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El plaza de indautxu

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Santimami Zumarkalea, 46, Abando, 48010 Bilbao, Bizkaia, España
Bar Bar restaurante Restaurante
8 (694 reseñas)

Ubicado en la calle Santimami Zumarkalea, a escasos pasos de la plaza que le daba nombre, el restaurante El Plaza de Indautxu fue durante años una parada habitual para quienes buscaban una propuesta gastronómica honesta y asequible en el distrito de Abando. Sin embargo, es importante señalar desde el principio que este establecimiento se encuentra permanentemente cerrado. Este artículo sirve como un análisis retrospectivo de lo que ofreció este local, basándonos en la extensa experiencia compartida por sus antiguos clientes.

La principal seña de identidad de El Plaza de Indautxu era, sin duda, su excelente relación calidad-precio. Se posicionó como un bastión del menú del día en Bilbao, una opción cada vez más valorada tanto por trabajadores de la zona como por visitantes. Los testimonios coinciden en destacar sus precios ajustados, con menús que oscilaban entre los 14 y 17 euros, incluso durante fines de semana y festivos como la Aste Nagusia. Esta política de precios lo convertía en una opción sumamente atractiva para comer barato en Bilbao sin renunciar a una comida completa y bien surtida.

La Propuesta Gastronómica: Sabor Casero con Altibajos

El Plaza de Indautxu se especializaba en la cocina española tradicional y la comida casera. Su oferta no buscaba la vanguardia, sino reconfortar a través de platos reconocibles y abundantes. Entre sus elaboraciones más elogiadas se encontraban:

  • Platos de cuchara: Las alubias cremosas, los garbanzos y las patatas a la riojana recibían comentarios muy positivos, destacando su sabor auténtico.
  • Pescados y carnes: La lubina fresca y el codillo tierno eran mencionados como segundos platos muy recomendables. El bacalao al ajoarriero también formaba parte de sus especialidades bien valoradas.
  • Postres: En este apartado, la opinión general es que eran correctos pero sencillos. Opciones como la cuajada, el tiramisú o las natillas cumplían su función sin grandes alardes.

A pesar de la satisfacción general, el local no estaba exento de críticas. Algunos clientes señalaron cierta inconsistencia en la calidad. Por ejemplo, se mencionan episodios como unos guisantes con jamón que llegaron quemados a la mesa o un entrecot que, por su sencillez, no cumplió las expectativas. Otro detalle menor pero recurrente era la textura de las patatas fritas que acompañaban algunos platos, descritas en ocasiones como poco crujientes. Estos detalles, aunque puntuales, reflejan que la experiencia podía variar, un aspecto a considerar en la valoración global del lugar.

El Servicio y el Ambiente: Un Valor Añadido

Uno de los puntos fuertes más consistentemente destacados por la clientela era la calidad del servicio. Los camareros eran descritos como atentos, rápidos, amables e incluso con buen humor, capaces de gestionar el comedor eficientemente incluso en momentos de máxima afluencia. Sobresale el nombre de un empleado, LuisMi, a quien varios clientes calificaron como un "pedazo de profesional" por su diligencia y trato excepcional, llegando a resolver pequeños imprevistos con gran eficacia. Este factor humano diferenciaba a El Plaza de Indautxu de otros restaurantes en Abando y fomentaba la lealtad de su clientela.

El espacio físico era funcional y sin pretensiones. Ofrecía una terraza exterior, ideal para tomar algo, y un comedor interior dividido en dos pequeños salones. El comedor inferior, equipado con aire acondicionado, era apreciado por ser un espacio tranquilo y cómodo. La limpieza y el ambiente agradable eran también aspectos bien valorados, conformando un entorno acogedor para disfrutar de una comida.

Un Legado de Sencillez y Buen Trato

En definitiva, El Plaza de Indautxu representó un modelo de bar-restaurante de barrio que priorizaba la accesibilidad y un servicio cercano. Su éxito se basó en una fórmula clara: un menú del día económico, variado y fundamentado en la comida casera, servido por un personal profesional y amable. Aunque presentaba irregularidades en su cocina, su propuesta general era sólida y respondía a una demanda clara en una zona céntrica de Bilbao. Su cierre permanente deja un vacío para aquellos comensales que buscaban una opción fiable y sin complicaciones, un lugar que demostraba que la buena hostelería no siempre reside en la complejidad, sino en la honestidad de su oferta.

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