El Broquel

El Broquel

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C. de Broqueleros, Casco Antiguo, 50003 Zaragoza, España
Bar Bar de tapas Restaurante Taberna
8.8 (1300 reseñas)

La calle de Broqueleros en Zaragoza ya no es la misma. Uno de sus establecimientos más singulares, la Taberna El Broquel, bajó la persiana definitivamente tras 15 años de actividad, dejando un hueco notable en el panorama gastronómico de la ciudad. Este no era un bar cualquiera; bajo la dirección de Lucio Lanzán, se convirtió en un punto de referencia para quienes buscaban una experiencia culinaria diferente, atrevida y con una personalidad arrolladora. Su cierre no solo significa el fin de un negocio, sino el de un punto de encuentro que formó parte de la vida del Casco Antiguo.

Una Propuesta Gastronómica Inigualable

El Broquel se labró su fama gracias a una valiente apuesta por la comida exótica. Mucho antes de que se popularizaran ciertas tendencias, en su pizarra ya se anunciaban carnes que despertaban la curiosidad de los comensales más aventureros. La oferta era un auténtico safari gastronómico: canguro, cocodrilo de Zimbabue, cebra, bisonte, avestruz, camello y hasta ñu o gacela formaban parte de su repertorio habitual. Estas carnes, servidas a la plancha o en carpaccio para respetar su sabor original, convirtieron a El Broquel en uno de los restaurantes más comentados de Zaragoza.

Sin embargo, reducir su cocina a lo exótico sería un error. Lucio, con su experiencia tras los fogones, sabía que la base de un buen restaurante de tapas reside en la calidad y el sabor de lo reconocible. Por ello, la carta se completaba con tapas y raciones muy bien ejecutadas que recibían el aplauso de su clientela. Eran célebres sus baos de relleno sabroso, la alcachofa con cecina, el arenque o sus tablas de quesos acompañados de frutas, propuestas que demostraban un profundo conocimiento del producto.

La Bodega: Un Refugio para los Amantes del Vino

Otro de los pilares fundamentales de El Broquel era su impresionante bodega. Con más de 200 referencias, el local se erigía como un templo para los aficionados al vino. La selección iba más allá de lo comercial, centrándose en descubrir joyas ocultas y vinos singulares, con un cariño especial por los vinos de Aragón. La experiencia no consistía solo en pedir una copa, sino en dejarse aconsejar por Lucio y Pilar, quienes disfrutaban encontrando el maridaje perfecto para cada plato y cada cliente, convirtiendo cada visita en una cata personalizada.

El Alma del Bar: Carácter y Controversia en el Servicio

Más allá de la comida y la bebida, lo que muchos recordarán de El Broquel es su ambiente. Las reseñas de los clientes dibujan un lugar con alma, la esencia de los bares de antes donde la conversación y el buen rato primaban por encima de todo. Muchos lo describían como sentirse "en casa", un lugar para desconectar y disfrutar de la hospitalidad de sus dueños, a quienes calificaban con enorme cariño. Era, sin duda, uno de esos bares con encanto donde la personalidad de sus propietarios impregnaba cada rincón.

No obstante, esa misma personalidad tan marcada generaba opiniones divididas en cuanto al servicio. Mientras una gran parte de los clientes alababa el trato cercano y familiar, otros lo percibían como "algo despistado" o incluso deficiente para el nivel de precios. Esta dualidad de opiniones refleja una realidad: El Broquel no era un lugar de servicio formal e impersonal. Era un negocio de autor, con un trato directo y sin filtros que a veces podía resultar inconsistente. Esta característica, lejos de ser un simple defecto, formaba parte de su identidad genuina.

El Adiós de un Clásico

En noviembre de 2025, la noticia de su cierre conmocionó a sus fieles. El mensaje de despedida en redes sociales fue tan directo como el propio bar: "El 16 de noviembre, El Broquel dice adiós. 15 años maravillosos. Broquel cierra. Lucio sigue". La frase final, "Lucio sigue", deja una puerta abierta a futuros proyectos, pero marca el fin de una era en la calle Broqueleros. Se fue un establecimiento que, con sus aciertos y sus particularidades, ofreció durante tres lustros una propuesta única para cenar en Zaragoza, demostrando que en la gastronomía, el riesgo y la personalidad a menudo dejan la huella más profunda.

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