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Restaurante los Templarios

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Av. de Valencia, 3, 50005 Zaragoza, España
Restaurante
7.6 (7 reseñas)

En el panorama de restaurantes en Zaragoza, algunos locales dejan una huella imborrable en la memoria de sus comensales mucho después de haber cerrado sus puertas. Es el caso del Restaurante los Templarios, situado en la Avenida de Valencia, 3, un establecimiento que, aunque hoy se encuentra permanentemente cerrado, en su día fue un punto de referencia para los amantes de ciertos platos de la comida tradicional española. A través de las experiencias y opiniones de quienes lo visitaron, podemos reconstruir lo que ofrecía este singular negocio y entender tanto sus puntos fuertes como aquellos aspectos que generaban opiniones divididas.

El local se presentaba como un restaurante de pocas mesas, una característica que, lejos de ser un inconveniente, contribuía a crear una atmósfera acogedora e íntima. Clientes de hace más de una década destacaban su cuidada decoración, que junto a su reducido tamaño, lo convertía en un espacio ideal para una velada tranquila. Esta exclusividad obligaba a menudo a reservar mesa con antelación, un indicativo de que, para su clientela fiel, la visita merecía la planificación.

La especialidad que marcaba la diferencia: El Codillo

Si había un plato que definía la propuesta gastronómica de Los Templarios, ese era, sin duda, el codillo. Las reseñas lo describen no solo como una especialidad de la casa, sino como una preparación magistral. Un comensal llegó a calificarlo con mayúsculas, "CODILLO", afirmando no haber probado otro igual en España. Esta contundente afirmación sugiere una receta muy perfeccionada, probablemente un codillo de cerdo asado lentamente, quizás a la cerveza belga como indicaba una antigua descripción, hasta alcanzar ese punto perfecto donde la carne se desprende del hueso y la piel queda crujiente y dorada. Este plato se convirtió en el principal imán del restaurante, atrayendo a clientes que buscaban específicamente una experiencia culinaria centrada en esta delicia de la cocina centroeuropea adaptada al gusto local.

Carnes a la piedra: una experiencia participativa

Más allá de su plato estrella, Los Templarios era reconocido como un notable restaurante de carnes. Otra de sus propuestas más aplaudidas era la chuleta de ternera gallega a la piedra. Esta modalidad, que permite al propio comensal terminar de cocinar la carne a su gusto en la mesa, era uno de los grandes atractivos. No se trataba solo de la calidad del producto, una chuleta gallega que los clientes calificaban de "rica, rica", sino también del servicio atento que la acompañaba. Un detalle significativo, mencionado por una clienta, era que el personal se encargaba de cambiar la piedra caliente sin necesidad de que el cliente lo solicitara, asegurando así que la carne se mantuviera en su temperatura óptima durante toda la comida. Esta atención al detalle elevaba la experiencia de comer en Zaragoza y demostraba un compromiso con la satisfacción del cliente.

La oferta de calidad no se detenía ahí. El foie era otro de los entrantes destacados, considerado por algunos como el mejor que habían probado en la ciudad. Junto a ensaladas bien elaboradas, completaba una carta que, aunque no excesivamente extensa, se centraba en productos de alta calidad y preparaciones contundentes y sabrosas, configurando una opción sólida para cenar en Zaragoza.

Ambiente y Servicio: El Valor de la Cercanía

El servicio en Los Templarios recibía elogios constantes. La atención era descrita como "excelente" y "mejor todavía" que la decoración. En un local pequeño, la cercanía con el personal es fundamental, y el equipo de Los Templarios parecía entenderlo a la perfección. Este trato amable y profesional era el complemento ideal para la calidad de su cocina, haciendo que los clientes se sintieran bien atendidos y valorados. Sin embargo, el ambiente íntimo también tenía su contrapartida. Un comensal relató su experiencia llegando al restaurante "de rebote" y encontrándolo completamente vacío. Esta situación inicial le generó dudas, una reacción comprensible para cualquier cliente que asocia un local vacío con una posible falta de calidad. Afortunadamente, en su caso, la sorpresa fue mayúscula cuando la comida llegó a la mesa y disipó todas sus dudas con su calidad y sabor. Este episodio revela una posible debilidad: un restaurante pequeño y especializado podía tener momentos de baja afluencia que generaran una primera impresión equivocada en potenciales clientes que no lo conocieran de antemano.

Un Legado de Opiniones Mixtas

A pesar de las críticas entusiastas sobre sus platos estrella, el historial de valoraciones del Restaurante los Templarios no era unánimemente positivo. Con una calificación media de 3.8 sobre 5, basada en un número muy reducido de opiniones, es evidente que no todas las experiencias fueron de sobresaliente. La existencia de valoraciones de 2 y 3 estrellas, aunque sin comentarios que detallen los motivos, sugiere que ciertos aspectos del restaurante no cumplieron las expectativas de todos los visitantes. Quizás el precio, que según una fuente externa rondaba los 25-35€, podía parecer elevado a algunos clientes si su experiencia no era perfecta, o tal vez la especialización en platos tan concretos no era del agrado de todos los paladares.

En definitiva, el Restaurante los Templarios forma parte de la historia hostelera de Zaragoza como un lugar con una identidad muy marcada. Se consolidó como un destino para los amantes de las carnes a la piedra y, sobre todo, como el templo de un codillo memorable. Su éxito se basó en una fórmula de cocina de producto, con especialidades potentes y un servicio cercano en un ambiente íntimo. Aunque ya no es posible visitar sus instalaciones, el recuerdo que dejó en sus clientes habla de un lugar que, en sus mejores noches, ofrecía una experiencia gastronómica notable y muy especializada dentro del amplio abanico de restaurantes en Zaragoza.

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