chuletón, las croquetas, hamburguesas y ciertas raciones y entrantes solían recibir muy buenas críticas.
  • Lo malo:
  • Inconsistencia en el menú: El menú de fin de semana parecía no estar a la altura de la carta, con platos de calidad inferior y una mala relación calidad-precio.
  • Postres caros y decepcionantes: Varios comensales, incluso aquellos que disfrutaron de los platos principales, señalaron que los postres eran caros (8 euros) para la cantidad y calidad ofrecida, como una tarta de queso descrita como “más fina que una rebanada de pan bimbo”.
  • Gestión de quejas: La falta de profesionalidad a la hora de resolver problemas serios con la comida era un punto muy negativo.
  • Sin acceso para sillas de ruedas: La falta de una entrada accesible era una barrera importante para personas con movilidad reducida.

El Legado de un Restaurante Cerrado

El Bar Restaurante El Faro de Laredo es el ejemplo perfecto de un negocio con un potencial enorme y un producto estrella indiscutible, pero lastrado por una notable inconsistencia. Podía ofrecer una experiencia culinaria memorable centrada en su excelente chuletón o una profunda decepción con su menú cerrado. Aunque ya no es posible visitarlo, las casi 900 reseñas que acumuló en su día dibujan el retrato de un lugar que, para bien o para mal, no dejaba indiferente a nadie y que forma parte de la memoria gastronómica de la villa.

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