Inicio / Restaurantes / Asador mi Capricho
Asador mi Capricho

Asador mi Capricho

Atrás
Pl. Mayor, 12, 47132 San Miguel del Pino, Valladolid, España
Parrilla Restaurante Restaurante de cocina castellana
9 (919 reseñas)

El Asador mi Capricho, aunque hoy figure como cerrado permanentemente, dejó una huella significativa en la escena gastronómica de la provincia de Valladolid. Ubicado en la Plaza Mayor de San Miguel del Pino, este establecimiento se erigió como un referente del asador castellano tradicional, un lugar que muchos clientes habituales y visitantes ocasionales recuerdan por sus virtudes y, en menor medida, por sus defectos. Analizar lo que fue este restaurante es comprender un modelo de negocio basado en la especialización y la calidad del producto, un arquetipo de la hostelería que abunda en Castilla y León.

La principal razón por la que Asador mi Capricho cosechó una valoración general tan alta (4.5 sobre 5 con más de 500 opiniones) residía, sin lugar a dudas, en la excelencia de sus asados y carnes a la brasa. Como su propio nombre indicaba, era un asador en toda regla, y cumplía con creces las expectativas en este campo. Las reseñas son unánimes al alabar el lechazo asado y el cochinillo asado, preparados en su horno de leña. La calidad era tal que algunos comensales no dudaban en compararlo con los más afamados de Segovia o Trujillo, destacando una piel crujiente y una carne de una ternura excepcional. Además del lechazo, la carta ofrecía cabrito asado, otra joya de la cocina castellana que requería ser pedida por encargo, una práctica habitual en los restaurantes que trabajan con producto fresco y de alta calidad.

La Carne: Eje Central de la Experiencia

Más allá de los asados, la parrilla era otro de sus puntos fuertes. Platos como el chuletón de carne roja, el solomillo, el entrecot, las chuletillas de lechazo o cortes de cerdo ibérico como el secreto y la presa recibían elogios constantes. Los clientes destacaban el punto perfecto de la carne y la calidad de la materia prima, elementos indispensables para triunfar en una tierra donde comer en Valladolid es sinónimo de comer buena carne. Esta especialización era su mayor fortaleza; quienes acudían buscando una experiencia carnívora de primer nivel rara vez salían decepcionados.

La oferta de entrantes también estaba a la altura, funcionando como un perfecto preludio al festín principal. Las croquetas caseras eran un éxito recurrente, mencionadas positivamente incluso en las críticas menos favorables. Otros platos como las mollejas enharinadas, los torreznos crujientes, el pulpo a la brasa o el revuelto de morcilla demostraban un profundo conocimiento de la comida casera y tradicional. La carta también incluía opciones como el queso provolone, zamburiñas o un timbal de manitas de cerdo, mostrando una oferta variada pero siempre anclada en la cocina de sabor.

Un Servicio y un Entorno que Sumaban

Un buen plato puede verse empañado por un mal servicio, pero este no parecía ser el caso en Mi Capricho. La atención al cliente es uno de los aspectos más repetidos en las valoraciones positivas. El personal era descrito como agradable, eficiente y profesional, logrando un equilibrio perfecto para no ser ni insistente ni ausente. Este trato cercano contribuía a una atmósfera acogedora que invitaba a la sobremesa.

Su ubicación en la plaza del pueblo le confería un encanto especial. Contaba con un comedor interior climatizado con capacidad para unos 79 comensales y una cuidada vinoteca, pero uno de sus grandes atractivos era su terraza. Disponer de un restaurante con terraza permitía disfrutar del buen tiempo y, además, era un espacio amigable para quienes acudían con sus mascotas, un detalle que muchos clientes agradecían. La facilidad para aparcar en los alrededores era otra ventaja logística que mejoraba la experiencia general antes incluso de reservar mesa.

Las Sombras: Inconsistencia en Precios y Platos Secundarios

A pesar de su notable éxito, el Asador mi Capricho no estaba exento de críticas. El principal punto de fricción para algunos clientes era la relación calidad-precio en ciertos platos fuera de su especialidad carnívora. Mientras que el coste de los asados y las carnes se percibía como justo dada su calidad, otros elementos de la carta generaban controversia. Un ejemplo citado fue el de unos cogollos con ventresca, cuyo precio de 15€ fue considerado excesivo por algunos comensales. Esta percepción de precios inflados en platos sencillos podía generar una sensación agridulce.

Esta inconsistencia se extendía a la calidad de la oferta no cárnica. Las críticas sugerían que el verdadero valor del restaurante estaba en sus asados, y que aventurarse en otros terrenos podía ser decepcionante. Se mencionaba una sopa castellana escasa en cantidad o postres, como el brownie, que no alcanzaban el nivel de excelencia de los platos principales. Esto apunta a una debilidad común en muchos restaurantes muy especializados: la dificultad para mantener un estándar de calidad uniforme en toda la carta. Para el cliente, la lección era clara: en Mi Capricho, la apuesta segura siempre fue la carne.

El Legado de un Asador Recordado

El cierre permanente de Asador mi Capricho marca el fin de una era para muchos de sus fieles. Aunque no se han hecho públicas las razones de su cierre, es un caso que recuerda al de muchos negocios familiares de hostelería en España que cesan su actividad por jubilación sin relevo generacional. Lo que queda es el recuerdo de un establecimiento que defendió con maestría la cocina tradicional castellana. Fue un lugar de referencia para disfrutar de un extraordinario lechazo asado, un servicio atento y el ambiente tranquilo de un pueblo de Valladolid. Su historia subraya la importancia de la especialización, pero también sirve como recordatorio de que la consistencia en cada detalle es clave para redondear una experiencia gastronómica memorable.

Otros negocios que podrían interesarte

Ver Todos