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Asador El Carrapiellu

Asador El Carrapiellu

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C. Guillermo Schultz, 1, 33600 Mieres, Asturias, España
Parrilla Restaurante
8 (253 reseñas)

El Asador El Carrapiellu fue un restaurante que operó en la Calle Guillermo Schultz, número 1, en Mieres, Asturias. A día de hoy, el establecimiento se encuentra permanentemente cerrado, pero durante su actividad se forjó una reputación con matices, atrayendo tanto a comensales leales como a clientes ocasionales con experiencias muy dispares. Su propuesta se centraba en la cocina tradicional asturiana, con un énfasis particular en las preparaciones a la parrilla, como su propio nombre de "Asador" indicaba.

La Propuesta Gastronómica de El Carrapiellu

La base de su oferta era la comida casera, un reclamo potente para quienes buscan sabores auténticos y platos contundentes. Entre sus especialidades más destacadas, la parrillada de carne era uno de los platos estrella. Este tipo de plato combinado, muy popular en la gastronomía asturiana, suele incluir una selección de carnes como chorizo criollo, costillas, entrecot y otras piezas a la brasa, servidas habitualmente con patatas fritas y ensalada. Las opiniones positivas frecuentemente mencionaban el deseo de probar o repetir esta parrillada, sugiriendo que, en sus mejores días, era un plato bien ejecutado y generoso.

Otro de los iconos del menú era el cachopo asturiano. Este plato, que consiste en dos grandes filetes de ternera empanados y rellenos tradicionalmente de jamón serrano y queso, era una de las opciones más solicitadas. Las reseñas reflejan que El Carrapiellu servía raciones abundantes, una característica muy valorada en este tipo de platos. Junto a él, otras opciones como el criollo a la parrilla, los chipirones fritos y postres caseros como la tarta de avellana completaban una carta representativa de la cocina local.

La bebida que acompañaba estas comidas era, como no podía ser de otra manera en Asturias, la sidra. La presencia de la sidrería como parte de la experiencia era fundamental, ofreciendo a los clientes la posibilidad de disfrutar del ritual del escanciado junto a platos contundentes. Esto lo convertía en un lugar adecuado tanto para una comida familiar como para una reunión de amigos en busca de un ambiente informal y tradicional.

Aspectos Positivos: Lo que los Clientes Valoraban

El Asador El Carrapiellu cosechó una calificación general notable, con una media de 4 estrellas sobre 5 basada en más de 160 opiniones. Este éxito se sustentaba en varios pilares que los clientes satisfechos no dudaban en destacar.

  • Raciones Abundantes: Una de las alabanzas más recurrentes era el tamaño de los platos. Los comensales señalaban que las raciones eran generosas, lo que, combinado con un nivel de precios asequible (marcado como 1 sobre 4), convertía al restaurante en una excelente opción para comer barato y bien en Mieres.
  • Trato Amable: El servicio y la atención al cliente eran frecuentemente elogiados. Comentarios como "el dueño muy buena gente" o "el camarero por lo menos era agradable" (incluso en una crítica negativa) indican que el personal se esforzaba por ofrecer un trato cercano y cordial, un factor clave en la hostelería.
  • Sabor Tradicional: Quienes tuvieron una buena experiencia describieron la comida como "perfecta" y bien preparada, destacando el sabor auténtico de platos como el cachopo o los chipirones. La buena presentación también fue un punto mencionado por algunos clientes.
  • Accesibilidad: Un detalle importante y positivamente señalado fue que el local estaba adaptado para personas en silla de ruedas, un factor de inclusión que no todos los establecimientos cumplen y que ampliaba su público potencial.

Las Sombras del Asador: Críticas y Puntos Débiles

A pesar de las numerosas valoraciones positivas, El Carrapiellu también enfrentó críticas muy severas que apuntaban a una notable inconsistencia en la calidad de su cocina. Estas experiencias negativas, aunque minoritarias en número, eran muy detalladas y describían problemas graves que un potencial cliente debía conocer.

El principal foco de las quejas era la calidad y frescura de la comida en determinadas ocasiones. La crítica más contundente relataba una experiencia con una parrillada de carne que, según el cliente, estaba fría y parecía recalentada. Lo mismo ocurría con las patatas que la acompañaban, descritas como "tiesas". Este tipo de fallos es especialmente grave en un asador, donde se espera que las carnes a la brasa se sirvan recién hechas, en su punto óptimo de temperatura y jugosidad.

Otro incidente relatado afectaba a un plato tan sencillo como unas patatas alioli, que fueron servidas frías, devueltas a cocina y, en lugar de ser reemplazadas, presuntamente recalentadas en el microondas con la salsa incluida, volviendo a la mesa en un estado inaceptable. Este tipo de prácticas denota una posible falta de rigor en la cocina en momentos de alta afluencia o simplemente en un mal día, generando una experiencia decepcionante para el comensal.

Estas críticas dibujan la imagen de un restaurante con dos caras: una capaz de ofrecer una experiencia gastronómica excelente, con platos sabrosos y un servicio encantador, y otra que, en ocasiones, fallaba en aspectos fundamentales como la preparación y el respeto por el producto. La irregularidad parece haber sido su mayor debilidad, haciendo que una visita pudiera ser una grata sorpresa o una profunda decepción.

Un Legado de Contrastes en Mieres

En definitiva, el Asador El Carrapiellu representó durante sus años de actividad una opción popular para comer en Mieres, gracias a su enfoque en la cocina tradicional asturiana, sus precios competitivos y un ambiente generalmente acogedor. Fue un lugar donde muchos disfrutaron de memorables parrilladas y cachopos, regados con buena sidra. Sin embargo, su trayectoria también estuvo marcada por una inconsistencia que le impidió alcanzar la excelencia de manera sostenida. Las críticas sobre comida recalentada o mal preparada, aunque no fueran la norma, pesan en la valoración final de su legado. Al estar ya cerrado permanentemente, su historia queda como un ejemplo de cómo la regularidad en la calidad es tan importante como la amabilidad del servicio o la generosidad de las raciones en el competitivo mundo de la restauración.

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