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Casa Cándida «Los siete platos»

Casa Cándida «Los siete platos»

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Viveiro, 7, 27837 Igrexa, Lugo, España
Restaurante
9.4 (1591 reseñas)

Un Legado de Abundancia: El Recuerdo de Casa Cándida "Los Siete Platos"

Hay lugares que trascienden su condición de simple negocio para convertirse en auténticas leyendas, y Casa Cándida "Los Siete Platos" fue, sin duda, uno de ellos. Aunque sus puertas ya se encuentren permanentemente cerradas, su recuerdo perdura en la memoria de miles de comensales que peregrinaron hasta la pequeña aldea de Viveiró, en Muras (Lugo), para enfrentarse a su famoso y pantagruélico menú. Este no es un análisis para futuros clientes, sino un homenaje a un restaurante gallego que definió un estilo propio, basado en la generosidad desbordante y la cocina tradicional.

La propuesta de Casa Cándida era tan sencilla como demoledora: no había carta. Al sentarse a la mesa, el cliente se entregaba a un ritual gastronómico inalterable que daba nombre al local: un desfile de siete pases de auténtica comida casera. Por un precio que rondaba los 20 o 22 euros, la experiencia incluía entrantes, múltiples platos principales, postres caseros, bebida, café y chupitos. Un valor casi increíble que explica por qué era necesario reservar con semanas, e incluso un mes de antelación, para conseguir una mesa.

La Experiencia de los Siete Platos: Un Festín Inolvidable

El menú era una oda a la gastronomía gallega más pura y contundente. Aunque podía variar ligeramente, la estructura era un desafío para los más valientes. La aventura solía comenzar con unos entrantes de embutidos y queso para abrir boca, pero esto era solo el preludio. A partir de ahí, las fuentes y ollas llegaban a la mesa sin descanso, con la invitación a repetir hasta la saciedad:

  • Primeros platos: Era común empezar con unas almejas a la marinera, seguidas de un contundente arroz con pollo o unas lentejas.
  • El corazón gallego: Luego llegaba el turno del emblemático caldo gallego, espeso y reconfortante, que servía de antesala para el plato fuerte.
  • El Cocido y la Carne: El cocido gallego completo, con sus carnes, chorizos, patatas y repollo, se presentaba como el clímax del menú. Por si fuera poco, le seguía un asado de ternera con patatas, tierno y sabroso.
  • Postres Caseros: Para quienes lograban llegar al final, la recompensa era una selección de postres caseros que incluía requesón con miel, flan, brazo de gitano o tartas.

La calidad de los productos, muchos de ellos de proximidad, era una de las claves de su éxito. Los clientes destacaban el sabor auténtico y la sensación de estar comiendo en casa de una abuela gallega. El trato familiar, cercano y amable del personal completaba una experiencia que muchos calificaban como "inolvidable" y por la que estaban dispuestos a conducir durante horas.

Lo Menos Bueno: Cuando la Abundancia Supera los Límites

A pesar de su abrumadora popularidad, el modelo de Casa Cándida no estaba exento de críticas. El principal punto negativo, señalado por algunos visitantes, era precisamente su mayor virtud: la cantidad. Varios comensales sentían que la cantidad de comida era "exagerada y desperdiciada". La imposibilidad de terminar los siete platos generaba en algunos una sensación de derroche, una crítica comprensible en un contexto de creciente conciencia sobre el desperdicio alimentario.

Otro aspecto que restaba puntos a la experiencia era el estado de algunas de sus instalaciones. En particular, se mencionaba un comedor superior donde la humedad era tan alta que las paredes y el techo llegaban a gotear. Esta situación, unida a una temperatura fría en el ambiente, dificultaba el disfrute pleno de la comida, empañando una velada que debería haber sido perfecta. Estos detalles sugieren que, si bien la cocina y el servicio eran excepcionales, la infraestructura del local, una casa rural antigua, presentaba algunas deficiencias.

El Fin de una Era

Fundada en 1930 como una pequeña taberna con ultramarinos, Casa Cándida creció hasta convertirse en un emblema. Su cierre no parece responder a un fracaso comercial, sino al merecido descanso de sus propietarios tras toda una vida de trabajo. Las reseñas ya apuntaban a la inminente jubilación de la dueña como el posible final de este icónico restaurante. El adiós de Casa Cándida deja un vacío en el panorama de los restaurantes en Lugo, llevándose consigo una forma de entender la hostelería que priorizaba la generosidad por encima de todo. Fue un templo para los amantes de los platos abundantes y la cocina sin artificios, un lugar donde la publicidad, como bien decían, se hacía directamente en el plato.

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