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Bodegón Llano del Moro

Bodegón Llano del Moro

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C. 122, 19, 38107 Santa Cruz de Tenerife, España
Restaurante
8.6 (171 reseñas)

El Bodegón Llano del Moro se presentó durante años como una opción para quienes buscaban restaurantes de cocina tradicional canaria en Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, es fundamental señalar desde el principio que este establecimiento se encuentra cerrado permanentemente. Su trayectoria, marcada por profundos contrastes entre el aprecio de sus clientes habituales y las críticas severas de otros, deja un legado complejo que merece ser analizado.

La cara amable: Comida casera a precios populares

En sus mejores momentos, este bodegón era elogiado por ofrecer una experiencia gastronómica auténtica y sin pretensiones. Los defensores del lugar destacaban su excelente relación calidad-precio, un factor clave para muchos comensales. Se podían disfrutar de generosas raciones de platos típicos por un coste muy asequible; por ejemplo, una comida completa para tres personas, incluyendo costillas, pota en salsa, escaldón y papas arrugadas, podía rondar los 35 euros. Esta accesibilidad económica lo convirtió en un punto de referencia para quienes querían saber dónde comer bien sin afectar el bolsillo.

La oferta culinaria se centraba en la gastronomía canaria más pura. Entre los platos más celebrados se encontraban:

  • Costillas con papas
  • Carne de cabra
  • Pota en salsa
  • Escaldón de gofio
  • Chicharros fritos
  • Croquetas caseras

Algunos clientes describían la comida como "buenísima" y el trato de los dueños, Toribio y su esposa, como "encantador". Esta percepción de un negocio familiar, cercano y genuino, donde la comida casera era la protagonista, forjó una base de clientes leales que recordarán el local con cariño. Era un lugar que, para muchos, representaba la esencia de un bodegón canario tradicional.

El declive: Críticas a la calidad y al servicio

A pesar de su buena reputación inicial, en la etapa final antes de su cierre, las opiniones negativas comenzaron a ganar terreno, dibujando una realidad muy diferente. El punto más criticado fue, sin duda, el servicio. Varios testimonios describen a uno de los responsables como una persona "cascarrabias", con pocas habilidades sociales, quejándose constantemente y mostrando una clara falta de profesionalidad. Los clientes reportaron largas esperas para ser atendidos, tener que pedir la cuenta en múltiples ocasiones e incluso esperar de pie en la barra durante más de 20 minutos para poder pagar.

Un incidente particularmente grave que refleja este problema de atención fue el de un cliente que llegó a las 15:33 h, dentro del horario de apertura, y se encontró con la puerta cerrada en su cara por personal que, según su relato, estaba de fiesta en el interior sin ofrecer ninguna explicación. Este tipo de comportamiento resulta inaceptable en el sector de la hostelería.

Problemas en la cocina y la higiene

Las quejas no se limitaron al trato personal. La calidad de la comida, antes uno de sus puntos fuertes, también se vio cuestionada. Comentarios recientes a su cierre mencionaban vino servido caliente, pan recalentado, carne de cabra dura y fría, y papas que parecían del día anterior. Si bien algunos platos como las croquetas mantenían su calidad, otros como la ropa vieja o los chocos eran descritos como insípidos o con un sabor desagradable. Esta inconsistencia sugiere una posible falta de control en la cocina.

El golpe final a su reputación vino de la mano de problemas de higiene. Un cliente reportó un "mal olor al entrar" y la presencia de una cucaracha en el comedor. Estas son acusaciones muy serias para cualquier restaurante y un factor decisivo para la mayoría de los comensales.

Un legado de contradicciones

El Bodegón Llano del Moro es el reflejo de una historia con dos versiones. Por un lado, la de un local familiar que ofrecía lo mejor de la cocina tradicional a precios imbatibles. Por otro, la de un negocio que, en su última etapa, sufrió un notable deterioro en el servicio, la calidad de la comida y la limpieza. Su cierre definitivo deja un hueco, pero también una lección sobre la importancia de mantener la consistencia y el buen trato al cliente, pilares fundamentales para el éxito de cualquier restaurante.

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