Meson La Encomienda
AtrásUbicado en un punto estratégico de la carretera N-631, en Perilla de Castro, el Mesón La Encomienda fue durante años una parada casi obligatoria para viajeros y un punto de encuentro para los habitantes de la zona de Zamora. Sin embargo, quienes busquen hoy disfrutar de su propuesta gastronómica se encontrarán con las puertas cerradas, ya que el establecimiento cesó su actividad de forma permanente. A pesar de su cierre, su recuerdo perdura a través de las experiencias de quienes lo visitaron, dibujando el perfil de un restaurante de carretera que supo combinar la cocina tradicional con un entorno privilegiado y precios competitivos.
El gran atractivo del mesón residía en su capacidad para ofrecer una experiencia completa. No era simplemente un lugar dónde comer, sino un espacio diseñado para el descanso y el disfrute. Su localización a orillas del río Esla, junto al puente sobre el pantano de Ricobayo, le otorgaba unas vistas espectaculares que se podían admirar desde sus amplias terrazas. Este entorno natural, combinado con una arquitectura de estilo mesón castellano, con piedra y madera como protagonistas, creaba una atmósfera acogedora y auténtica, un refugio perfecto tanto para el trabajador que buscaba un menú contundente como para la familia que hacía una pausa en su viaje.
La propuesta gastronómica: carnes a la brasa y menús para todos
La oferta culinaria de La Encomienda se centraba en los pilares de la gastronomía zamorana: producto de calidad y preparaciones sencillas pero sabrosas. La especialidad que le dio fama fueron, sin duda, las carnes a la brasa. Los comensales recuerdan con aprecio la calidad de sus piezas, destacando entre ellas el imponente chuletón de ternera de Aliste, una joya de la despensa local. Un detalle que marcaba la diferencia era la presentación de la carne en una piedra caliente, permitiendo que cada cliente pudiera terminar la cocción a su gusto exacto, un gesto que elevaba la experiencia y demostraba un cuidado por el detalle.
Más allá de la carta, el Mesón La Encomienda era especialmente conocido por su excelente relación calidad-precio, materializada en su menú del día. Por un precio que rondaba los 10 euros entre semana, se ofrecía una propuesta variada, rica y bien ejecutada, que lo convertía en una opción inmejorable para viajeros y trabajadores de la zona. Este menú era descrito como "estupendo", consolidando al mesón como un lugar para comer barato sin sacrificar la calidad. Además, el establecimiento demostraba versatilidad al ofrecer también un menú infantil, atendiendo así a las necesidades de las familias.
Aspectos a considerar: las dos caras del fin de semana
Si bien el mesón gozaba de una reputación muy positiva, un análisis equilibrado debe señalar también los aspectos que generaban opiniones encontradas. El punto más recurrente en las críticas constructivas era la diferencia de precio entre la oferta semanal y la del fin de semana. El menú especial de sábado y domingo ascendía a unos 20 euros, un salto considerable respecto a los 10 euros del menú diario. Aunque la calidad se mantenía, algunos clientes consideraban que la relación calidad-precio del menú de diario era superior, lo que podía generar una ligera decepción en quienes lo visitaban por primera vez en fin de semana esperando la misma asequibilidad.
Otro punto de matiz se encontraba en la percepción de la materia prima. Un comensal describió la carne como "muy bien preparada, sin ser excelente", una observación que habla de la honestidad de la cocina: un gran dominio de la parrilla y las técnicas de cocción que sacaban el máximo partido a un buen producto, aunque quizás no siempre fuera de la más alta gama. Las raciones eran consideradas correctas y de tamaño normal, "nada exageradas", lo cual, si bien es adecuado, podría no cumplir las expectativas de quienes buscan en un mesón castellano platos de una abundancia desbordante.
Servicio y ambiente: más allá de la comida
Un factor clave en el éxito de muchos restaurantes es el trato humano, y en este aspecto, La Encomienda solía recibir elogios. Los testimonios destacan un servicio excelente, rápido y eficiente, capaz de atender a los comensales con diligencia incluso en momentos de alta afluencia o al llegar sin reserva previa. Esta profesionalidad contribuía a una experiencia general muy satisfactoria.
El ambiente del local también aportaba un carácter distintivo. La decoración rústica se complementaba con un hilo musical basado en música ligera española de los años 70, un detalle que, según los visitantes, "te transportaba a otras épocas". Este toque nostálgico, junto a la belleza del entorno, hacía de la comida en La Encomienda una experiencia memorable que iba más allá del simple acto de alimentarse.
El legado de un restaurante cerrado
Hoy, Mesón La Encomienda ya no forma parte del paisaje gastronómico de Zamora. Su cierre, según informaciones, se debió a la jubilación de su propietario, y el local ha sido puesto a la venta. Deja tras de sí el recuerdo de un negocio que entendió a la perfección su papel como restaurante de carretera: ofrecer buena cocina tradicional, un servicio eficiente y un lugar agradable para descansar. Fue un referente por sus carnes a la brasa y su asequible menú del día, convirtiéndose en un lugar querido tanto por locales como por viajeros. Aunque ya no es posible visitarlo, su historia sirve como ejemplo de la hostelería clásica castellana, arraigada en el producto y en el buen hacer.