La Setella
AtrásEn el singular emplazamiento del Aeródromo de Santa Cilia, en Huesca, existió un establecimiento que dejó una huella notable entre sus visitantes: el restaurante La Setella. Hoy, con el cartel de "cerrado permanentemente", solo queda el recuerdo de lo que fue un punto de encuentro para pilotos, turistas y locales. Este artículo es una mirada retrospectiva a las razones por las que La Setella cosechó una valoración general tan positiva, así como a los aspectos que, en ocasiones, ponían a prueba la paciencia de sus comensales, todo ello enmarcado en la realidad de su cese de actividad.
Una Propuesta Gastronómica Sólida y Apreciada
El principal pilar del éxito de La Setella era, sin duda, su cocina. Las reseñas de quienes lo visitaron coinciden de forma casi unánime en la calidad y el sabor de sus platos. Se definía como un lugar de comida casera, honesta y abundante, un refugio para quienes buscaban sabores auténticos de la comida tradicional española. El menú del día era uno de sus grandes atractivos, ofreciendo una variedad considerable de opciones a un precio que muchos consideraban "más que bueno", posicionándolo como uno de los restaurantes económicos más recomendables de la zona.
Entre los platos que quedaron en la memoria de los clientes, varios son mencionados con especial entusiasmo. La lasaña de setas, el risotto y las migas aragonesas eran descritos con adjetivos como "deliciosos" y de "sabor muy potente". Sin embargo, si había un plato estrella, ese era el cachopo. Los comensales lo describían como "increíble", destacando su exterior crujiente y un interior tierno y generosamente relleno. La paletilla, otro clásico, era elogiada por estar siempre "en su punto". La generosidad era otra de sus señas de identidad; algunos clientes recordaban con asombro cómo una paella de arroz podía dar para que cuatro personas repitieran sin problema.
Servicio y Ambiente: Más Allá de la Comida
La experiencia en La Setella no se limitaba a la mesa. El trato del personal es otro de los puntos fuertemente positivos que se repiten. Palabras como "impecable", "amables", "majos" y "estupendamente" aparecen constantemente en las valoraciones. Esta atención cercana y profesional contribuía a crear una atmósfera agradable y familiar, haciendo que los clientes se sintieran bienvenidos y bien atendidos, incluso cuando el local estaba a pleno rendimiento.
El entorno, por supuesto, jugaba un papel fundamental. Estar ubicado en un aeródromo ofrecía un telón de fondo único, con vistas a la pista de aterrizaje y al paisaje prepirenaico. Era un lugar que respondía perfectamente a la pregunta de dónde comer en un sitio diferente. Además, La Setella contaba con un as bajo la manga que lo diferenciaba de otros restaurantes: el acceso a una piscina. Con una simple consumición, los clientes podían disfrutar de un baño en una piscina que, según las opiniones, se mantenía en un estado de limpieza excelente. Esta característica lo convertía en una opción ideal para familias y grupos durante los meses más cálidos, fusionando ocio y gastronomía de una manera poco común.
- Comida: Valorada por su calidad, sabor casero y abundancia.
- Platos destacados: Cachopo, lasaña de setas, risotto, migas y paletilla.
- Servicio: Descrito consistentemente como amable, atento e impecable.
- Entorno: Ubicación única en el Aeródromo de Santa Cilia.
- Extra: Acceso a la piscina con una consumición.
Los Puntos Débiles de un Negocio Querido
A pesar de la avalancha de críticas positivas, ningún negocio es perfecto. El principal punto negativo que se puede extraer de las experiencias compartidas es el tiempo de espera. Varios clientes, aunque finalmente satisfechos con la comida y el trato, mencionaban que la espera podía ser considerablemente larga. Este detalle sugiere que, en momentos de alta afluencia, la cocina o el servicio de sala podían verse desbordados. Es un problema común en restaurantes populares que apuestan por precios ajustados y platos elaborados al momento, pero no deja de ser un inconveniente para el cliente que llega con hambre o con el tiempo justo.
El Cierre Definitivo: El Fin de una Era
El mayor aspecto negativo, y el definitivo, es que La Setella ya no está en funcionamiento. Para los potenciales clientes que buscan información, es crucial saber que sus puertas están cerradas. Las razones detrás del cese de un negocio tan bien valorado no son públicas, pero su ausencia deja un vacío. Lugares como este, que combinan buena comida, precios razonables, un trato cercano y un emplazamiento singular, son difíciles de reemplazar. Su cierre es una pérdida para la oferta gastronómica de la comarca de la Jacetania y un recordatorio de la fragilidad del sector de la hostelería, incluso para aquellos negocios que parecen tener una fórmula de éxito consolidada.
El Legado de La Setella
En retrospectiva, La Setella fue mucho más que un simple bar de aeródromo. Se consolidó como un destino gastronómico por derecho propio. Ofrecía una experiencia completa: una comida casera memorable, con platos contundentes y sabrosos como su famoso cachopo, un servicio que hacía sentir a los clientes como en casa y un entorno original con el añadido lúdico de la piscina. Aunque las esperas pudieran ser largas en ocasiones, la balanza se inclinaba claramente hacia el lado positivo. Su cierre permanente significa que ya no es una opción para quienes buscan dónde comer en Santa Cilia, pero su recuerdo perdura en las más de cien reseñas positivas que certifican que, durante su tiempo de actividad, La Setella supo cómo conquistar el paladar y el aprecio de sus visitantes.