El Drac del Sant Jordi
AtrásUbicado en las instalaciones del Sant Jordi Boutique Hotel de Calella, el restaurante El Drac del Sant Jordi representó durante su tiempo de actividad un verdadero estandarte de la alta cocina en la comarca del Maresme. A pesar de que la información actual indica su cierre permanente, su legado y la excelente reputación que construyó merecen un análisis detallado. Con una valoración casi perfecta de 4.8 sobre 5 basada en cerca de 200 opiniones, es evidente que no se trataba de un establecimiento cualquiera, sino de un destino culinario que dejó una huella imborrable en sus comensales.
La propuesta gastronómica estaba liderada por el prestigioso chef Raül Balam Ruscalleda, hijo de la icónica Carme Ruscalleda, una figura cuyo nombre es sinónimo de excelencia en la cocina catalana. Esta conexión familiar no era un mero dato anecdótico, sino la garantía de una cocina con raíces, técnica y una creatividad desbordante. Balam, junto a su equipo, trasladó su visión al Maresme para crear una oferta basada en el producto de temporada y la despensa local, un pilar fundamental en los restaurantes de alta gama. Esta filosofía se materializaba en platos que, según los clientes, superaban cualquier expectativa, consolidando a El Drac como una referencia ineludible para quienes buscaban una experiencia gastronómica memorable.
Una oferta culinaria de altura
El formato más elogiado de El Drac eran sus menús degustación. Los comensales tenían a su disposición dos opciones principales: el menú "Petit Drac" y el "El Drac", con precios que rondaban los 58 y 78 euros respectivamente (bebidas aparte). Estas cifras, considerando la calidad ofrecida, representaban una relación calidad-precio excepcional. Clientes habituales de restaurantes con estrella Michelin afirmaban haber disfrutado más en El Drac, lo que subraya el altísimo nivel de ejecución y concepto que se manejaba en la cocina. De hecho, el restaurante fue reconocido e incluido como recomendación en la prestigiosa Guía Michelin, destacando precisamente la personalidad y creatividad que Balam imprimía en sus platos utilizando el producto del entorno.
Los platos eran un reflejo de una cocina de autor, moderna y mediterránea. Un ejemplo que un cliente destacó fue un memorable rodaballo con salsa de mango y curry, una combinación audaz que demuestra la búsqueda de sabores complejos y equilibrados. La carta también incluía opciones como el tartar de atún rojo con kimchi y mango, el arroz caldoso de calamar y gamba o el carré de cordero lechal, todos ellos diseñados para sorprender y deleitar. El uso de productos de proximidad no era un eslogan, sino una práctica evidente que se traducía en frescura y autenticidad en cada bocado.
Servicio y ambiente: la excelencia como norma
Una gran experiencia culinaria no se sostiene únicamente con la comida; el servicio y el entorno son cruciales. En este aspecto, El Drac del Sant Jordi alcanzaba cotas de perfección. Los testimonios de los clientes son unánimes al calificar el servicio como "excepcional", "impecable" e incluso al nivel de un restaurante de tres estrellas Michelin. El personal de sala, descrito como atento, amable y profesional, jugaba un papel fundamental en la atmósfera del local. Desde la recepción hasta la despedida, cada detalle estaba cuidado, incluyendo las acertadas recomendaciones y la perfecta sincronización entre platos.
El ambiente, ubicado en los bajos del hotel boutique de 5 estrellas, se definía como tranquilo, elegante y relajado. Esta atmósfera permitía que el protagonismo recayera en la comida y la conversación, convirtiendo cada cena en un homenaje. Un detalle que muchos valoraban era el saludo personal del chef a las mesas, un gesto de cercanía que humanizaba la alta cocina y demostraba la implicación y pasión del equipo. La vajilla, adaptada específicamente para cada plato, era otro de los detalles que evidenciaban que nada se dejaba al azar.
El punto débil y el cierre definitivo
Resulta difícil encontrar aspectos negativos en un lugar tan aclamado. La única crítica constructiva mencionada por un comensal fue una carta de vinos que, aunque con precios correctos, podría haber sido un poco más extensa. Sin embargo, este pequeño detalle quedaba compensado por la interesante iniciativa de ofrecer cualquier vino de la carta por copas a un precio fijo, una flexibilidad poco común y muy apreciada.
El verdadero y único punto negativo, y el más definitivo de todos, es que El Drac del Sant Jordi ha cerrado sus puertas de forma permanente. Para la escena gastronómica de comer en Calella y sus alrededores, la pérdida de este establecimiento es significativa. Dejó un vacío difícil de llenar, pues representaba la posibilidad de acceder a una cocina de vanguardia, con un servicio impecable y en un entorno privilegiado, sin necesidad de desplazarse a una gran capital. Las razones de su cierre no son públicamente detalladas, pero su ausencia se siente entre los aficionados a la buena mesa.
El legado de un restaurante inolvidable
El Drac del Sant Jordi fue mucho más que el restaurante de un hotel. Fue el proyecto personal de Raül Balam Ruscalleda en su tierra natal, un espacio donde la técnica, el producto local y un servicio atento se unieron para crear una propuesta casi perfecta. Su éxito rotundo, reflejado en las opiniones de quienes lo visitaron, lo posicionó como el mejor restaurante del Maresme para muchos. Aunque ya no es posible reservar una mesa, el recuerdo de sus menús, su ambiente y la pasión de su equipo perdura. Para aquellos que deseen seguir la pista de su chef, Raül Balam Ruscalleda ha continuado su trayectoria en otros proyectos de gran envergadura, como la dirección del restaurante Moments en Barcelona y la reapertura del icónico Sant Pau de su madre, ahora bajo el nombre de Cuina Sant Pau.