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Restaurante Asador La Caverna

Restaurante Asador La Caverna

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AS-237, 42, 33829 Grullos, Asturias, España
Parrilla Restaurante
8.6 (256 reseñas)

El Restaurante Asador La Caverna, ubicado en la carretera AS-237 a su paso por Grullos, en el concejo de Candamo, fue durante años una parada reconocida para los amantes de la buena mesa en Asturias. A pesar de que hoy sus puertas se encuentran cerradas de forma permanente, su recuerdo perdura entre quienes tuvieron la oportunidad de visitarlo, dejando tras de sí un legado de opiniones diversas que pintan el retrato de un negocio con grandes virtudes y algunos puntos de mejora. Con una notable calificación media de 4.3 sobre 5 estrellas basada en más de 160 valoraciones, es evidente que La Caverna dejó una huella mayoritariamente positiva.

El corazón del asador: la carne a la brasa

Como su propio nombre indicaba, el punto fuerte y el alma de La Caverna era su faceta de asador. Los clientes que buscaban una experiencia carnívora de calidad solían salir satisfechos. La parrilla era la protagonista, ofreciendo cortes de carne de excelente calidad que recibían elogios constantes. Una de las iniciativas más celebradas eran sus jornadas gastronómicas, como las dedicadas a la carne de Txogitxu, una marca de carne roja de vaca vieja de gran prestigio. Estos eventos demuestran un compromiso con el producto de alta gama y atraían a un público específico deseoso de degustar un chuletón de categoría superior. La especialización en carnes asadas a baja temperatura, como el cabrito o el lechazo, también formaba parte de su oferta distintiva, consolidando su reputación como un destino fiable para disfrutar de la carne a la brasa.

Una propuesta culinaria de contrastes

Más allá de la parrilla, la carta de La Caverna presentaba una dualidad que generaba opiniones encontradas. Por un lado, se mantenía fiel a la gastronomía asturiana tradicional, pero por otro, el chef Nacho del Rey, que tomó las riendas del negocio en 2017, introducía toques de cocina contemporánea. Esta fusión no siempre era recibida de la misma manera. Mientras algunos comensales aplaudían la innovación y la originalidad, como en el caso del "cachopo roll", descrito como delicioso, suave y en su punto, otros sentían que estos platos "modernos" con aires de "nouvelle cuisine" desentonaban con la esencia de un asador tradicional que esperaban encontrar. Este contraste definía la experiencia: un lugar donde se podía disfrutar de un cachopo innovador o de platos creativos como el frixuelo negro de sepia relleno de marisco, pero que podía no satisfacer a quienes buscaban exclusivamente comida casera sin reinterpretaciones.

El servicio y el ambiente: luces y sombras

El trato al cliente en La Caverna es otro de los aspectos que suscitaba comentarios dispares. Numerosas reseñas hablan de un "servicio de nivel", un "trato fenomenal" y personal "tremendamente amable". Esta atención cercana y profesional contribuía a crear una atmósfera agradable y a que los clientes se sintieran bien acogidos en un comedor que, según las imágenes, presentaba una decoración cuidada y confortable. Sin embargo, una crítica recurrente y significativa era la lentitud del servicio en ciertas ocasiones. Algunos clientes reportaron tiempos de espera excesivamente largos entre plato y plato, e incluso para recibir la cuenta, lo que podía llegar a empañar la experiencia global y convertir una comida agradable en una espera pesada. Esta inconsistencia en el ritmo del servicio parece haber sido uno de sus principales puntos débiles.

La cuestión del precio: ¿una relación calidad-precio justa?

Determinar si La Caverna era un restaurante caro o económico es complejo, ya que las percepciones de los clientes variaban notablemente. Mientras la información general lo catalogaba con un nivel de precios bajo, la experiencia real de algunos comensales era la de un sitio "bastante caro". Por otro lado, otros clientes consideraban que tenía un "buen precio" y ofrecía una buena relación calidad-precio. Esta discrepancia podría explicarse por la diferencia entre pedir el menú del día, si lo ofrecían, o comer a la carta, donde los precios de los cortes de carne de alta calidad podían elevar considerablemente la cuenta. Un detalle importante, señalado por un cliente, es que en los menús la bebida solía cobrarse aparte, un factor a tener en cuenta al calcular el coste final de la comida. Las jornadas gastronómicas, con menús cerrados, también presentaban una horquilla de precios diferente.

Un final agridulce para los postres

Incluso el último plato, el postre, generaba debate. Mientras un comensal aseguraba que los postres caseros "no decepcionan", otro, tras disfrutar de una excelente comida durante las jornadas del Txogitxu, admitía que los postres no le habían gustado tanto. Esta falta de consenso sugiere que, si bien había opciones logradas, la oferta dulce no mantenía la misma regularidad que, por ejemplo, sus aclamadas carnes a la parrilla.

El cierre de una etapa en Candamo

El cierre definitivo de La Caverna en 2019 se debió, según se informó en medios locales, a un desacuerdo sobre el alquiler del local, que era de propiedad municipal. Un incremento sustancial de la renta hizo inviable la continuidad del negocio, poniendo fin a la trayectoria de un restaurante que, con sus aciertos y sus áreas de mejora, se había hecho un hueco en el panorama gastronómico de la comarca. La Caverna es recordado como un lugar que apostó por el producto de calidad, especialmente la carne, y que intentó combinar tradición e innovación en su cocina. Aunque ya no es una opción para dónde comer en Asturias, el análisis de su historia ofrece una valiosa perspectiva sobre los retos y las complejidades de la hostelería.

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