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Restaurante El Invernadero

Restaurante El Invernadero

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P.º de los Rosales, 48, 28450 Collado Mediano, Madrid, España
Restaurante
9.8 (91 reseñas)

Aunque su etapa en el Paseo de los Rosales de Collado Mediano ha concluido, el Restaurante El Invernadero dejó una huella imborrable en la escena culinaria, funcionando como el crisol donde el chef Rodrigo de la Calle perfeccionó un concepto revolucionario: la "gastrobotánica". Este establecimiento no era simplemente uno de los restaurantes de la sierra de Madrid; fue un destino de peregrinaje para quienes buscaban una experiencia gastronómica radicalmente distinta, centrada en el inmenso y a menudo subestimado reino vegetal. Con una valoración casi perfecta de 4.9 sobre 5 estrellas, las opiniones de quienes lo visitaron pintan el retrato de un lugar único.

Ubicado en los jardines de un hotel, el espacio hacía honor a su nombre. Rodeado de cristaleras, ofrecía un ambiente íntimo y acogedor con espectaculares vistas a la sierra. Con apenas unas pocas mesas, el enfoque estaba puesto en la comida y en una conexión directa con la cocina. De hecho, una de sus particularidades más comentadas era que los propios cocineros ejercían de camareros, explicando cada creación y eliminando la barrera entre el creador y el comensal. Esta apuesta por la cercanía formaba parte de una filosofía que buscaba sorprender y educar el paladar.

La Propuesta Culinaria: Un Mundo Vegetal Protagonista

La filosofía de Rodrigo de la Calle, la gastrobotánica, consiste en investigar y rescatar especies vegetales olvidadas o desconocidas para aplicarlas en la alta cocina. En El Invernadero de Collado Mediano, esto se traducía en un menú degustación donde las verduras, frutas y hongos eran las estrellas indiscutibles. Contrario a lo que podría pensarse, no era un restaurante estrictamente vegetariano. La proteína animal se utilizaba, pero de forma secundaria, como un aderezo o un potenciador de sabor en salsas y fondos, invirtiendo la jerarquía tradicional de los platos. Esta valentía fue uno de los aspectos más aplaudidos, retando con éxito a comensales declaradamente carnívoros a descubrir un nuevo universo de sabores.

La experiencia comenzaba desde la llegada, con bebidas de bienvenida tan originales como una hidromiel aromatizada con pino. El menú se presentaba manuscrito y se pedía a los clientes que lo mantuvieran bocabajo para preservar el factor sorpresa. Los platos se sucedían en un ritmo estudiado, comenzando con snacks para comer con los dedos y evolucionando hacia elaboraciones más complejas. Cada plato se construía en torno a un ingrediente vegetal principal, buscando extraer sus máximos matices.

Lo más destacado según los comensales

Quienes visitaron El Invernadero en su ubicación original recuerdan una serie de aciertos que definieron su identidad:

  • Creatividad y Técnica: Platos como el rábano con vinagreta de almendra y sésamo eran elogiados por su delicioso equilibrio. La capacidad del chef para transformar ingredientes humildes en creaciones de alta cocina era una constante.
  • Momentos Memorables: Un prepostre a base de moras de zarza fue descrito por un cliente como el mejor plato del menú, un sabor que lo transportó a la infancia y al campo, demostrando el poder emocional de la propuesta.
  • El Pan y sus Acompañamientos: Detalles como una hogaza de pan de pueblo servida con aceite de oliva virgen y mantequillas saborizadas (una de algas y otra de cítricos) elevaban la experiencia desde el primer momento.
  • Maridajes Innovadores: Más allá del vino, se ofrecía una audaz selección de licuados y fermentados de elaboración propia. Esta opción, aunque con altibajos, representaba el espíritu experimental del lugar. La chicha morada y un licuado de zanahoria, fresa y jengibre fueron particularmente celebrados.

Puntos de Crítica Constructiva

Una evaluación honesta, como la que pretendían sus comensales, también debe reflejar aquellos aspectos que no resultaron perfectos para todos. La naturaleza experimental de la cocina de El Invernadero implicaba asumir riesgos, y no todas las apuestas convencieron por igual. Algunos clientes señalaron que ciertos platos, como una especie de milhojas de lechuga, no alcanzaron la excelencia de otros, a pesar de la impecable técnica de sus acompañamientos, como un puré de patata al estilo de Joël Robuchon.

Los postres también generaron opiniones divididas. Mientras que una creación a base de maíz en distintas texturas fue un éxito, otras propuestas fueron calificadas de excesivamente ácidas (fresas y habas) o demasiado dulces (café, vainilla y macaron de alcachofa). De manera similar, el maridaje de licuados tuvo sus detractores; un vermú que olía mejor de lo que sabía o una sidra fermentada con kéfir cuya acidez resultó elevada para algunos paladares. Estos detalles, lejos de empañar la valoración general, aportan una visión realista de un restaurante de autor en constante evolución y búsqueda de nuevos límites.

El Legado: Cierre en Collado Mediano y Evolución a la Cima

El estatus de "Cerrado Permanentemente" en su dirección de Collado Mediano no significa el fin, sino una transformación. Aquella etapa en la sierra, donde el restaurante consiguió su primera estrella Michelin, sirvió como plataforma de lanzamiento. Rodrigo de la Calle trasladó El Invernadero a Madrid, concretamente a la calle Ponzano. En esta nueva ubicación, el concepto no solo ha sobrevivido, sino que ha florecido hasta alcanzar el reconocimiento máximo: dos estrellas Michelin y una Estrella Verde Michelin por su compromiso con la sostenibilidad. Se ha consolidado como uno de los mejores restaurantes de cocina vegetal del mundo.

En retrospectiva, El Invernadero de Collado Mediano fue un capítulo fundamental y valiente. Fue un laboratorio de ideas que desafió las convenciones sobre dónde comer para disfrutar de la verdura. Demostró que una propuesta basada en la comida saludable y el mundo vegetal podía ser sinónimo de vanguardia, sabor y emoción. Aunque ya no es posible visitar aquel íntimo comedor con vistas a la sierra, su espíritu pionero y su legado continúan más vivos que nunca en el corazón de Madrid.

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