Auto Rosellon
AtrásEs importante señalar desde el principio que Auto Rosellon, un conocido local en el Carrer del Rosselló, 182, ha cerrado sus puertas de forma permanente. A pesar de su popularidad y de haber sido un punto de referencia para muchos en el Eixample, el establecimiento ya no se encuentra operativo. Este análisis retrospectivo sirve para entender qué ofrecía este comercio, sus puntos fuertes y las áreas que generaban opiniones divididas, basándonos en la experiencia que brindó a sus clientes durante su tiempo de actividad.
Ubicado en lo que fue un taller de reparación de automóviles durante más de 50 años, Auto Rosellon conservó un aire industrial que le confería una personalidad única. El diseño interior, a cargo del estudio Espacio En Blanco, mezclaba este legado con detalles de colmados antiguos, creando una atmósfera que muchos clientes calificaban de "espectacular" y con una "estética hermosa". La buena iluminación y la posibilidad de abrir grandes ventanales al exterior hacían del espacio un lugar luminoso y agradable. Contaba con una terraza para comer a pie de calle que complementaba su oferta. Sin embargo, no todo era perfecto en su distribución. Algunos comensales señalaban que la disposición de las mesas no era óptima, provocando que el personal tuviera que pedir permiso constantemente para pasar, lo que podía interrumpir la experiencia. Además, en momentos de alta afluencia, el ambiente podía volverse bastante ruidoso, dificultando las conversaciones.
Una Propuesta Gastronómica con Identidad Propia
La cocina de Auto Rosellon se definía a sí misma como "sin etiquetas" o "No_Tag", centrada en la calidad del producto de temporada y con influencias mediterráneas que viajaban desde el Líbano hasta el norte de Italia. Esta filosofía se traducía en una carta creativa y cambiante que ofrecía opciones para cualquier momento del día, desde el desayuno hasta la cena. Se posicionó fuertemente como uno de los lugares de moda para el brunch en el Eixample, con propuestas creativas y sándwiches calientes que atraían a un público moderno.
Lo más destacado de su carta
Las reseñas de los clientes a menudo elogiaban platos específicos que se convirtieron en insignia del lugar. Las bravas eran descritas como "muy ricas", los tacos como "excelentes" y los buñuelos de calabacín como "sublimes". La calidad de la materia prima era un punto recurrente de halago, con comensales asegurando que se utilizaban "alimentos de muy buena calidad". Para beber, el Bloody Mary y el café de especialidad, preparado por baristas como Carlos, un empleado argentino recordado por su simpatía, recibían menciones especiales. La oferta también incluía una cuidada selección de vinos naturales, en línea con su filosofía de producto auténtico y sostenible. Además, era un lugar inclusivo, con una buena oferta de comida vegetariana y opciones veganas.
El Servicio y los Precios: Una Experiencia Desigual
El trato al cliente en Auto Rosellon era un punto de claras contradicciones. Por un lado, abundan las críticas positivas que hablan de un "servicio impecable, súper amigable y eficiente" y una "excelente atención". Se destacaba la amabilidad del personal y sus buenas recomendaciones. Sin embargo, otras experiencias eran totalmente opuestas, con clientes que sintieron que la camarera "no fue muy atenta". Esta inconsistencia en el servicio es un factor que probablemente contribuyó a su calificación general de 3.7 estrellas, una nota buena pero no sobresaliente.
En cuanto a los precios, catalogado con un nivel moderado (€€), la percepción también variaba. Mientras algunos clientes consideraban que, aunque era "un poco caro", la calidad lo valía, otros se llevaban sorpresas desagradables. Un ejemplo muy concreto que refleja este descontento es el coste de añadir aguacate a un plato: 5 euros. Este detalle, que superaba el precio de un café o un matcha, era visto por algunos como excesivo y un punto negativo en la relación calidad-precio. Otro aspecto funcional que no agradaba a todos era la necesidad de levantarse y pagar directamente en la caja, rompiendo la dinámica del servicio de mesa.
¿Quién frecuentaba Auto Rosellon?
Por su ambiente moderno y su oferta versátil, Auto Rosellon atraía a un público diverso. Era un lugar ideal para un brunch de fin de semana, una comida informal o una cena relajada. La atmósfera tranquila durante ciertas horas y la disposición de algunas mesas lo convertían también en un espacio cómodo para trabajar con el ordenador, algo que muchos clientes valoraban. Su ubicación en el Eixample lo hacía accesible tanto para vecinos del barrio como para oficinistas y turistas que buscaban restaurantes en Barcelona con un toque diferente.
En retrospectiva, Auto Rosellon fue un restaurante con una fuerte personalidad, un diseño muy cuidado y una propuesta gastronómica creativa y de calidad. Logró hacerse un nombre en la competitiva escena culinaria de Barcelona, especialmente en el segmento del brunch. No obstante, sus inconsistencias en el servicio, una distribución de mesas mejorable y una política de precios que a veces resultaba cuestionable, generaron una experiencia polarizada para sus clientes. Su cierre definitivo deja el recuerdo de un lugar que, con sus luces y sombras, formó parte del tejido gastronómico del Eixample.