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Restaurante Terraza Miramar Luarca

Restaurante Terraza Miramar Luarca

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P.º del Muelle, 33, 33700 Luarca, Asturias, España
Bar Bar restaurante Restaurante Restaurante mediterráneo
8.6 (1885 reseñas)

Ubicado en un punto privilegiado del Paseo del Muelle, el Restaurante Terraza Miramar fue durante años un referente en Luarca, no solo por su propuesta gastronómica, sino fundamentalmente por su emplazamiento. El acceso, a través de un ascensor que ascendía desde el puerto, ya anticipaba una experiencia singular, culminando en un comedor y una terraza con vistas panorámicas que se contaban entre las más codiciadas de la villa asturiana. Sin embargo, es importante señalar que este establecimiento se encuentra permanentemente cerrado, por lo que este análisis sirve como un retrato de lo que fue un negocio con una notable reputación y algunos puntos de mejora.

Una Localización Inmejorable

El principal y más consistentemente alabado atributo del Miramar era, sin duda, su localización. Los comensales destacaban de forma unánime las "vistas inmejorables" que ofrecía del puerto y el mar Cantábrico. Esta característica lo convertía en un restaurante con vistas por excelencia, un lugar ideal para comidas y cenas donde el paisaje era un componente esencial de la experiencia. La posibilidad de comer en la terraza exterior era un gran atractivo, permitiendo disfrutar de la brisa marina y de un entorno espectacular que pocos restaurantes en Luarca podían igualar.

La Propuesta Gastronómica: Entre la Excelencia y la Irregularidad

La carta del Miramar se centraba en la cocina asturiana y mediterránea, con un fuerte énfasis en los productos del mar. Analizando las opiniones de quienes lo visitaron, se dibuja un cuadro de luces y sombras en cuanto a la calidad de sus platos.

Platos Estrella y Aciertos Culinarios

Muchos clientes guardan un recuerdo excepcional de ciertos platos. El cachopo de ternera asturiana era descrito por algunos como "el mejor de su vida", un halago significativo en una región donde este plato es un emblema. Los pescados frescos también recibían elogios, como el pixín (rape) a la plancha, valorado por su frescura y buen punto de cocción. Entre los entrantes, destacaban el pastel de cabracho, la cecina con queso de cabra y las zamburiñas, que, aunque en alguna ocasión fueron calificadas como simplemente "aceptables", en general dejaban una buena impresión. La oferta se completaba con una variedad de mariscos, parrilladas y postres caseros como la tarta de queso o la mousse de limón, que solían ser un cierre satisfactorio para la comida.

El Punto Débil: La Inconsistencia en los Arroces

A pesar de que los arroces se presentaban como una de las especialidades de la casa, este era precisamente el punto que generaba más controversia. Mientras algunos clientes disfrutaban de su arroz negro, otros vivieron experiencias decepcionantes. El arroz meloso con pulpo, por ejemplo, fue criticado duramente en algunas reseñas por su falta de sabor, una textura pasada y un excesivo gusto a tomate que enmascaraba el ingrediente principal. Otros comensales mencionaron arroces duros o con exceso de colorante. Esta irregularidad convertía el pedir un arroz con bogavante o una paella marinera en una apuesta arriesgada, una notable debilidad para un restaurante que se enorgullecía de su cocina marinera.

El Servicio: Un Pilar del Establecimiento

En contraste con la variabilidad de la cocina, el servicio en el Miramar era frecuentemente descrito con adjetivos como "excelente", "profesional" y "amable". Los camareros, y en particular uno llamado Alberto, eran mencionados por su atención y buenas recomendaciones. La capacidad del personal para gestionar el servicio con agilidad, incluso en días de alta afluencia como durante las fiestas locales, y la amabilidad de atender a comensales sin reserva o que llegaban a última hora, eran aspectos muy valorados que contribuían positivamente a la experiencia general.

Aspectos a Considerar de su Legado

Mirando en retrospectiva, el Restaurante Terraza Miramar deja un legado mixto. Por un lado, fue un lugar icónico para comer bien en Luarca gracias a un entorno privilegiado y a una carta que ofrecía platos de notable calidad, especialmente en carnes y pescados. Por otro lado, la inconsistencia en sus platos de arroz y algunos entrantes empañaban una oferta que aspiraba a la excelencia. El precio, de nivel medio, resultaba justo para muchos cuando la comida estaba a la altura de las vistas, pero podía parecer excesivo cuando la experiencia culinaria fallaba. Su cierre definitivo deja un vacío en una de las mejores atalayas del puerto de Luarca, recordando a futuros hosteleros la importancia de mantener una calidad constante en todos los aspectos del negocio, más allá de una ubicación insuperable.

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